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Más allá de la encrucijada -- Capítulo 0

¿Donde voy ahora? Llevo huyendo más de un año, desde que empezó esto, mientras me persigue un loco intentando matarme. Este mundo es loco y caótico, y no se como salir de esta maldita pesadilla. Desde que se abrió la grieta y mi capitán mando que cogiese mi equipo y fuésemos a investigar como punta de lanza del ejército la cosa ha ido de mal en peor. Cuando llegamos al otro lado nos encontramos con el infierno y sus habitantes. Los demonios nos atraparon y empezaron a torturarnos vilmente. Malditos sean, malditos sean todos. Por suerte pudimos escapar cuando su brujería falló y se volvió contra ellos. Huimos hacia sus montañas, pero no pudimos escapar de ellos, que nos siguieron y nos fueron matando de uno en uno.

 

Ahora estoy sola, jugando al gato y al ratón con el único superviviente del grupo que mató a mis soldados. No se cuanto puedo aguantar, aunque he conseguido armas de este mundo, más eficaces que las del mío, y al menos se ha nivelado un poco más las cosas y por suerte, los horrores de este mundo han acabado con el resto de asesinos. Pero el que me persigue es implacable. Y ahora me tiene encerrada, dentro de este maldito edificio, apostado en una repisa donde no tengo ángulo de tiro, pero desde la cual me puede disparar nada más verme. Maldita sea, no se como voy a salir de esta.

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24/07/2008 11:23. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 27

Asimilaba todo lo que estaba contando acerca de como había vivido el principio de todo, mezclándose en mi interior sensaciones que iban desde el miedo a la incredulidad. Todos los supervivientes del incidente habíamos vivido historias terribles, pero aquel hombre había vivido más que cualquiera de nosotros. Su tono de voz era monocorde, sin atisbos de emoción, aunque su rictus se torcía y sus ojos se desviaban cuando recordaba el momento de la horrible muerte de Edgar o la ceremonia infernal infestada de muertos vivientes. Cuando acabó su relato se quedó en silencio, para al rato preguntarme sobre mi propia historia. Empecé a contarla a trompicones, desde antes de que sucediese el accidente de avión, contando detalles de mi vida que tampoco veían a cuento: cosas sobre mi vida personal, sobre mi ascenso... finalmente, cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, reconduje la conversación a lo que había vivido después del accidente.

 

Empecé contándolo todo lo relacionado con mi recuperación en la enfermería de la instalación militar subterránea y como conocí a algunos miembros del campamento que él había conocido. Noté como sus ojos se avivaban cuando contaba como nos trataron en la reunión donde casi nos mandan matar y cómo acabé descubriendo que todo había ocurrido a raíz de un experimento con fines militares, fines que, cómo le dije cuando me preguntó, se me escapaban. Lo único que sabía era que algo había salido mal y según lo contado por el jefe del proyecto Nexus, el profesor Kristoff, varias realidades o dimensiones se habían realineado con la nuestra, colisionando y creando una nueva realidad que era en la que estábamos. Seguí contando como de repente nos atacaron por sorpresa los Salvajes y como tuvimos que salir del bunker, no sin pocas víctimas, pero el ya no me atendía. Estaba asimilando la información del experimento fallido. De repente dijo "debo recuperarme, alguien nos debe una explicación", se levantó y se fue hacia dentro de la caverna.

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28/06/2007 09:08. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 26

Al girar el corredor de roca me encontré de cara con Angie y nos quedamos un rato mirándonos. No se que le pasaba a ella por la cabeza, pero a juzgar por su expresión perpleja no debía esperar que me recuperase tan pronto. Yo, por mi parte, debía tener una expresión parecida. Desde luego, entre todos mis posibles salvadores no esperaba ser rescatado por aquella estirada inglesa con la que no había cruzado una sola palabra en mi estancia en el maldito campamento. Desde luego, en la escaramuza de los Salvajes había demostrado tener más redaños que muchos de sus compañeros, pero ¿salir sola en pos de alguien como yo? En fin, la vida me seguía dando sorpresas. Unas dudas más apremiantes asaltaron mi mente y fue lo primero que salió de mi boca:

 

 -¿Cómo has conseguido traerme aquí? ¿Y cómo sabías cual era mi refugio? .- Está última la dije con un tono más amenazador del que quería. Ella dudó durante un breve lapso de tiempo y me preguntó si no me acordaba. Al negar con la cabeza me contó como había salido a buscarme y como había seguido al lobo hasta donde yacía malherido. Tras examinar toscamente mis heridas intentó levantarme un par de veces, hasta que parece ser que recuperé levemente la consciencia y gracias a eso había conseguido levantarme y, según sus propias palabras, arrastrarme siguiendo al lobo hasta la caverna. Luego se entretuvo, más animadamente, a contar como había subido escalando para, una vez arriba, lanzar la cuerda y así poder alzarme gracias a la polea hasta la parte de arriba. Mientras me contaba todo señalaba cosas como la plataforma que usaba para alzar cosas y que usó para alzarme, y yo me dirigí hacia la salida y observé la nada despreciable escalada que había realizado ayudada sólo de sus manos. Más tarde sabría que en sus ratos libres a Angie le gustaban los deportes de riesgo y la escalada en particular, pero entonces me impresionó lo que había hecho para salvarme la vida. Cuando acabó su relato del rescate, y con el lobo sentado en la entrada de la caverna, pues me había seguido, le dije que se sentará y, después de haberle dado las gracias, le empecé a relatar, no se muy bien por que, todos mi verdad e historia, desde mi verdadero nombre (le conté que Niemand significaba Nadie en alemán, como el Nemo de Julio Verne) hasta todo lo que me había pasado desde aquel día que no encontraba a nadie por la calle, poniendo especial hincapié en el asunto de Edgar, el mordisco del zombi, la mujer negra, el francotirador y los sacrificios. Ella asimilaba mi historia bastante bien, aunque en muchos momentos aterrada al imaginarse la situación. Cuando acabé cenamos en silencio, para proseguir con la historia de ella...

 

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20/06/2007 12:12. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 25

Desperté en una cueva. Miré alrededor y me di cuenta de que era  mi cueva. Fui a levantarme, pero me lo pensé mejor y me fijé en mi cuerpo. Estaba desnudo y lleno de magulladuras y vendas. Alguien me había traído hasta aquí y me había vendado, aunque no de forma demasiado profesional. Tampoco importaba, por suerte después del incidente era insensible al dolor y además había descubierto que me curaba más deprisa. También había descubierto que mi fuerza había aumentado casi a un nivel sobrehumano y además poco a poco iba aumentando, al mismo tiempo que mis músculos se endurecían. No podía saberlo, pero creía que de alguna forma aquello que casi me mató en la saliva del zombi había interactuado de alguna forma con mi cuerpo, probablemente a nivel genético incluso, haciendo que mis tejidos se regenerasen más rápido y generando fibras musculares cada vez más densas, aunque visualmente mi masa muscular no había variado significativamente. Desde luego, si este proceso se daba también en los muertos vivientes la próxima vez que me encontrase con uno iba a estar en serios aprietos, aunque, al menos hasta donde sabía gracias a mis visitas al pueblo, los muertos necesitaban comer algo vivo para mantenerse activos, apagándose poco a poco si no conseguían su alimento.

Me levanté sin demasiado esfuerzo y comprobé que ya no respiraba con dificultad. Cogí ropa del arcón que usaba como armario y me vestí sólo con unos pantalones. En la estancia estaban mis armas y, aunque desconfiaba de todo y de todos, decidí no coger ninguna. Quien me hubiese salvado no sería enemigo si me había dejado con mis armas... ¿o sí? Deseché todos mis pensamientos paranoicos y salí de la recámara de la caverna hacia la parte principal. Al salir observé que todo estaba en su sitio con la excepción de un gran lobo echado en el medio del pasillo que llevaba al exterior, lobo que ya había visto y al que me había enfrentado. Sin embargo, ahora parecía tranquilo, y se confirmó mi percepción cuando no hizo ningún tipo de ademán de atacarme. Así que pasé por su lado y me dirigí hacia el exterior...

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12/06/2007 12:14. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 24

El sonido de una rama al quebrarse me sacó del ensimismamiento. Dirigí mi vista hacia el ruido y vi, encima de un pequeño promontorio, a un lobo que me observaba. Sentí que mis piernas se quebraban y empecé a sollozar, esperando que el lobo me atacase. Pero no hizo nada de lo que me esperaba. En lugar de eso, sólo se quedó observándome. Al cabo de un tiempo que se me antojó eterno, el lobo se dio la vuelta y se fue rápidamente. No se que me pasó ni porque lo hice, pero salí detrás de él.

Estaba cansada de correr, pero tenía la certeza de que el lobo me estaba conduciendo a algún lado. De repente vi al lobo parado detrás de una piedra, mirando hacia ella. Me paré un momento y vi como me miraba y luego se apartaba, quedándose a una distancia prudencial de la roca. Tras unos segundos, me acerqué con precaución hacia la roca, descubriendo que detrás de la roca había alguien agonizante a juzgar por el sonido de su respiración. Cuando acabé de rodear la roca me quedé petrificada. Ahí, tumbado en el lecho de roca, estaba Niemand. Con incontables contusiones y heridas, sólo me dirigió una mirada perdida antes de desmayarse. Todo el halo sobrenatural que le acompañaba siempre caía en pedazos al estar en ese estado de indefensión. Tenía que sacarle de allí antes de que viniesen más lobos o cosas peores. Intenté levantarle, pero al ser un peso muerto no pude apenas moverle. Lo volví a intentar, pero sólo conseguí desequilíbrame y estuve a punto de caerme encima de él. Mientras, el lobo observaba mis intentos a una distancia prudencial, pero no parecía nervioso o con ganas de atacarnos. ¿Cómo lograría sacarle de allí?

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05/06/2007 11:46. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 23

La sensación que se palpaba en el aire era una mezcla entre alegría y tristeza. Alegría porque habíamos sobrevivido casi todos; tristeza por no haberlo conseguido todos. Estaba ayudando en las tareas de reparar la empalizada y, al mismo tiempo, vigilaba para que nadie nos atacase por sorpresa. Desde luego, después de la huída de los Salvajes no creía que volviesen en mucho tiempo. Me acordaba como había venido nuestro salvador y, sobretodo, de como se había ido, malherido. A pesar del halo sobrenatural del que se rodeaba, seguramente ya habría caído. Entonces tomé una decisión, me levanté y salí del campamento en pos de aquel héroe, con paso vacilante al principio pero firme conforme me alejaba.

 

No sabía hacia donde encaminarme, pero continúe mi camino hasta llegar a la parte más profunda del bosque. Antes de darme cuenta, estaba perdida en un lugar que se me antojaba lleno de Salvajes huidos. Desde luego, adentrarme sola allí no había sido mi mejor idea. Empecé a correr, no se durante cuanto tiempo, hasta que me tope con los restos del avión donde me estrellé.

 

Ahí estaba, con un aspecto de espeluznante irrealidad que hacía que todo mi vello ser erizase. No lo había visto desde que nos estrellamos. Un torrente de recuerdos invadió mi mente, recuerdos horribles de muerte y llamas. Tan ensimismada estaba que no me di cuenta de que me observaban....

