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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006. Resumen
Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 2El avión estaba fuera de lugar en aquel lugar, dando un toque de irrealidad al bosque. Varios árboles yacían rotos alrededor y debajo de los restos, testigos mudos del accidente, mezclados enfermizamente con el fuselaje. Avancé con cautela, como cuando lo descubrí, observando la cola, intacta, donde se veía perfectamente el logotipo de la compañía. Dentro había descubierto cadáveres en bastante buen estado, aunque ningún zombi. Recordé como los había registrado, con bastante miedo, para después sacarlos y amontonarlos, preparándolos para quemarlos en una hoguera.
Seguí avanzando hacía la parte delantera, totalmente destrozada, de la que sólo había podido recuperar trozos de personas, un par de maletas con ropa y poca cosa más. También recuperé la caja negra, cuya cinta había conseguido escuchar y con la que me podría haber hecho una idea de lo que había pasado, pero hablaban en un idioma que ni reconocía ni, por supuesto, entendía. Sólo se entendía una discusión, unas voces nerviosas y como, casi al final de la grabación, los pasajeros empezaban a gritar. Y, al final, se escuchaba, por debajo de los gritos, una risa profunda. Aquello me había puesto los pelos de punta, sobre todo después de escucharlo la segunda vez. Era la risa de uno de los pilotos.
¡GRRÑRR! Un gruñido salió a mi espalda. Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 3Me giré, preparado para enfrentarme a lo desconocido. Delante de mí tenía un lobo. Los lobos habían empezado a bajar de las montañas y recuperaban las zonas que el hombre le había arrebatado. Ya me había enfrentado a alguno, y siempre había conseguido espantarles haciendo ruido con un disparo o bien les había dado esquinazo, pero nunca había dejado que se me acercasen tanto. Y estaba armado sólo con un cuchillo. Estaba en un problema.
El lobo estaba aparentemente solo, pero estaba tan cerca que no podía hacerme con el cuchillo sin miedo a que no me diese tiempo antes de que me atacase, así que no hice ningún movimiento brusco. Estuvimos contemplándonos un rato, midiendo las fuerzas de cada uno. Era una bestia magnífica, un ejemplar enorme y de una belleza increíble. Me mostraba sus afiladamente mortales dientes mientras decidía si atacar o no. Yo miraba fijamente sus ojos, intentando mostrar mi carencia de miedo e imponer mi voluntad a la suya. Si funcionaba en las películas no se porque no iba a poder funcionar en la realidad.
Saltó hacia mi cuello sin previo aviso, y sólo me dio tiempo a apartarme ligeramente a hacia un lado, dejando la dentellada mortal a pocos centímetros de mi cara. Casi al mismo tiempo, contraataque con un puñetazo lanzado con toda mi fuerza al costado del lobo cuando aun estaba cayendo del salto realizado. Esto hizo que el lobo se desplazase en el aire casi un metro y medio, más de lo que esperaba para un bicho tan grande. El lobo parecía sorprendido, y antes de volver a lanzarse volvió a sopesarme. Sin duda, el lobo era viejo, y tenía la suficiente experiencia para saber cuando una presa es fácil y cuando no. Yo por mi parte me quede en mi sitio, observando cual iba a ser su próximo movimiento. El lobo soltó un gruñido bajo y, cuando hubo comprobado que no le iba a atacar si el no me atacaba, se dio la vuelta y se fue por donde había venido. Me quede un rato observándole... Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 4No quería estar más tiempo en aquel lugar. A pesar de estar curtido ya con la muerte, estar al lado de aquel avión me recordaba la fragilidad de la vida. Me alejé encaminando mis pasos hacia el norte.
Llegué hasta la carretera que llevaba al embalse. ¿Me atrevería a subir? También podía bajar hacia el pueblo. Algo en mi mente me dijo que no lo hiciese, que subiese al embalse. Evitando la carretera, pero teniéndola siempre a la vista, comencé a correr por el bosque, en dirección al embalse.
La subida era dura en algunos sitios, sobretodo en los tramos que tenía que escalar para evitar la carretera, aunque llegué a la parte alta sin excesivos problemas. Desde la distancia a la que me encontraba divisaba el valle y el lago artificial. No veía movimiento, así que continué hacia delante.
El paisaje era espectacular; abajo se divisaba el pueblo, escondido entre los árboles y la maleza que empezaba a invadirlo gracias a que no había actividad humana, y el resto del frondoso bosque, con un pedazo sin vegetación, donde se encontraba el avión. Más allá, oculto tras una pequeña montaña, se encontraba mi refugio. Y el paisaje que se divisaba hacia el otro lado no era menos espectacular. Conforme avanzaba, se descubría el lago, cuya superficie reflejaba como un espejo las cimas de las montañas que lo bordeaban, cimas que mostraban ya las primeras nieves del año. El bosque, frondoso y de colores verdes y cobrizos, partía de las orillas hasta las zonas nevadas. Era hermoso, una visión que me impresionó gratamente el primer invierno que descubrí la zona. Un lugar de armonía perfecta, excepto por el campamento. Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 5Allí estaba. En la orilla más septentrional, unas cabañas construidas con diferente maestría -¿había una cabaña nueva?- alrededor de una tosca empalizada me hicieron recordar que debía extremar mis precauciones. En esos momentos echaba de menos llevar una pistola, aunque era mejor así. No quería que un arma de fuego pudiese caer en aquellas manos.
Subí la montaña con pasos lentos y al amparo del bosque, hasta el que se convirtió en mi primer puesto de observación. Entre aquellos matorrales y con la enorme sombra de la montaña encima de mí no producía ningún tipo de reflejo. A pesar de que no era mi intención en un principio subir hasta el lago, como siempre llevaba encima un catalejo lo saqué y observé.
Había un par de embarcaciones en la orilla, una similar a una balsa y otra tenía un aspecto más sofisticado, siendo una especie de catamarán destartalado. Las obras del muelle parecían no haber prosperado, y estaba como la última vez. Más allá estaba la empalizada, de unos tres metros de altura. Las puertas estaban cerradas, pero desde mi posición elevada eso me daba lo mismo para la observación del interior.
Sí había una cabaña más, más grande que las otras. ¿Un salón común? ¿Un almacén? Ya me enteraría. No veía movimiento. Raro, teniendo en cuenta que debía ser las 9 o las 10 de la mañana. De repente se abrió la puerta de la cabaña nueva y vi salir a… ¿Leroy? Si, creo que se llamaba así. Después siguieron saliendo los demás. Mmm… Ana estaba ¿embarazada? ¿de John, quizás? Mala suerte para ella. No era mi problema. Ya no. Ninguno lo era. No después del incidente… Últimas noticias cinéfilas |
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