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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2006. Resumen
Un Día Cualquiera -- Capítulo 25"¡Por aquí!" grité, y varias cabezas, vivas y no vivas, se giraron hacia mí. Salí del portal y avancé con seguridad hacia el grupo de muertos más cercano, los que cortaban la retirada, mientras observaba como el grupo de supervivientes se quedaba paralizado. Si no se movían hacia dentro, peor para ellos. Alcé la escopeta y disparé a uno de los zombis, reventándole la cabeza, y acto seguido, disparé hacia otro, está vez con menos fortuna, ya que el disparo le dio en el pecho. Al instante, los supervivientes se despertaron y empezaron a correr hacia la casa. Mi tercer disparo fue más certero, y el no muerto calló al suelo presa de violentas convulsiones, que cesaron en poco tiempo. Bien, quedaban ocho. Miré detrás y vi que todos los supervivientes habían entrado en la casa. Volví a mirar al muerto más cercano y, tomándome mi tiempo en apuntar, disparé y la bala atravesó limpiamente su frente, cayendo instantáneamente al suelo. Los otros muertos se acercaban, pero estaban a suficiente distancia como para darme tiempo a entrar en el portal y atrancar la puerta, así que dejé de hacerme de héroe de película de acción y entre en la casa. Cuando entré los supervivientes retrocedieron con miedo. Sin prestarles atención cerré la puerta, atrancándola con un cubo de basura. Desde luego no era muy resistente, pero me daría tiempo para apostarme en la escalera y disparar conforme fuesen entrando o bien, con un poco de suerte, subir al piso de arriba y disparar hacia la calle. "Subid" dije al grupo. Una de las mujeres pego un grito y empezó a llorar. "Genial" pensé, "una histérica". Uno de los hombres le cogió del brazo y, prácticamente, la arrastró hacia arriba. El resto los siguió, mientras se escuchaban los golpes en la puerta. Yo me quedé a mitad de la escalera, apuntando con la pistola hacia la puerta. Si alguien pasaba, le costaría caro… Un Día Cualquiera -- Capítulo 26¡Crash! El cristal de la puerta se rompió de un golpe propinado por uno de los muertos, pero el metal resistía. Por suerte, los muertos no eran capaces de manipular el pomo, o simplemente no se habían dado cuenta, ya que la puerta no estaba cerrada con llave y abriendo la puerta hubiese sido muy fácil hacer fuerza para reventar el cubo de basura que había puesto para atrancar la puerta. Apunté con el arma y disparé. El zombi que había roto el cristal cayó al suelo con una bala alojada en la cabeza, pero otro le sustituyó. Otro tiro, fallado, y otro más, esta vez mucho más certero, acabaron con otro muerto. Si no me había equivocado, quedaban cinco. El tiempo pasaba despacio mientras iba acabando con los muertos vivientes. Cuatro, tres, dos... cuando el último se desplomó había tenido que recargar la pistola sólo una vez, ya que apuntaba con cuidado, para no desperdiciar balas. Bajé a la entrada y reforcé la puerta apuntalándola con otro cubo de basura. No parecía haber más zombis por la calle, así que subí a ver a la gente que había ayudado.