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29/05/2007 09:47. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 22

Cuando estaba lo suficientemente lejos paré un momento para contemplar el amanecer. Los Salvajes supervivientes habrían salido corriendo hacía sus guaridas, así que pude quedarme con relativa tranquilidad admirando el indómito despertar del día. Tenía una pierna rota, unas costillas fracturadas, varios huesos de las manos y quien sabe que daños en órganos internos. Nunca había recibido un castigo tan severo y estaba seguro de que iba a morir. La verdad es que descubrí que realmente no me importaba demasiado. No tenía nada en la vida que me llenase. El misterio que rodeaba a la nueva situación mundo había sido mi motor durante mucho tiempo, pero ya sabía lo suficiente como para que aquello no fuera lo que me alentase todos los días. Morir aquí, apoyado en está piedra mientras los rayos del sol inundan mi cara me parece una buena forma de morir. Me acomodo un poco más, mientras oigo mi trabajosa respiración, pitando por tener perforado un pulmón.

Una forma oscura sale delante de mí y me tapa el sol. Un lobo. Morir devorado no es la mejor forma de morir, pero al menos no me dolerá. El lobo se me queda mirando y le reconozco. Es el lobo con el que me enfrenté en el avión. Parece que se va a cobrar su venganza. Oigo ruido detrás de mí. Seguramente la manada. En ese momento todo se vuelve negro, pero en las sombras creo sentir unas manos encima.

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11/05/2007 09:28. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 21

No podía dejarme matar. No ahora. Había gente que salvar. Con ese pensamiento, me revolví como pude y lancé patadas, haciendo retroceder a los salvajes, que no se esperaban esa reacción, lo suficiente como para poder levantarme. Noté que mi pierna derecha tenía dificultades para tenerme en pie, pero no le hice caso y esperé a que hiciesen su movimiento. El primer salvaje se lanzó con el garrote por encima de su cabeza, mientras el segundo llevo sus brazos atrás para dar el golpe lateralmente desde la izquierda. Tenía mi movimiento claro, así que esperé hasta el último segundo y me aparté lanzándome hacia la izquierda. El garrote siguió la trayectoria y golpeo el aire, mientras el primer salvaje golpeaba hacia abajo y lo único que se encontró fue el garrote de su compañero, que le golpeó con fuerza su brazo derecho. Antes de que pudiese reaccionar, le acuchillé el cuello varias veces. El salvaje se llevó las manos al cuello, pero ya era tarde. El segundo salvaje vio la escena y, consciente sin duda de que su error le había costado la vida a su compañero, se lanzó hacia mi, tan enfurecido y rápido que no me dio tiempo a reaccionar y los dos caímos llevados por su ímpetu. Pero no me había desarmado, así que liberé mi mano y mientras el intentaba morderme y estrangularme, yo le acuchillé repetidas veces el hígado y los riñones, hasta que su vida se apagó de sus ojos, desplomándose encima. Lo aparté y me levanté, lleno de sangre y con varios huesos rotos, preparado para el siguiente combate. Pero el combate había acabado. Los pocos salvajes supervivientes estaban huyendo hacia el bosque. Miré hacia el campamento y vi a varios refugiados de pie y tumbados, todos heridos, algunos graves y alguno muerto. No había miedo en sus caras; había orgullo. Habían luchado contra un enemigo más numeroso y habían vencido. Se habían probado que merecían vivir. Los miré a la cara a todos, a John, a Quentin, a Vanessa, a Angie... me quedé mirándola y ella sonrió. No se por que, pero le devolví la sonrisa, saludé con un gesto desganado al resto del campamento y, girando sobre mis talones como pude, me fui cojeando.

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03/05/2007 09:39. Autor: zordak. #. Tema: El Serial Hay 3 comentarios.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 20

Uno tras otro, los salvajes caían ante mí, aunque pagaba un castigo importante. Los garrotes subían y bajaban golpeándome sin piedad en todo el cuerpo. Probablemente tenía algún hueso roto, pero me daba igual. El ataque zombi que casi me mató hacía ya tanto tiempo me hizo inmune al dolor y al cansancio, así que podía aguantar cualquier herida, por dolorosa que fuese, sin el más mínimo signo de dolor. Aun así, intentaba minimizar el castigo que recibía, ya que seguía siendo mortal. Por el rabillo del ojo veía a los refugiados combatiendo junto a mi, defendiendo su vida con uñas y dientes. Probablemente todos muriésemos antes de ver el amanecer, pero nuestra muerte le saldría cara a los salvajes.

Un garrote golpeó mi hombro derecho lateralmente y un fuerte chasquido del mismo. Intenté cogerle el garrote, pero mi brazo derecho no respondió a la orden de alzarse. Colgaba inerte como un trapo en mi costado. El golpe había roto o sacado el hombro. No me entretuve mucho con ese percance, ya que el salvaje me golpeó otra vez, esta vez en la cabeza. Pero no llegó a impactar, ya que esquivé el golpe agachándome para luego levantarme de un salto y pegándole una patada en el salto que le golpeó en la mandíbula, con tanta buena fortuna que se cortó la lengua y empezó a sangrar como un cerdo, medio grogui. Privado de un brazo y desequilibrado, en lugar de caer de pie después de ejecutar la maniobra caí al suelo. Intenté levantarme, pero antes de darme cuenta tenía a otros dos salvajes encima, golpeándome con garrotes. Noté crujidos por todo mi cuerpo. Me estaban matando y no podía defenderme.

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24/04/2007 09:31. Autor: zordak. #. Tema: El Serial Hay 1 comentario.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 19

El corazón se me salía del pecho cuando le vi cargar con un grito hacia los salvajes, volteando el garrote por encima de su cabeza. Los salvajes reaccionaron cargando también con gritos desordenados. Aunque lo más sorprendente fue cuando vi a algunos refugiados, hombres y mujeres que hasta ese momento habían aceptado morir, cargando y gritando tras aquel asesino, sucio y violento. Entonces, mientras el primer salvaje caía al encontrarse con un garrotazo que le hizo volar dos metros. Recibió un par de golpes, pero avanzaba a través de los salvajes como una perfecta máquina. Los primeros refugiados llegaron a la altura de la batalla y empezaron a luchar como nunca habían luchado hasta ese momento. Y me vi a mi misma corriendo y gritando hacia un salvaje, armada con un machete y lanzando machetazos a diestro y siniestro. Me hirieron en varias ocasiones pero no me importaba. Vi caer a unos cuantos refugiados, pero vi caer a más salvajes. Aun así, no parecía que acabase nunca la batalla. De repente un salvaje apareció de la nada por un lado y se abalanzó encima mío, con tanta fuerza que nos hizo caer a los dos y me dejó desarmada. Por suerte, Quentin me había seguido en la carga y, cogiendo al salvaje por la espalda, lo apartó de mí. Alargué mi mano hacia el machete, lo aferré y asesté una estocada al salvaje en la parte baja del estómago, cortando hacia la derecha con un rápido movimiento que dejó al colgando sus vísceras. Torcí el gesto con repulsión, pero no dudé y continué cortando hasta que el salvaje perdió fuerza y Quentin pudo soltarle. Giré sobre mi misma y vi como se desarrollaba la batalla. Juan estaba en el suelo, con un brazo que parecía roto, pero Vanesa, Carlos y Jim le rodeaban y se enfrentaban a cinco salvajes. Más allá veía a Leroy y Jenny, dando buena cuenta de un salvaje. Pero en cabeza seguía él, luchando contra cuatro salvajes. Estaba lleno de heridas y magulladuras, aguantando y luchando por su vida. Un golpe por detrás, que a cualquiera le hubiese hecho doblarse de dolor, el lo aguantó estoicamente, se giró y, cogiendo con una mano el brazo derecho del salvaje y con la otra el cuello, tiró del brazo con tal fuerza que se lo desencajó del sitio. Otro salvaje le golpeó la cabeza, pero tampoco pareció sentirlo y, antes de que pudiese volver a repetir el golpe, el salvaje estaba caído con el cuello roto. Dios, ¿de qué estaba hecho ese hombre?

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18/04/2007 09:14. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 18

Me miró con aquellos malditos ojos, apenas un segundo, pero fue suficiente para acobardarme. ¡Maldito seas! ¡Sí, soy culpable, hijo de puta!. En toda mi vida como soldado, sólo había otro hombre que era capaz de acobardame como aquel, y ese había sido mi padre. Me había despreciado en mi niñez, ocupado más en su carrera militar que en su familia. Y yo, buscando su aprobación, hice carrera militar también. Aun así, y aunque había conseguido ser el mejor de mi promoción, seguía despreciándome, ya que no había luchado en ninguna guerra. Cuando por fin me hice con el mando del mayor proyecto científico de la historia, mi padre estaba demasiado enfermo como para alegrarse o, lo que es más probable, despreciar donde había llegado. Aunque a lo mejor me hubiese aconsejado que no hiciesemos aquello. ¿Cómo iba a imaginar que acabaría así? Miré a Ana, con nuestro hijo en sus entrañas. Y me sentí como siempre, como una mierda. El hombre no debe jugar a ser dios. Y ahí estaba él, para recordarme lo que había permitido, lo que había hecho, lo que era. Él, siempre con ese aire de superioridad, a pesar de no ser más que un mísero asesino. Da igual que, a posteriori, me enterase de porque Kev y George habían sido sus víctimas. Debería habermelo dicho y hubiesemos llegado a algun acuerdo. Pero no, prefirió tomarse la justicia por su mano. Le odiaba por eso, por tomar decisiones sin tenerme en cuenta, por menospreciarme. Mi único consuelo era que moriría como el resto de nosotros bajo los garrotes de los salvajes. De repente gritó y vi como se lanzaba hacia los salvajes...

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10/04/2007 09:58. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 17

Ahí estaba yo. Sólo ante el peligro. En otro momento hubiese huido o, simplemente, ni se me hubiera ocurrido estar aquí. Pero estaba harto. Harto del campamento, harto de los salvajes, harto de esta lucha sinsentido, harto del mundo. Notaba como la furia subía desde mis entrañas y me pedía sangre fresca. Necesitaba descargar todo lo que llevaba dentro y lo iba ha hacer. Ya no me importaba exterminar a toda la maldita raza de salvajes. Aunque aun podía huir. Miré a los salvajes y vi que estaban como hipnotizados mirándome, sopesando mi fuerza. Observé después a los supervivientes del campamento. Se les veía temblorosos, mirando alternativamente a los salvajes que acababan de entrar y a mi. La mayoría de las miradas dirigidas a mi eran una mezcla de odio y miedo, y las restantes sólo tenían duda y miedo. No merecían el esfuerzo. Malditos locos culpables de todo. Escupí al suelo, sonreí y me dispuse a girarme. En ese momento crucé por segunda vez mi mirada con Angie. Su cara llena de pecas estaba manchada de sangre y sus ojos verdes estaban clavados en los míos. Durante mi estancia en el campamento era una de las que me evitaba por miedo; otros simplemente me despreciaban. Pero esta vez no encontré miedo o desprecio. Sabía que ella no era culpable de nada; no estaba entre los que hicieron esto al mundo. Tampoco me importaba demasiado que fuese o no culpable, eso no iba ha hacer que moviese un dedo por salvarla. Fue su mirada, llena de suplica, el mismo tipo de mirada que tuvo Edgard cuando cayó presa de los zombis, hacia ya tanto tiempo. En ese momento la poca humanidad que me quedaba se revolvió, y me impuso la tarea de salvarla a ella y a los que pudiese. No vería el amanecer, pero me llevaría a todas aquellas aberraciones conmigo. Con un grito de rabia que resonó en el valle, me lancé hacia los salvajes...

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03/04/2007 09:42. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 16

De improviso, las imágenes de mi vida se cortaron cuando le vi. Sólo le había visto una vez así, y eso había sido hacia... ¿un año?. Desvió el golpe mortal dirigido a mi cabeza cogiéndole el brazo con su mano desnuda, una mano que anteriormente empuñaba un cuchillo, cuchillo que ahora atravesaba el cuello del salvaje. Entonces me miró directamente a los ojos durante una fracción de segundo, con esa mirada que te atravesaba el alma. No reaccioné, y sólo pude seguir observando como el giraba sobre si mismo hacia la izquierda y alarga el brazo armado con un garrote. Cuando acabó el giró la cabeza de uno de los salvajes que atacaban a Quentin estalló llenando de sangre y sesos a todo lo que había alrededor, a mi incluida. Escuché a Quentin gritar y me giré hacia el. Estaba caído hecho un ovillo y un salvaje estaba golpeándole en la espalda. Pero el golpeo duró poco, ya que el salvaje de repente se encontró volando, lanzado por nuestro salvador hacia el par de salvajes que se enfrentaban a John y Ana. Frente a nosotros sólo quedaba uno, pero estaba en el suelo malherido por Quentin, así que el pasó por su lado corriendo hacia los salvajes que acababa de derribar. Lanzó una fuerte patada hacia uno de ellos, rompiendo su mandíbula mientras se intentaba levantar; y sin bajar la pierna la lanzó lateralmente golpeando las costillas de otro. Entonces hizo algo que no esperaba. Cogió al que había lanzado antes, aun aturdido, lo levantó sobre su cabeza y lo bajó sobre sus hombros, con tanta fuerza que le rompió la espalda. Después lo lanzó como un si fuese un muñeco de trapo. Miré hacia los lados y vi que los salvajes habían entrado en el campamento. Pero no avanzaban. Todos en el campamento estaban parados, mirando la demostración de fuerza y destreza de aquel hombre. El, por su parte, miraba a los salvajes y a nosotros. Estaba sonriendo.

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27/03/2007 10:43. Autor: zordak. #. Tema: El Serial Hay 1 comentario.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 15

Desperté en una habitación blanca sin ventanas. Estaba encima de una cama de hospital y me dolía todo el cuerpo. Levanté mi brazo izquierdo y noté una punzada de dolor que me recorría el cuerpo. También vi que tenía enganchada una aguja en el brazo con un tubo que llevaba a un goteo. Intenté levantarme, pero el dolor fue tan intenso que caí de nuevo en la cama, exhausta. Al cabo de unos minutos, entró una chica en la sala y me preguntó acerca de mi estado. Después de contestarle y que se presentase como Ana, me contó que era una de las pocas supervivientes del avión y que tenía suerte, que sólo me había roto una costilla. Cuando le pregunté acerca de donde estábamos me dijo que en un lugar seguro. Por la forma en como dijo lo de lugar seguro, le pregunté que de qué tenía que estar seguro. Ana se puso visiblemente nerviosa, musitó algo y salió de la habitación. Durante mi convalecencia no volví a sacar el tema, y a las dos semanas me dejaron salir de la habitación. Iba acompañada por Ana y por un médico, Kristoff, un hombre con aspecto de anciano venerable pero con una gran fuerza en sus movimientos y en sus palabras.

El pasillo no era el de un hospital. Tenía un aspecto parecido, pero los pasillos eran demasiado estrechos y de vez en cuando nos cruzábamos con otras personas con aspecto de doctores y con militares. Algo no iba bien, pero entonces no podía ni imaginar cómo iba de mal todo. Llegué hasta una puerta de metal con una cerradura de tarjeta, pero no pasaron ninguna, sólo se acercó Ana y empujó, abriéndose con un ligero chirrido. Dentro había un grupo de personas discutiendo, algunos vestidos de civil y otros de militar. En la sala, apartados, había otro grupo lleno de heridos. Los reconocí como parte del pasaje que iba conmigo en el avión. Ana me señaló el grupo y me dijo que fuese con ellos. Aquello no pintaba nada bien…

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20/03/2007 13:51. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 14

Me enfrentaba a mi muerte. Eran dos y eran más fuertes. ¿Cómo habíamos llegado a esta situación? Un violento garrotazo me desarmó, y otro me golpeó en la cabeza, tirándome al suelo. Miré hacia mi agresor y le vi con el garrote levantado, a punto de asestar el golpe mortal. En ese momento, mi mente volvió al día en que empezó todo.

Iba en sentada en el avión, dormitando como siempre hacia cuando viajaba. Volvía a mi país después de un viaje de negocios bastante infructuoso y frustrante. Desde que había ascendido a directora comercial, hacia menos de un mes, no había conseguido cerrar ningún trato. Los que me criticaban a mis espaldas cada vez estaban más crecidos. Muchos se opusieron a mi ascenso debido tanto a mi sexo como a mi edad. Creían que una mujer y encima menor de 40 años no sería capaz de desempeñar un cargo tan importante en la corporación. Muchos decían que había sido debido a que había tenido una relación con el vicepresidente. Aquello no era verdad; era muy amiga de William pero el hecho de que fuese gay hacia imposible ningún tipo de relación. Aun así, era consciente que el hecho de ser su amiga pesó para mi nombramiento. Por eso tenía que probarme a mí y al resto que valía para el cargo. Había trabajado realmente duro para llegar, mis pocas y fallidas relaciones amorosas así lo atestiguaban. Pero todo se empezaba a desmoronar con el nuevo fracaso. Súbitamente una turbulencia hizo volar a casi todo el pasaje de sus asientos. Por suerte, debido a mi miedo a volar siempre iba atada con el cinturón, pero aunque no me vi proyectada como el resto de pasajeros, el golpeo me dolió. Los pasajeros estaban bastante maltrechos y sólo yo me di cuenta de que el avión había entrado en barrena, precipitándose hacia el suelo. Miré hacia la ventana y una luz purpúrea me deslumbró, haciéndome apartar la mirada mientras notaba como el piloto intentaba enderezar el aparato, antes de caer inconsciente al golpearme algo en la cabeza.

Al despertar lo primero que percibí fue un fuerte olor a quemado. Abrí el cinturón y me levanté, y al hacerlo fui consciente del alcance de mis heridas. Estaba llena de múltiples cortes superficiales, y me dolían las costillas. El hecho de que me costase respirar me hizo suponer que tenía alguna rota. Avancé aturdida a través del pasillo, pasando por encima de los cadáveres y de algún moribundo. Me gustaría pensar que no ayudé a nadie debido a mi aturdimiento o a mi instinto de supervivencia, pero la verdad es que en aquel momento sólo me importaba mi vida y la de nadie más. Conseguí salir del avión y me di cuenta de que era de noche. Tropecé, cayendo al suelo semiinconsciente, y antes de perder el conocimiento vi como alguien salía del bosque y se acercaba a mí…

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13/03/2007 11:13. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 13

Observé como el salvaje alzaba su garrote y se lanzaba a por mí. Finté a mi adversario haciéndole creer que iba a ir hacia su lado izquierdo, y mientras se recuperaba le acuchillé el costado un par de veces, haciéndole cortes superficiales en las costillas. El salvaje giró hacia mi nueva posición rápidamente y le volví a acuchillar, está vez en la cara. El cuchillo se quedó alojado en su mejilla, lo solté y giré sobre mi mismo como una peonza hacia la izquierda mientras bajaba mi cuerpo y proyectaba mi pierna derecha, golpeándole en el talón derecho y haciéndole caer. Al acabar el giró salté hacia él, flexionando mis piernas al máximo y soltándolas con toda mi fuerza sobre su pecho. Este se hundió con un horrible crujido, lo que le supuso la muerte instantánea. Me aparté de mi adversario y miré hacia el campamento. Alguno de los arqueros supervivientes me había reconocido, aunque no me dijeron nada. Supongo que en momentos críticos cualquier ayuda es bien recibida, aunque sea de un enemigo. Mientras me agachaba para recuperar mi cuchillo, seguí observando como estaba la situación. Las puertas estaban a punto de reventar por las embestidas de los salvajes y por los agujeros asomaban aquellos malditos seres. Me acerqué al grupo de arqueros y les dije que siguiesen lanzando flechas al otro lado de la empalizada, pero no reaccionaron, así que me agaché y recogí un arco de uno de los muertos. Saqué una flecha de la aljaba, la dispuse en el arco, apuntando a un salvaje que asomaba por un agujero en la puerta y disparé. La flecha dio en el blanco aunque no mortalmente, maldiciéndome por no haber practicado más en el bosque. Pero mi acción consiguió hacer reaccionar a los supervivientes, preparándose de nuevo para disparar. No me quedé a ver como disparaban, pues ya tenía nuevos objetivos a mi vista. Un grupito se había colado trepando por el otro lado del campamento y atacaban al grupo que comandaba la defensa. John intentaba proteger a Ana de uno de ellos, mientras Quentin y Angie se enfrentaban a otros cuatro. Con media sonrisa, corrí hacia allí…

08/03/2007 17:46. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 12

Mientras veía como atacaban me seguía preguntando como debía actuar. El instinto de supervivencia insistía para que me fuese, pero realmente quería ayudar, aunque no sabía como. Un salvaje acababa de trepar la empalizada y, antes de llegar al otro lado, caía con una flecha atravesándole la cabeza. Otro había conseguido subir y entrar en el campamento, enarbolando un garrote mientras atacaba a un grupo de arqueros. Estos le lanzaron unas cuantas flechas, pero sólo le alcanzaron un par y ninguna con gravedad. El salvaje lanzó su garrote contra el primer arquero, que interpuso torpemente el arco entre el y su atacante, estallando en mil pedazos al ser golpeado brutalmente por el garrote, aunque al menos consiguió desviar el golpe. Decidí que ya había visto bastante y me levanté con la idea de ir hacia el campamento.

 

No iba a poder ayudarles a vencer a los salvajes, pero al menos intentaría sacar a los que pudiese de la trampa mortal que suponía ahora el campamento. Me dirigí hacía el lado derecho del campamento, donde actualmente había menos salvajes, que estaban demasiado ocupados gritando y atacando como para mirar hacia atrás o escucharme. Llegué hasta detrás de los salvajes y, sacando el cuchillo, cogí al que tenía mas cerca por detrás y le abrí una segunda boca en el cuello antes de que pudiese siquiera actuar. Recogí el garrote que llevaba el muerto y, enarbolándolo con mi mano derecha sobre mi cabeza, descargué un golpe a otro desprevenido salvaje, hundiéndole su amorfa cabeza. Cuando cayó al suelo un par de salvajes se dieron cuenta de que les estaban atacando por la retaguardia, aunque no tuvieron tiempo a dar la voz de alarma. Con mi mano derecha golpeé al salvaje que tenía al alcance en la cara, mientras lanzaba el cuchillo con mi mano izquierda al salvaje más alejado. El cuchillo se clavó en su pecho, aunque sin matarle. De una zancada acorté la distancia que nos separaba y, mientras pasaba a su lado, mi mano recuperó el cuchillo, saliendo de su pecho fácilmente entre borbotones de sangre. Entonces empecé una danza mortal, girando a través de los salvajes lanzando golpes y cortes conforme avanzaba, sin importarme demasiado si me herían o no. Por suerte para mi, apenas tuve un par de alcances en los brazos, mientras ellos, sorprendidos tanto por mi aparición como por mi maniobra, se habían llevado la peor parte. Cuando llegué al lado de la empalizada solté el garrote y salté, asombrándome, como hacía siempre después de mi “enfermedad” ante mis capacidades, cuando llegué con las manos a agarrarme a la parte superior de la empalizada. Tensé los músculos de mis brazos y, haciendo un esfuerzo, me impulsé para pasar por encima de la valla, con tanta fuerza que caí dos metros alejado del muro dentro del campamento, cerca del salvaje que había entrado antes que yo. Me alcé lentamente y….