Al entrar en el piso encontré a uno de los hombres con un machete levantado y con la cara desencajada. Sin duda esperaba ver un muerto viviente... ¿o no? El hombre me dijo nerviosamente que tirase las armas, mientras una de las mujeres salía de un lado con una pistola y me apuntaba. Cuanto gilipollas. Pero eran gilipollas nerviosos y armados, así que lentamente les dije que se tranquilizasen, que estábamos en el mismo bando, mientras dejaba lentamente mis armas en el suelo. El hombre del machete se acercó a recoger las armas. Después me condujeron hacia dentro y cerraron la puerta de la calle. Un Día Cualquiera -- Capítulo 27Estaba en el salón de la casa rodeado del grupo que había salvado de la muerte. Y como agradecimiento, me habían desarmado y atado las manos. El tío del machete me hacía preguntas acerca de donde venía, porque estaba tan armado, porque había pasado esto... Como respuesta, sólo obtenían mi mirada de odio y, de vez en cuando, hablaba para decirles que me soltasen. Habría colaborado con ellos, habría contestado a las preguntas a las que tuviese respuesta, pero... pero al entrar al salón había encontrado a Edgar muerto. Le habían matado. La visión de su cabeza cercenada a sangre fría hizo que no me diese cuenta de como me golpeaban por detrás hasta que caí al suelo. Sin embargo, no me dejaron inconsciente, pero el shock hizo que no me rebelase cuando me ataban. Al salir de mi estado, sólo tenía una rabia asesina. Miraba como hablaban entre ellos, como me preguntaban y como el del machete de vez en cuando se acercaba para pegarme. Sólo parecían estar en contra uno de los hombres, que intentaba parar la locura colectiva, pero que acabó por echar la toalla cuando se vio impotente, y la histérica y el niño, que no hacían más que llorar diciendo que eso no estaba bien. "Vosotros dos... y tú", dije, dirigiéndome a los tres, "iros de aquí. Iros a otra habitación. No tenéis por que presenciar esto". Mi rabia crecía, y no quería que saliesen heridos. El hombre del machete me golpeó la cara mientras me decía que me callase. Mi nariz empezó a gotear sangre, pero no me dolía. No me dolía nada. Esa era mi ventaja. Todo era cuestión de tiempo. Llegó la noche y me dejaron con el otro hombre para que me vigilase. Estaba armado con una escopeta. Malo. Observé al hombre. Tendría cuarenta y tantos y no estaba en demasiada buena forma. También estaba muy nervioso. Bien, hora de empezar el espectáculo. Me quedé quieto, alargando mi cuello y girando mi cabeza ligeramente. Estuve así el tiempo suficiente como para que el hombre me preguntase que qué estaba haciendo. "Escuchar", contesté. "¿Qué escuchas?", preguntó, a lo que contesté que nada. El hombre pareció tranquilizarse cuando volví a intentar dormir. Al cabo de un rato volví ha hacer lo mismo, y cuando me volvió a preguntar contesté que nada, pero esta vez con una voz más dubitativa. Y me volví a intentar dormir, vigilando con los ojos entreabiertos el creciente malestar y nerviosismo del hombre. Sudaba mucho y movía la cabeza intentando escuchar algo. Cuando le vi suficientemente nervioso, volví a abrir los ojos y a escuchar la noche. "¡¿Qué pasa?!" preguntó el hombre, con la cara lívida de miedo. "Nada," contesté yo, "los muertos vienen a reclamar a los vivos". La cara desencajada del hombre y el gritito que profirió reconfortó mi alma. Se levantó de la silla como impulsado por un resorte y se dirigió hacia las habitaciones, para avisar al resto, dejándome sólo en el salón. Jaque... ahora tenía que conseguir el mate. Un Día Cualquiera -- Capítulo 28Me levanté al mismo tiempo que intentaba aflojar las cuerdas de mis muñecas. Paré al ver que cerca de donde montaba guardia el hombre estaba mi equipo. Rápidamente me dirigí allí y, aunque no estaban mis armas, recuperé la navaja que tenía en uno de los bolsillos exteriores de la mochila. Escuchaba discutir en el pasillo, y unos pasos acelerados que se acercaban. Opté por esconderme la navaja como pude y volver a mi sitio. Vi pasar un par de sombras por el pasillo, una de las cuales (el hombre del machete) gritó una orden al hombre gordo, que volvió a la habitación donde me encontraba para seguir vigilándome. Varias ideas de fuga asaltaron mi mente, pero las deseché casi de inmediato. Tenía entre mis manos la vía de escape, y sólo era cuestión de tiempo el aprovecharlo.
Al volver los dos hombres que habían salido a investigar los presuntos ruidos discutieron en voz baja con el hombre gordo, reprendiéndole. De vez en cuando me miraban con cara de odio, pero no se acercaron en ningún momento ni me dijeron palabra alguna. Cuando por fin se fueron me volví a quedar sólo con el hombre gordo, que se acerca hacia mi y me golpeó un par de veces, mientras decía que no volviese a hablar. Después se tranquilizó y, sentándose en el otro extremo de la habitación, acabó toda la guardia con sus ojos clavados en mí. Cuando llegó el relevo, que resulto ser la mujer de la pistola, aproveché un momento que no me miraban para abrir ligeramente la navaja y, arrastrándola hacia el interior de las cuerdas para que no se viese, dispuse la hoja de tal manera que pudiese empezar a rasgar las cuerdas. Últimas noticias cinéfilas |
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