28/02/2007 12:19. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 11

Era el momento de darse la vuelta e irse a mi refugio, cuando acabasen de pasar por mi lado. Al cabo de unos segundos dejaron de pasar y vi que debían ser al menos cien, sin duda una masacre. Miré hacia el campamento una última vez y vi como empezaban a salir de las cabañas, alterados por lo que oían decir a los vigías, aunque sobretodo, imaginaba, de los gritos proferidos por los salvajes. Se que tenía que irme, pero lo único hacía era quedarme allí quieto, observando todo, con una macabra fascinación.

 

El primer ataque fue repelido sobretodo gracias a la recia empalizada que rodeaba al campamento, impidiendo que los salvajes entrasen dentro. Un grupo de flechas salido desde dentro hirieron a unos cuantos salvajes, pero ninguno de gravedad. Los salvajes, más inteligentes de lo que en un principio se podría pensar, se cubrieron y empezaron a zigzaguear cuando un segundo grupo de flechas cayó encima de ellos, con menos fortuna aún que el primer grupo. Mientras tanto, otro grupo que había permanecido en la retaguardia salió del bosque portando un árbol inmenso, sin duda con la intención de usarlo como ariete. Aquello me sorprendió; en mis encuentros con salvajes nunca habían mostrado esa inteligencia, como si no fuesen capaces de aprender o evolucionar.

 

El ariete golpeó con fuerza la puerta de entrada, que aguantó a duras penas. Otra lluvia de flechas cayó encima de los salvajes que portaban el tronco, consiguiendo matar a un par que enseguida fueron remplazados. El campamento estaba perdido…

07/02/2007 10:07. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 10

Algo pasó cerca de mi y me sacó de mis recuerdos para volver a la realidad. Un enorme salvaje, armado con un garrote tan grande como mi pierna, se deslizaba sigilosamente, cerca de mi posición, hacia el fortín. Parecía que iba a ser un asalto en toda regla al campamento. Por mi derecha distinguí a dos más. Luego, en silencio y lentamente, observé hacia todos los lados y descubrí a un número que oscilaba entre 15 y 20 por la zona donde yo me encontraba. Malo. No tardaría alguno en acercarse a mi posición y mirar para donde yo estaba. Me quedé sin moverme durante un tiempo que se me antojó interminable, maldiciendo mil veces mi falta de previsión al no traer más arma que un cuchillo. Los salvajes siempre atacaban por la noche, así que me tendría que esperar a que empezase el ataque para poder escabullirme. Sólo era cuestión de tener suerte y esperar.

 

Seguí en mi posición, mientras veía como los salvajes se posicionaban. Nunca había visto tantos, de hecho, según lo que me habían contado y mi propia experiencia repeliendo un ataque en el campamento solían atacar en grupos de entre siete y veinte, nunca tantos. En la ladera de la montaña donde me encontraba contaba a treinta, y en las cercanías del campamento había por lo menos quince a cada lado. Era como si de repente varias de las tribus que vivían en las montañas se hubiesen unido para hacer frente a un enemigo común. Y eran demasiados para que el campamento sobreviviese. Por mi perfecto, la mayoría de los del campamento no merecían vivir, aunque… si había gente que lo merecía. Intenté deshacerme de la imagen de Ana, de Leroy, de Gustav, de Angie... devorados por los salvajes. Pero, ¿qué podía hacer yo sin armas? Ni siquiera avisarles les salvaría. No, lo mejor sería irme cuando estuviesen en medio de la batalla. Aunque ello acabaría con lo poco que me quedaba de humanidad. Mientras me debatía en que hacer, las horas pasaban y empezó a caer la noche, el momento perfecto para atacar. Los salvajes empezaron a moverse inquietos y a gruñir, y tras un grito de guerra proferido por el gigante que me había sacado de la ensoñación anteriormente, cargaron hacia el campamento…

15/01/2007 11:52. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno el jardín de La Parca - Capítulo 9

Alcancé la salida cuando ya había bajado el sol y la oscuridad  se adueñaba de todo. Escuchaba a Ana, Fran y Don susurrarme que les sacase mientras observaba agachado a mi alrededor.  Un par de salvajes parecían montar guardia en el primitivo campamento, pero no cerca del agujero. Las construcciones eran poco más que cuatro troncos amontonados y un techo de ramas entrelazadas, y no eran más de diez casas. Agucé mi oído y, después de ignorar los susurros que salían del agujero apremiándome a que les sacase de allí, me puse a escuchar. No parecía que hubiese nadie despierto, a excepción de los guardias, así que empecé a deslizarme sigilosamente en dirección al bosque. Desde lo de Edgar había decidido no volver a  hacerme cargo de nadie, y eso iba a hacer.

 

Una flecha ardiente cruzó el cielo nocturno, impactando en una de las casas de los salvajes. A esa les siguió unas cuantas más y, antes de que nadie pudiese reaccionar, vi como uno de los guardias caía muerto atravesado por una flecha mientras otro era atacado por una sombra que había salido del bosque. Al mismo tiempo, otras sombras salieron alrededor del campamento, corriendo con antorchas e incendiando todas las casas por donde pasaban.  En aquel caos, una de las sombras se dirigió hacia mi enarbolando un garrote. Antes de que pudiese armar su brazo para golpearme, lancé una patada directa a su plexo, lo que hizo que su arma se deslizase de su mano. Cuando el salvaje se recuperó del golpe, ya tenía el garrote en mis manos y observó estúpidamente como le hundía la cabeza con el. Cerca había una de las sombras del bosque, dándome cuenta de que era un ser humano normal y corriente, armado con un machete. No hice ningún ademán amenazante, aunque estaba preparado para atacarle. El me miró y me preguntó donde estaban los otros, a lo que contesté señalando el pozo. Sin dejar de mirarme, llamó a dos personas, Quentin y Leroy, y después de decirme con un tono amenazante que no me moviera, fue hacia el agujero con los otros.

 

El campamento había sido arrasado en menos de cinco minutos y de los habitantes sólo quedaban los muertos, si bien alguno había conseguido escapar. Los atacantes, once personas, se encontraban prácticamente en perfectas condiciones, sólo unos cuantos con heridas superficiales, ya que los salvajes estaban en su mayoría demasiado aturdidos como para poder plantarles cara. Observaba como sacaban a los prisioneros recostado en un árbol. Cuando sacaron a la chica se fundió en un beso con el que parecía el líder, el tipo que me había dicho que no me moviese. Al acabar, y tras hablar un momento, el mayor de los prisioneros, Fran, me localizó y señaló. Las cabezas se giraron y vi como el jefe decía algo y, seguido de los llamados Quentin y Leroy, se dirigió hacia mi…   

11/01/2007 12:50. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 8

Desperté en un campamento de salvajes, en medio de la montaña. Estaba dentro de un tosco agujero, con tres de personas más. En ese momento aún no sabía que se llamaban Don, Ana y Fran. Ahora sólo veía a dos jóvenes de unos 25 años y a un hombre de unos 40, bastante sucios y con la desesperación marcada en sus facciones. En el agujero también había unos huesos humanos y de otras bestias que habían tenido la desgracia de cruzarse con los salvajes. Sin mediar palabra, me dirigí al amasijo de huesos y cogí un fémur en bastantes buenas condiciones, totalmente desprovisto de cualquier resto de carne. Ya tenía un arma, tosca sin duda, pero un arma al fin y al cabo.

 

El sonido de unos pasos chapoteando en el agua y la mierda que tenía como suelo aquel hoyo hizo que me girará, viendo a la mujer acercarse vacilante. Paró cuando vio el hueso en mi mano, aunque siguió mirándome intrigada. Antes de que abriese la boca le pregunté que quien era y que hacia aquí. Ella me contestó en mi idioma, aunque con un fuerte acento extranjero, que se llamaba Ana y que había sido capturada, junto a sus compañeros, por los Salvajes. Al parecer, la comida escaseaba cerca del campamento donde vivía con otros supervivientes y tuvieron que internarse en el territorio de unos seres que llamaban los Salvajes, y los que veía ahora eran los últimos supervivientes de la expedición, y que quedaba poco tiempo antes de que sacasen a otro de la jaula para devorarlo. Luego empezó a preguntar por mi historia, pero di evasivas, concentrado en descubrir una forma de escapar de allí.

 

Era un hoyo de unos cinco metros de profundidad y bastante escarpado, pero no para no poder escalarlo con las manos desnudas, aunque en el proceso era bastante fácil perder alguna uña o caerse, como había pasado ya a Don, como me señaló el mismo cuando pregunté si alguien había intentado escalar por la pared, torciéndose el pie al caer. Sin duda un contratiempo para sacarle de allí, pero no me importaba sacarle, sólo quería salir yo. Después de pensar un breve espacio de tiempo, se me ocurrió usar los huesos más afilados y resistentes para escalar la pared. Cogí unos cuantos y empecé a clavarlos en las grietas y en los puntos más blandos de la pared. A pesar de que muchas veces se resbalan y amenazaban con romperse, escalar la pared fue menos costoso de lo que en principio había parecido. Sólo un esfuerzo más y….

21/12/2006 15:16. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 7

Fui interceptado por el garrotazo de un cuarto que no había visto y que se estrelló contra mi pecho, haciéndome retroceder un par de pasos. El primer atacante se había repuesto del fallo y lanzó un tercer garrotazo hacia mi, esta vez en trayectoria circular desde la derecha. Intercepté su brazo y lancé mi cuerpo hacia atrás, haciéndole perder el equilibrio y poniéndole en la trayectoria del segundo garrotazo del cuarto salvaje. Éste se estrelló en la espalda con mucha fuerza e hizo que mientras uno se estrellaba contra el suelo, el otro mirase perplejo como había fallado. Aproveché la situación y, tras recuperar el equilibrio, lancé un puñetazo a la cara lateralmente, que impacto contra su nariz,  crujiendo al romperse. Un tercer atacante (uno de los que iban con las manos desnudas)   se me abalanzó por el lateral, pero no llegó a tocarme, ya que una patada dirigida al plexo solar le hizo volar, cayendo sin aire. El cuarto, también en plenas facultades, vio mi maniobra y se lo pensó mejor, empezando una maniobra que tenía como finalidad ponerse detrás de mí. Volví  a golpear al de la nariz rota con una patada no demasiado refinada dirigida a su cabeza y  me di la vuelta hacia mi cuarto atacante, mirándole a los ojos mientras pateaba con saña a mi primer atacante, aun en el suelo aturdido por el golpe en la espalda.

 

Entonces pasó, una piedra golpeó mi cabeza y me hizo trastabillar. El cuarto atacante se lanzó encima de mí arrastrándome al suelo con el peso de su cuerpo. Un pie,  salido de algún lado,  se estrelló contra mi boca, haciéndome estallar el labio. A pesar de no sentir dolor, lo siguiente que recuerdo fue una lluvia de golpe y garrotazos, salidos de todos lados, que acabaron por dejarme fuera de combate. En el momento que perdía el sentido, lo único que sentía era paz…

14/12/2006 10:02. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 6

Seguí observando el campamento durante una hora. Era agradable ver actividad humana, después de tanto tiempo sin ver a gente viva. Un movimiento rápido, una sombra en los árboles, distrajo mi atención del campamento. Bajé el catalejo e intenté avistar al oso o el animal que fuese que había captado de soslayo.  Mmm… ahí había algo. Apunté el catalejo hacia la sombra.

 

Lo primero que vi fue la tosca cabeza del Salvaje. Tenía el largo pelo sucio y greñudo, de un color negro. Su rostro no era visible por la posición en la que me encontraba respecto a él, pero eso era algo que agradecí. Me lo imaginaba jadeando, con los ojos inyectados en sangre,  con esa mueca horriblemente desencajada que mostraba todo miembro de esa maldita especie… aunque no era correcto decir que era otra especie. Sin duda, antes habían sido humanos normales, pero algo, posiblemente lo mismo que hizo que los muertos se levantasen, les afectó la mente, convirtiéndoles en seres sin cerebro con el único propósito de matar y comerse a todo ser vivo que se cruzará en su camino.

 

Recordaba la primera vez que los vi, al poco de instalarme en la cueva. Fue en uno de mis primeros paseos matutinos, justo cuando descubrí el avión. Al principio no los descubrí, escondidos como estaban, sin duda alertados de mi poco cuidadoso paso. Mientras examinaba los restos y me encontraba con los cadáveres parcialmente devorados, me asaltaron por detrás. Por suerte, sólo son sigilosos hasta que van a atacar, momento que suelen anunciar con un grito. Gracias a eso, el primero sólo golpeo mi hombro en lugar de hundirme la cabeza con el garrote. Detrás, un segundo y un tercero se abalanzaban con las manos desnudas, tan cegados por las ganas de matar que tropezaron entre ellos. Como hoy, mi única arma era un cuchillo que no me daba tiempo a sacar, así que aprovechando mí adquirida inmunidad al dolor me aparte de un brinco a la derecha mientras el salvaje volvía a descargar, en un torpe movimiento, el garrote donde debía tener la cabeza. Salté hacia delante y…

04/12/2006 10:15. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 5

Allí estaba. En la orilla más septentrional, unas cabañas construidas con diferente maestría  -¿había una cabaña nueva?- alrededor de una tosca empalizada me hicieron recordar que debía extremar mis precauciones. En esos momentos echaba de menos llevar una pistola, aunque era mejor así. No quería que un arma de fuego pudiese caer en aquellas manos.

 

Subí la montaña con pasos lentos y al amparo del bosque, hasta el que se convirtió en mi primer puesto de observación. Entre aquellos matorrales y con la enorme sombra de la montaña encima de mí no producía ningún tipo de reflejo. A pesar de que no era mi intención en un principio subir hasta el lago, como siempre llevaba encima un catalejo lo saqué  y observé.

 

Había un par de embarcaciones en la orilla, una similar a una balsa y otra tenía un aspecto más sofisticado, siendo una especie de catamarán destartalado. Las obras del muelle parecían no haber prosperado, y estaba como la última vez. Más allá estaba la empalizada, de unos tres metros de altura. Las puertas estaban cerradas, pero desde mi posición elevada eso me daba lo mismo para la observación del interior.

 

Sí había una cabaña más, más grande que las otras. ¿Un salón común? ¿Un almacén? Ya me enteraría. No veía movimiento. Raro, teniendo en cuenta que debía ser las 9 o las 10 de la mañana. De repente se abrió la puerta de la cabaña nueva y vi salir a… ¿Leroy?

Si, creo que se llamaba así. Después siguieron saliendo los demás. Mmm… Ana estaba ¿embarazada? ¿de John, quizás? Mala suerte para ella. No era mi problema. Ya no.  Ninguno lo era. No después del incidente…

26/10/2006 06:47. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 4

No quería estar más tiempo en aquel lugar. A pesar de estar curtido ya con la muerte, estar al lado de aquel avión me recordaba la fragilidad de la vida. Me alejé encaminando mis pasos hacia el norte.

 

Llegué hasta la carretera que llevaba al embalse. ¿Me atrevería a subir? También podía bajar hacia el pueblo. Algo en mi mente me dijo que no lo hiciese, que subiese al embalse. Evitando la carretera, pero teniéndola siempre a la vista, comencé a correr por el bosque, en dirección al embalse.

 

La subida era dura en algunos sitios, sobretodo en los tramos que tenía que escalar para evitar la carretera, aunque llegué a la parte alta sin excesivos problemas. Desde la distancia a la que me encontraba divisaba  el valle y el lago artificial. No veía movimiento, así que continué hacia delante.

 

El paisaje era espectacular; abajo se divisaba el pueblo, escondido entre los árboles y la maleza que empezaba a invadirlo gracias a que no había actividad humana,  y el resto del frondoso bosque, con un pedazo sin vegetación, donde se encontraba el avión. Más allá, oculto tras una pequeña montaña, se encontraba mi refugio. Y el paisaje que se divisaba hacia el otro lado no era menos espectacular. Conforme avanzaba, se descubría el lago, cuya superficie reflejaba como un espejo las cimas de las montañas que lo bordeaban, cimas que mostraban ya las primeras nieves del año. El bosque, frondoso y de colores verdes y cobrizos, partía de las orillas hasta las zonas nevadas. Era hermoso, una visión que me impresionó gratamente el primer invierno que descubrí la zona. Un lugar de armonía perfecta, excepto por el campamento.

18/10/2006 12:49. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 3

Me giré, preparado para enfrentarme a lo desconocido. Delante de mí tenía un lobo. Los lobos habían empezado a bajar de las montañas y recuperaban  las zonas que el hombre le había arrebatado. Ya me había enfrentado a alguno, y siempre había conseguido espantarles haciendo ruido con un disparo o bien les había dado esquinazo, pero nunca había dejado que se me acercasen tanto. Y estaba armado sólo con un cuchillo. Estaba en un problema.

 

El lobo estaba aparentemente solo, pero estaba tan cerca que no podía hacerme con el cuchillo sin miedo a que no me diese tiempo antes de que me atacase, así que no hice ningún movimiento brusco. Estuvimos contemplándonos un rato, midiendo las fuerzas de cada uno. Era una bestia magnífica, un ejemplar enorme y de una belleza increíble. Me mostraba sus afiladamente mortales dientes mientras decidía si atacar o no. Yo miraba fijamente sus ojos, intentando mostrar mi carencia de miedo e imponer mi voluntad a la suya. Si funcionaba en las películas no se porque no iba a poder funcionar en la realidad.

 

Saltó hacia mi cuello sin previo aviso, y sólo me dio tiempo a apartarme ligeramente a hacia un lado, dejando la dentellada mortal a pocos centímetros de mi cara. Casi al mismo tiempo, contraataque con un puñetazo lanzado con toda mi fuerza al costado del lobo cuando aun estaba cayendo del salto realizado. Esto hizo que el lobo se desplazase en el aire casi un metro y medio, más de lo que esperaba para un bicho tan grande. El lobo parecía sorprendido, y antes de volver a lanzarse volvió a sopesarme. Sin duda, el lobo era viejo, y tenía la suficiente experiencia para saber cuando una presa es fácil y cuando no. Yo por mi parte me quede en mi sitio, observando cual iba a ser su próximo movimiento. El lobo soltó un gruñido bajo y, cuando hubo comprobado que no le iba a atacar si el no me atacaba, se dio la vuelta y se fue por donde había venido. Me quede un rato observándole...

11/10/2006 15:56. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 2

El avión estaba fuera de lugar en aquel lugar, dando un toque de irrealidad al bosque. Varios árboles yacían rotos alrededor y debajo de los restos, testigos mudos del accidente, mezclados enfermizamente con el fuselaje. Avancé con cautela, como cuando lo descubrí, observando la cola, intacta, donde se veía perfectamente el logotipo de la compañía. Dentro había descubierto cadáveres en bastante buen estado, aunque ningún zombi. Recordé como los había registrado, con bastante miedo, para después sacarlos y amontonarlos, preparándolos para quemarlos en una hoguera.

 

Seguí  avanzando hacía la parte delantera, totalmente destrozada, de la que sólo había podido recuperar trozos de personas, un par de maletas con ropa y poca cosa más. También recuperé la caja negra, cuya cinta había conseguido escuchar y con la que me podría haber hecho una idea de lo que había pasado, pero hablaban en un idioma que ni reconocía ni, por supuesto, entendía. Sólo se entendía una discusión, unas voces nerviosas y como, casi al final de la grabación, los pasajeros empezaban a gritar. Y, al final, se escuchaba, por debajo de los gritos, una risa profunda. Aquello me había puesto los pelos de punta, sobre todo después de escucharlo la segunda vez. Era la risa de uno de los pilotos.

 

¡GRRÑRR! Un gruñido salió a mi espalda.

05/10/2006 13:11. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 1

Durante el tiempo que había transcurrido entre mi huída de la ciudad y el actual sólo me había encontrado con tres muertos vivientes, y los tres estaban encerrados dentro de una habitación, con lo que no me supusieron ninguna amenaza. Al principio tuve el impulso de acabar con ellos, pero lo pensé mejor, y, ya que estaban atrapados, los observaría, para ver tanto su comportamiento como el tiempo que podían durar “vivos”.

 

Los visitaba casi a diario al principio, cuando estaban más activos y al notar mi presencia parecían entrar en frenesí, arañando las paredes, la puerta y el cristal blindado por el que les observaba. La verdad, no se que hacían en ese sitio, porque no estaban dentro de una tienda. Era una habitación grande, con un cristal blindado con una malla metálica por la parte de los muertos y una puerta de metal cerrada a cal y canto. Se englobaba dentro de un laboratorio, donde parecía que experimentaban con algo más que animales. El laboratorio antes debía tener fuertes medidas de seguridad, pero ahora, sin energía, era fácil entrar casi en cualquier sitio.

 

Volví a ser consciente de mi entorno al cabo de unos tres o cuatro kilómetros. Estaba por la zona del avión y, como siempre, todos mis sentidos se pusieron alerta.

27/09/2006 12:55. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 0

El amanecer iluminó mis ojos, abriéndose molestos con la claridad. Al desperezarme noté como mis músculos no protestaban, a pesar del castigo realizado el día anterior. Serrar el árbol, cortarlo, prepararlo y llevarlo al refugio había sido costoso pero, como ya había constatado varias veces, el veneno que aun corría por mis venas me habían hecho casi inmune al dolor, evitándome en aquella ocasión molestas agujetas. Miré a la pared. Había un burdo calendario, confeccionado por mí, y vi el día. Martes. Al levantarme noté el frío entrando por las rendijas. Hoy empezaba el invierno y, sin duda, dentro de poco tiempo caerían las primeras nevadas. Recogí mi ropa y salí al exterior.

 

En el cielo no había nubes, pero hacía bastante frío. Desde la entrada de la cueva miré hacia abajo y vi el corral y el huertecillo. Luego saqué los prismáticos y miré hacia el bosque y el resto de la montaña. Sin novedad. Empecé a descolgarme por la montaña y, cuando llegué al fondo, comprobé como estaban las gallinas, los conejos y el par de cerdos que había conseguido atrapar hacía ya seis meses. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que me levanté aquel fatídico martes? Iba a cumplir mi segundo invierno en la montaña y, aunque al principio fue difícil, había conseguido no sólo sobrevivir sino también prosperar. En la cueva había un pequeño manantial que me abastecía de agua potable y, si bien desde fuera no se veía nada, poco después de la entrada de la misma había construido un muro con ladrillos sacados de casas de campo y el pueblo más cercano, que me aislaba del frío. Para subir los ladrillos, la puerta y cosas como colchones, sillas y demás había ideado un sistema de poleas que me permitía subir el peso y meterlo en la cueva. Es sorprendente como la adversidad agudiza el ingenio.

 

Cogí un par de huevos de las gallinas, les rompí la parte superior y me los bebí sin demasiado entusiasmo, mientras daba de comer a los animales. Cuando acabé la tarea, volví a subir a la cueva y, tras coger un cuchillo, bajé otra vez. Empecé a hacer mis estiramientos diarios y mis ejercicios de calentamiento, y salí a correr por el bosque...

14/09/2006 16:32. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Último Capítulo

Avanzaba por la calle. Hacía unas dos o tres horas que había escapado y estaba en una de las calles principales, muy cerca del centro. Por uno de las calles laterales vi salir a un grupo de muertos. Me preparé para el enfrentamiento, pero no se me acercaron. Parecía que iban en mi misma dirección. Vigilándoles, seguí avanzando. Conforme caminaba veía salir cada vez más muertos de las calles laterales, y todos parecían no verme. Un escalofrío recorrió mi columna, como siempre hacía cuando algo me daba mala espina. Empecé a tener miedo. Y, entonces, vi el muro.

 

Una masa de muertos vivientes taponaba la calle. Estaban de espaldas a mi, pero el espectáculo me dejó absolutamente paralizado. Sólo me despertó de mi aturdimiento un golpetazo en mi hombro, propinado por un muerto que pasó por mi lado, haciendo caso omiso de mi persona. Mi mente volvió a funcionar y, después de buscar con la mirada un portal, me dirigí hacia allí. La puerta estaba cerrada, y como no quería disparar a la cerradura, fui hasta otro portal, y después a otro, hasta que por fin encontré uno que estaba abierto. Entré y subí las escaleras rápidamente, hasta que llegué a la terraza. Abrí la puerta y me dirigí hacía la zona de la terraza que me permitiría ver la calle y posiblemente la plaza. Me asomé y, por segunda vez en el día, me quedé paralizado.

 

La plaza estaba llena de muertos, que se apretaban hacía el centro de la misma. Por las calles laterales llegaban cada vez más muertos. Y la salida del metro estaba colapsada por los muertos que salían del subsuelo. Volví mi vista al centro. Había una figura encima de algún tipo de pedestal. Saqué los prismáticos de mi mochila y miré. Parecía un hombre, pero su larga túnica y la capucha que desde mi posición cubría su rostro hacía imposible adivinar su sexo o si era o no un muerto viviente. Lo que si sabía era que ese encapuchado era quien había atraído a los muertos a su alrededor. ¿Y también a los vivos? Desde el principio había querido ir al centro, y ahora estaba viendo lo que había en el centro. Y no me gustaba. De repente oí unos gritos y vi como unos muertos llevaban a un grupo de personas hacia el encapuchado. Antes de poder reaccionar siquiera, vi como mataba a una de las mujeres del grupo y como, a los pocos segundos, la mujer se levantaba como muerta viviente. Asistí, hipnotizado, al momento en que la mujer, a la orden del encapuchado, mataba y empezaba a devorar a otro de los integrantes del grupo. Era demasiado para mi. Sabía que no podía hacer nada, y sólo quería irme lejos, muy lejos. Abandoné el edificio y empecé a correr, huyendo de la zona.

 

Horas más tarde, en mi camino hacia las afueras de la ciudad, pensaba en lo que había visto y vivido, no sólo en el centro de la ciudad, sino en mi camino al mismo. Y me asaltaban las dudas.  ¿Por qué había edificios caídos y destrozados? ¿Quién me disparo? ¿Quién era la mujer que me salvó? ¿Qué había presenciado en el centro? Entonces no podía imaginar que las respuestas me iban a costar tanto, aunque eso será otra historia...

25/07/2006 11:31. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 29

La mujer me miraba de vez en cuando, pero en ningún momento se dio cuenta del ligero movimiento de mis manos al rasgar lentamente la cuerda. De repente las cuerdas se soltaron, cortadas por la navaja. Intenté mantenerlas en mis muñecas, como si nada hubiera pasado, pero me fue imposible, ya que la cuerda se había deslizado al suelo. Tenía que actuar rápido.

Me levanté rápidamente hacia la mujer, que al darse cuenta de mi movimiento sólo le dio tiempo a boquear cuando atravesé su garganta con la navaja. La tapé la boca mientras con la otra mano la degollaba lentamente, mirándola a los ojos, que incrédulos me devolvían la mirada. Ni siquiera hizo ademán de defenderse mientras se desangraba. Daba sus últimos estertores cuando yo me había rearmado por completo. Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo que había hecho. Había matado a sangre fría a un ser humano. Oleadas de remordimientos acudieron a mi cabeza, y decidí que lo mejor que podía hacer era irme. Siempre he creído en el karma, así que ya recibirían su castigo. Abrí la puerta y me deslicé sigilosamente hacia las escaleras, bajándolas sin hacer ruido alguno. Una vez apartados los cubos que aseguraban la puerta que daba al exterior, me introduje en la noche, oscura como la muerte que acechaba por las calles malditas de la ciudad. Volvía a estar sólo y, francamente, consideraba que estaba mejor así.

05/07/2006 12:57. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 28

Me levanté al mismo tiempo que intentaba aflojar las cuerdas de mis muñecas. Paré al ver que cerca de donde montaba guardia el hombre estaba mi equipo. Rápidamente me dirigí allí y, aunque no estaban mis armas, recuperé la navaja que tenía en uno de los bolsillos exteriores de la mochila. Escuchaba discutir en el pasillo, y unos pasos acelerados que se acercaban. Opté por esconderme la navaja como pude y volver a mi sitio. Vi pasar un par de sombras por el pasillo, una de las cuales (el hombre del machete) gritó una orden al hombre gordo, que volvió a la habitación donde me encontraba para seguir vigilándome. Varias ideas de fuga asaltaron mi mente, pero las deseché casi de inmediato. Tenía entre mis manos la vía de escape, y sólo era cuestión de tiempo el aprovecharlo.

 

Al volver los dos hombres que habían salido a investigar los presuntos ruidos discutieron en voz baja con el hombre gordo, reprendiéndole. De vez en cuando me miraban con cara de odio, pero no se acercaron en ningún momento ni me dijeron palabra alguna. Cuando por fin se fueron me volví a quedar sólo con el hombre gordo, que se acerca hacia mi y me golpeó un par de veces, mientras decía que no volviese a hablar. Después se tranquilizó y, sentándose en el otro extremo de la habitación, acabó toda la guardia con sus ojos clavados en mí. Cuando llegó el relevo, que resulto ser la mujer de la pistola, aproveché un momento que no me miraban para abrir ligeramente la navaja y, arrastrándola hacia el interior de las cuerdas para que no se viese, dispuse la hoja de tal manera que pudiese empezar a rasgar las cuerdas.

27/06/2006 12:49. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 27

Estaba en el salón de la casa rodeado del grupo que había salvado de la muerte. Y como agradecimiento, me habían desarmado y atado las manos. El tío del machete me hacía preguntas acerca de donde venía, porque estaba tan armado, porque había pasado esto... Como respuesta, sólo obtenían mi mirada de odio y, de vez en cuando, hablaba para decirles que me soltasen. Habría colaborado con ellos, habría contestado a las preguntas a las que tuviese respuesta, pero... pero al entrar al salón había encontrado a Edgar muerto. Le habían matado. La visión de su cabeza cercenada a sangre fría hizo que no me diese cuenta de como me golpeaban por detrás hasta que caí al suelo. Sin embargo, no me dejaron inconsciente, pero el shock hizo que no me rebelase cuando me ataban. Al salir de mi estado, sólo tenía una rabia asesina. Miraba como hablaban entre ellos, como me preguntaban y como el del machete de vez en cuando se acercaba para pegarme. Sólo parecían estar en contra uno de los hombres, que intentaba parar la locura colectiva, pero que acabó por echar la toalla cuando se vio impotente, y la histérica y el niño, que no hacían más que llorar diciendo que eso no estaba bien. "Vosotros dos... y tú", dije, dirigiéndome a los tres, "iros de aquí. Iros a otra habitación. No tenéis por que presenciar esto". Mi rabia crecía, y no quería que saliesen heridos. El hombre del machete me golpeó la cara mientras me decía que me callase. Mi nariz empezó a gotear sangre, pero no me dolía. No me dolía nada. Esa era mi ventaja. Todo era cuestión de tiempo.

Llegó la noche y me dejaron con el otro hombre para que me vigilase. Estaba armado con una escopeta. Malo. Observé al hombre. Tendría cuarenta y tantos y no estaba en demasiada buena forma. También estaba muy nervioso. Bien, hora de empezar el espectáculo. Me quedé quieto, alargando mi cuello y girando mi cabeza ligeramente. Estuve así el tiempo suficiente como para que el hombre me preguntase que qué estaba haciendo. "Escuchar", contesté. "¿Qué escuchas?", preguntó, a lo que contesté que nada. El hombre pareció tranquilizarse cuando volví a intentar dormir. Al cabo de un rato volví ha hacer lo mismo, y cuando me volvió a preguntar contesté que nada, pero esta vez con una voz más dubitativa. Y me volví a intentar dormir, vigilando con los ojos entreabiertos el creciente malestar y nerviosismo del hombre. Sudaba mucho y movía la cabeza intentando escuchar algo. Cuando le vi suficientemente nervioso, volví a abrir los ojos y a escuchar la noche. "¡¿Qué pasa?!" preguntó el hombre, con la cara lívida de miedo. "Nada," contesté yo, "los muertos vienen a reclamar a los vivos". La cara desencajada del hombre y el gritito que profirió reconfortó mi alma. Se levantó de la silla como impulsado por un resorte y se dirigió hacia las habitaciones, para avisar al resto, dejándome sólo en el salón. Jaque... ahora tenía que conseguir el mate.

20/06/2006 15:19. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 26

¡Crash! El cristal de la puerta se rompió de un golpe propinado por uno de los muertos, pero el metal resistía. Por suerte, los muertos no eran capaces de manipular el pomo, o simplemente no se habían dado cuenta, ya que la puerta no estaba cerrada con llave y abriendo la puerta hubiese sido muy fácil hacer fuerza para reventar el cubo de basura que había puesto para atrancar la puerta. Apunté con el arma y disparé. El zombi que había roto el cristal cayó al suelo con una bala alojada en la cabeza, pero otro le sustituyó. Otro tiro, fallado, y otro más, esta vez mucho más certero,  acabaron con otro muerto. Si no me había equivocado, quedaban cinco. El tiempo pasaba despacio mientras iba acabando con los muertos vivientes. Cuatro, tres, dos... cuando el último se desplomó había tenido que recargar la pistola sólo una vez, ya que apuntaba con cuidado, para no desperdiciar balas. Bajé a la entrada y reforcé la puerta apuntalándola con otro cubo de basura. No parecía haber más zombis por la calle, así que subí a ver a la gente que había ayudado.

 

Al entrar en el piso encontré a uno de los hombres con un machete levantado y con la cara desencajada. Sin duda esperaba ver un muerto viviente... ¿o no? El hombre me dijo nerviosamente que tirase las armas, mientras una de las mujeres salía de un lado con una pistola y me apuntaba. Cuanto gilipollas. Pero eran gilipollas nerviosos y armados, así que lentamente les dije que se tranquilizasen, que estábamos en el mismo bando, mientras dejaba lentamente mis armas en el suelo. El hombre del machete se acercó a recoger las armas. Después me condujeron hacia dentro y cerraron la puerta de la calle.  

12/06/2006 11:05. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 25

"¡Por aquí!" grité, y varias cabezas, vivas y no vivas, se giraron hacia mí. Salí del portal y avancé con seguridad hacia el grupo de muertos más cercano, los que cortaban la retirada, mientras observaba como el grupo de supervivientes se quedaba paralizado. Si no se movían hacia dentro, peor para ellos. Alcé la escopeta y disparé a uno de los zombis, reventándole la cabeza, y acto seguido, disparé hacia otro, está vez con menos fortuna, ya que el disparo le dio en el pecho. Al instante, los supervivientes se despertaron y empezaron a correr hacia la casa. Mi tercer disparo fue más certero, y el no muerto calló al suelo presa de violentas convulsiones, que cesaron en poco tiempo. Bien, quedaban ocho. Miré detrás y vi que todos los supervivientes habían entrado en la casa. Volví a mirar al muerto más cercano y, tomándome mi tiempo en apuntar, disparé y la bala atravesó limpiamente su frente, cayendo instantáneamente al suelo. Los otros muertos se acercaban, pero estaban a suficiente distancia como para darme tiempo a entrar en el portal y atrancar la puerta, así que dejé de hacerme de héroe de película de acción y entre en la casa.

Cuando entré los supervivientes retrocedieron con miedo. Sin prestarles atención cerré la puerta, atrancándola con un cubo de basura. Desde luego no era muy resistente, pero me daría tiempo para apostarme en la escalera y disparar conforme fuesen entrando o bien, con un poco de suerte, subir al piso de arriba y disparar hacia la calle. "Subid" dije al grupo. Una de las mujeres pego un grito y empezó a llorar. "Genial" pensé, "una histérica". Uno de los hombres le cogió del brazo y, prácticamente, la arrastró hacia arriba. El resto los siguió, mientras se escuchaban los golpes en la puerta. Yo me quedé a mitad de la escalera, apuntando con la pistola hacia la puerta. Si alguien pasaba, le costaría caro…
01/06/2006 12:04. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 24

Edgar estaba en un estado febril y deliraba mientras lo arrastraba hacia un portal. La puerta estaba cerrada, así que saqué la pistola y le pegué un tiro en la cerradura. A pesar de lo que sale en las películas, la puerta siguió cerrada, así que me dirigí a otro portal y este si que lo encontré abierto. Cerré la puerta a mi paso y subí hasta el primer piso. Disparé a la cerradura y esta vez si conseguí inutilizarla. Dejé a Edgar en la puerta y, con la pistola en la mano, me introduje en el piso para explorarlo. No encontré nada, así que volví a por Edgar y le llevé hasta una cama. Luego me dirigí al baño en busca del botiquín, llené una palangana con agua y empecé a hacer lo que podía y sabía para intentar curar o aliviar a Edgar, angustiado por mi incapacidad para hacer algo más. El brazo está en su totalidad negruzco. Y hacia poco pensaba que no eran más que simples arañazos. Sin duda, lo muertos deben tener algún tipo de virus, bacteria o toxina que, a modo de veneno, va matando lentamente. ¿Cómo se cura un veneno?

¿Oía ruidos en la calle? Eran... gritos.  Me acerqué a una ventana y me asomé con cuidado. En la  calle había un grupo de personas corriendo, armados con palos, huyendo de un grupo de muertos. Por un momento pensé en esconderme, pero en lugar de eso cogí la escopeta y bajé rápidamente a la calle. Cuando bajé por las escaleras hoy un grito, y al salir a la calle me di cuenta de que era porque por el lado de la calle por el que intentaban escapar estaba cerrado por tres cadáveres andantes. Desde el portal miré al grupo de vivos, eran seis, dos mujeres, tres hombres y un niño, a los tres zombis que tapaban la retirada y a los siete que les perseguían. "Bueno," pensé "empieza la fiesta"...

23/05/2006 11:17. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 23

Tenía las llaves en el contacto, así que las cogí y abrí el maletero. Por suerte, pasó como en las películas, y tenía una escopeta en su interior. Cogí la escopeta, los cartuchos y lo que buscaba en un principio, el botiquín, y, tras darle la escopeta a Edgar, nos fuimos hacia un portal y allí le hice una cura mejor de la que le había hecho en un principio. Cuando acabé de vendarle el brazo, que estaba adoptando una coloración negro-azulada que no me gustaba nada, seguimos nuestra marcha. Por el plano estábamos cerca del centro.


Empecé a pensar en la batalla que habíamos tenido, mejor dicho, en el hecho de que no me doliesen los golpes. Miré mi pecho y vi como se había formado un enorme moratón. Lo toqué, y aunque sentí como lo tocaba, no me dolía. ¿Me había vuelto insensible al dolor? Pellizqué una de mis mejillas. Nada, notaba mis manos y mi cara, pero por más que retorcía la carne, lo máximo que lograba era una ligera molestia. ¿Un efecto secundario del mordisco que había sufrido?. Quizá me había medio zombificado, y eso me hacía insensible al dolor. Y al cansancio. Caí en el hecho de que durante la pelea no me había quedado sin resuello en ningún momento. Bueno, sin duda en un mundo tan peligroso había salido ganando con el cambio. De repente escuché un ruido detrás de mí. Me giré y vi a Edgar, caído en el suelo y temblando...

17/05/2006 10:13. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 22

Avanzábamos por las calles a paso lento, ya que a Edgar le dolía cada vez más el brazo. Aún así, insistía en seguir con nuestra marcha, más por cobardía que por valentía, ya que de vez en cuando miraba hacia detrás con miedo. Se notaba que quería alejarse del lugar donde habíamos sufrido el ataque. A mí no se me iba de la cabeza los ojos del muerto con el que había luchado. Me preocupaba el hecho de enfrentarme a zombis inteligentes, capaces de manipular objetos y hacer emboscadas. ¿Podría ser algún tipo de proceso evolutivo? ¿O una mutación? Una idea se formó en mi mente. ¿Y si era parte de un grupo, quizás un experimento fallido que diese como resultado seres capaces de propagar un virus que convirtiese a la gente en zombis? ¿Algo con fines militares?

Un ruido a mi derecha me sacó de mis pensamientos. Un apestoso tambaleante con traje de policía se acercaba hacia nuestra posición. Edgar se puso nervioso y apuntó hacia el muerto, pero yo le frené. No sabía si los muertos tenían unos sentidos análogos a los nuestros, pero no quería que la detonación de la pistola se oyese por toda la manzana. "No hay que despertar a los muertos", dije a Edgar a modo de explicación. Saqué la katana y me acerqué al cadáver andante, despachándolo con un par de tajos. "Se está haciendo cada vez más fácil", pensé con cierta tristeza, al comprobar la destreza que había adquirido para matar. Un poco más lejos del policía había un coche y, después de desabrocharle el cinturón con la cartuchera y dárselo a Edgar, me dirigí hacia el vehículo.

10/05/2006 13:54. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 21

Vuelo por el aire. Me estrello en el suelo. La katana se desliza de mi mano y se aleja un par de metros de mi lado. ¿Qué me ha golpeado? Miro hacia el lugar donde estaba antes y veo a un ser de al menos dos metros de altura. En sus manos lleva un trozo de madera, y la balancea mientras se acerca hacia mí. Por su posición me ha desplazado unos dos metros. Esta muerto, pero no parece un muerto normal. Sus movimientos son más suaves y rápidos. Y sus ojos, su mirada, parecen poseer un brillo de inteligencia. Se abalanza hacia mí mientras levanta el palo por encima de su cabeza, para bajarlo con fuerza descomunal hacia mi posición. Por suerte, ya no estoy cuando el golpe hace que el palo se rompa contra el suelo. En mi mano ya sujeto la katana y miro de soslayo a Edgar. Parece que ha conseguido zafarse del zombi y ha recuperado la pistola. ¡ZHOOSSH! Esquivo el arma astillada de mi adversario, que pasa a pocos centímetros de mi cabeza y lanzo una estocada a su cuerpo. Sajo carne, pero no le para lo más mínimo y con su mano libre me golpea en la cara. El golpe me hace trastabillar, pero no siento dolor y vuelvo a lanzar otro golpe, esta vez a la pierna. Corto todos los músculos y tendones, lo que hace que tropiece y pierda ligeramente el equilibrio durante unos segundos, tiempo que le resulta mortal, ya que cuando se recupera mi espada atraviesa su mandíbula y sigue su camino hasta su cerebro. Me mira con sus ojos brillando de odio, antes de apagarse cuando deslizo mi arma fuera de su cráneo. Miro hacia Edgar. Sostiene su pistola temblando. Ha acabado con el muerto que le amenazaba, pero veo su brazo destrozado por los mordiscos y me pregunto si podrá continuar la marcha.

Intento tranquilizar a Edgar, que se pone a llorar, y empiezo a curarle el brazo de la mejor manera que puedo. Al final consigo pararle la hemorragia, y hago que se levante. La herida es menos grave de lo que parecía el principio, sólo son desgarros superficiales, y el golpe que había recibido parece que no ha roto nada, así que en cuanto Edgar se ve con fuerzas continuamos el viaje. Por mi parte tampoco tengo roto nada y los golpes no me han producido dolor alguno, lo cual me resulta muy extraño.

04/05/2006 09:25. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 20

Habríamos pasado unos 20 minutos comiendo, así que, sino teníamos ningún contratiempo, llegaríamos antes de que anocheciese al centro. ¿Y luego qué? Esa pregunta asalto mi mente. La respuesta era que no tenía respuesta. Ya no sabía porque iba hacia el centro. Sólo sabía que el impulso inicial lo seguía teniendo. Edgar agarró mi camiseta, haciéndome girar. Le miré a los ojos y vi que no me miraba. Seguí su mirada hacia el lado izquierdo de la calle y vi la entrada de un garaje. En ella había cinco muertos, dirigiéndose hacia nosotros. Estaban a unos seis metros y no se movían a mucha velocidad; caminando rápido los podíamos dejar atrás sin demasiada dificultad. De repente algo paso por mi derecha. Era Edgar, que había empezado a correr, presa del pánico. Empecé a correr tras él, gritándole que se tranquilizase. Súbitamente, vi un cuerpo volar delante de mí.

Edgar está volando, su cuerpo desmadejado por un impacto tremendo. Sigo su trayectoria hasta verle caer a los pies de los muertos vivientes. Joder. Le están rodeando. Con el rabillo del ojo veo un movimiento en mi derecha. Algo, lo que ha enviado a Edgar a los muertos, acecha en el portal. Vuelvo a centrar mi atención en Edgar. El golpe le ha dejado semiinconsciente. Los muertos se empiezan a agachar para darse un festín. Noto el peso de la escopeta en las manos y un martilleo mi cabeza. ¡BANG! Los cañones humean delante de mi. Más allá un zombi decapitado cae al suelo. Me acercó hacia el resto y cae otro muerto viviente, con el cráneo explotando como una sandía madura al caer al suelo. Quedan tres. Estoy al lado de uno de los zombis, le golpeo con mi cuerpo aprovechando el impulso para apartarle y disparo a bocajarro a otro. A pesar de la distancia falló el disparo y le vuelo su brazo derecho. El martilleo de la cabeza se intensifica y empieza a ser doloroso. Un segundo de distracción es suficiente para que el tercer zombi muerda el brazo derecho de Edgar. No me atrevo a dispararle, así que suelto la escopeta mientras mi mano izquierda desenfunda el wakizashi. Siento el pútrido aliento del muerto que he apartado detrás de mí así que me giro hacia la derecha mientras levanto mi pierna buscando su cabeza. Me sorprendo al encontrarla y acabo el movimiento circular lanzando mi mano izquierda con la espada empuñada a través del cuello del no muerto. Oigo como cae su cabeza al suelo, pero ya estoy centrado en el muerto que mordisquea el brazo de Edgar. Con un movimiento desde arriba atravieso limpiamente se cráneo y dejo el arma trabada. Queda el último, que me golpea con el brazo sano. Apenas noto el golpe mientras flexiono las piernas y me agacho ligeramente, para acto seguido lanzar mi cuerpo como un resorte hacia delante, golpeándole en el pecho y haciéndole caer desplazado hacia atrás. Saco la katana y ¡TUMB!...
28/04/2006 08:04. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 19

Avanzábamos sin pausa a buen ritmo. Yo abría la marcha con la escopeta en los brazos, con Edgar detrás mirando hacia los lados y hacia atrás nerviosamente. Íbamos por el centro de las calles, blancos perfectos para francotiradores pero menos perfectos para muertos agazapados en portales. Ya no lloviznaba, pero las nubes seguían siendo tan densas como recordaba. Edgar de repente me cogío del brazo y señaló hacia un lado de la calle. Allí había un par de muertos andantes caminando en la misma dirección que íbamos nosotros. Me giré y le dije que se tranquilizase, y señalé hacia una calle lateral. Rodearíamos a los muertos. No tenía ganas de ningún enfrentamiento, y unos disparos en una ciudad tan silenciosa se oirían a bastante distancia.

Nos encaminamos sigilosamente por la calle lateral, vigilando de reojo que los muertos no nos oyesen o viesen. Cuando los perdí de vista parecía que no nos hubiesen detectado, así que suspiré aliviado y tras decir a mi compañero que había pasado el peligro, seguimos avanzando, está vez callejeando por calles más estrechas. Cada poco tiempo revisaba el mapa. Realmente era una vuelta más grande de lo que esperaba, pero bueno, media hora más de viaje me parecía un precio aceptable por evitar una confrontación. Cuando tuvimos hambre paramos un momento delante de una tienda de comestibles china y, tras comprobar que no había peligro, entramos a comer y beber algo. Llevaba provisiones, pero prefería guardarlas para cuando las necesitásemos. Mientras comíamos le di a Edgar una de las pistolas y un par de cargadores, así como unas nociones básicas basadas en mi corta experiencia con las armas de fuego. A él se le iluminaron los ojos cuando se vio armado, seguramente al sentirse más seguro. Estuvimos hablando un poco, mejor dicho, yo hablé y el escribió, enterándome así que era ecuatoriano y que había tenido una experiencia parecida a la mía, pero al revés que yo el se había escondido en un supermercado, y allí seguiría si no fuese porque un día le encontraron unos muertos y, aunque al principio no pudieron entrar, al final se reunieron muchos y consiguieron echar la puerta abajo. Edgar consiguió huir subiendo al tejado y saltando a un edificio contiguo, armado con un bate de béisbol. Eso había sido hacia tres días, y desde entonces se había enfrentado a un par de muertos, el último de los cuales había sido poco antes de haberme encontrado. Cuando acabé de leer su historia le dije que debíamos irnos ya, así que nos levantamos, cogí unos paquetes de chicles y seguimos nuestro camino.

19/04/2006 09:30. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 18

Desperté pronto, al amanecer. Me desperecé y, tras comprobar mi equipo, salí de la sala y de la comisaría. Seguía nublado, y caía una llovizna que apenas mojaba. No había muertos en la calle, así que con tranquilidad empecé a caminar en dirección al centro.

Llevaba un buen rato caminando, habiéndome parado sólo a reponer mis víveres y a desayunar unos bollos que aun no se habían puesto malos, cuando de pronto escuché algo que se acercaba por una calle lateral. Me quedé quieto y apunté hacia la esquina con la escopeta. Esperé. Una sombra se perfiló en la esquina. Noté como todo mi cuerpo se tensaba y como se me aceleraba la respiración. La sombra se disipó y vi a un chaval de unos 16 años, que llevaba una camiseta con salpicaduras de sangre y un bate de béisbol en su mano derecha, cuyas manchas de color rojo oscuro daban muestras de que había sido utilizado. Al verme se asustó visiblemente, soltando el bate y levantando las manos. Desde luego, pensé, encontrarse en medio de aquel infierno a un tipo como yo, un arsenal andante con la ropa llena de sangre. Le dije que se tranquilizase, que no le iba a hacer nada malo, y el me dio la callada como respuesta. Lentamente, cogió algo de una riñonera que llevaba y lo sacó con cuidado. Era un cuaderno. Empezó a escribir algo y cuando acabó, me lanzó la libreta por el suelo. Sin perder en ningún momento de vista al chaval, me agaché y recogí la libreta con una mano, mientras con la otra aguantaba la escopeta apuntándole. Levanté la libreta a la altura de los ojos y empecé a leer. "Me llamó Edgar y soy mudo. Déjame seguir, por favor". Bajé la libreta y me acerqué a él. Edgar se estremeció, pero al ver que bajaba el arma y le tendía la libreta se tranquilizó. Luego le dije mi nombre y le invité a seguir conmigo. Edgar sonrió, con una sonrisa sincera y realmente alegre, y, tras recoger el bate, me siguió en mi periplo hacia el centro de la ciudad.

10/04/2006 14:21. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 17

Le golpeé con fuerza, con un movimiento de arriba a abajo con la culata de la pistola, hundiéndole parte de la frente. El monstruo no se frenó lo más mínimo, pero había conseguido poner el brazo izquierdo a la altura de su pecho y empujé con fuerza, haciéndole retroceder un par de pasos, dándome tiempo suficiente para apuntarle a la cabeza y disparar. La bala se introdujo por un costado de la nariz y, entre las sombras, me pareció que su nuca explotaba al salir por detrás. El zombi dio un paso hacia delante y, de repente, se desplomó. Me empezó a doler la cabeza, sin duda por la adrenalina. Recogí la linterna del suelo y me fijé en resto de la sala. Aparte del muerto encerrado, no había nada más en la sala. Volví a dirigir la luz al prisionero. Posiblemente, había sido víctima del policía muerto viviente, que le habría devorado parcialmente las piernas. Era un ser patético, y decidí acabar con sus sufrimientos. Apunté el arma a su cabeza y disparé. Fue un tiro limpio y preciso, consiguiendo dejará de moverse instantáneamente. El dolor de cabeza se intensificó, y, medio mareado, decidí que ya había pasado demasiado tiempo en esa comisaría.

Al salir a la calle vi que estaba anocheciendo. No quería estar de noche por las calles, así que volví a entrar en la comisaría, atranqué la puerta de entrada y exploré todas las habitaciones para evitar desagradables sorpresas mientras durmiese. El dolor de cabeza había remitido, y no había nadie ni nada más que yo en aquel lugar, así que, después de unas cuantas vueltas, me dormí sentado en la silla del comisario.
04/04/2006 11:46. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 16

Me disponía a salir cuando un ruido erizó mi cabello. Había alguien. Era un ruido casi imperceptible y lejano, pero me dispuse a investigarlo. Quité el seguro a la escopeta y me deslicé sigilosamente fuera de la armería, con el arma apuntada hacia el pasillo. Poco a poco, fui rastreando el ruido hasta llegar a una habitación con puerta reforzada que ponía calabozo. Me asomé por la ventana reforzada, pero no vi nada. Estaba totalmente oscuro, así que puse el seguro en la escopeta y saque la pistola, ya que necesitaba una mano libre para empuñar la linterna que saqué de la mochila.

Abrí la puerta con precaución, sorprendiéndome el hecho de que estuviese abierta sin llave, y apunté con la linterna dentro de la oscuridad que se cernía sobre mí mientras me adentraba en los calabozos. De repente el halo de luz apunto a un ser absolutamente repulsivo que en otro tiempo fue un vivo. Ahora, ante mi tenía un muerto viviente con la cara rasgada y supurante de una bilis de color pálido, que se arrastraba por la celda con sujeto por la fuerza de sus brazos, ya que sus piernas estaban totalmente destrozadas, con trozos de carne arrancados... en ese momento me di cuenta de que no estábamos solos. Me giré lanzándome a un lado con velocidad, y la linterna iluminó a otro muerto vestido de policía que había estado a punto de sorprenderme. Disparé y el retroceso elevo mi mano más de lo que esperaba, evitando que hiciese un segundo tiro cuando el muerto se abalanzó encima de mí...

29/03/2006 10:57. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 15

Identifiqué la calle y, tras revisar el callejero, me di cuenta de que estaba cerca de donde había caído, así que me dirigí a la calle principal para proseguir mi camino hacia el centro de la ciudad. En mi camino me encontré con algún muerto viviente, pero estaba a la suficiente distancia como para no suponerme ningún peligro. Cuando estaba a punto de llegar a la calle principal, me di cuenta de que en una de las calles secundarias por las que había cruzado había una comisaría de policía y me animé al pensar que allí encontraría armas de fuego de verdad.

 
Me dirigí hacia allí con cierta precaución, ya que me vino a la mente una imagen del francotirador que me había abatido días antes. Entré por la puerta de la comisaría mientras desenvainaba la katana, paseándola nerviosamente de un lado a otro conforme iba avanzando por los pasillos en dirección a la santa bárbara. Este nerviosismo en el que me encontraba se redujo considerablemente cuando me encontré con el polvorín donde habían, alineadas, una serie de armas de fuego entre las que se encontraban pistolas y escopetas. Rompí los cierres y cogí un par de pistolas y una escopeta, así como varias cajas de munición. Me sentí un poco decepcionado al ver que sólo había ese armamento, esperando quizás que fuese como en las películas americanas, donde entrabas en una comisaría y prácticamente encontrabas de todo. Cargué la escopeta y las pistolas, una de las cuales me puse colgando a un lado de mi cadera, al modo de los pistoleros del Salvaje Oeste, y la otra la guardé en un bolsillo de la mochila. Por último, cogí la escopeta y me dispuse a salir fuera, con el arma apoyada sobre mi brazo y su empuñadura asida firmemente por mi derecha, como acunándola...

22/03/2006 13:03. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 14

Bajé las escaleras que me llevaría de nuevo a la pesadilla, escuchando el sonido de mis pasos. Las piernas ya no me molestaban, sólo el hombro. Entonces caí en el hecho de que, cuando había examinado la herida de mis gemelos, parecía haber recibido un tajo limpio, preciso. Me paré en el rellano del primer piso y volví a fijarme en las heridas. Al desvendarme me di cuenta de que la herida era transversal, bajándome la trayectoria desde el gemelo derecho al izquierdo en un ángulo... no era la herida de un zombi, ni de un cuchillo. Aquello parecía hecho con una bala, milimétricamente disparada para producir el efecto que me produjo. Un francotirador, disparándome desde un primer piso o un bajo. Alguien desquiciado que quizás llevase tiempo siguiéndome, jugando a un enfermizo juego del gato y el ratón. Y no me había rematado, había dejado que los zombis me comiesen. Una oscura idea se formó en mi mente.

Había sido ella. Evidentemente su aspecto no era de nada conocido, quizás hubiese sido en su época un ser humano, pero ahora alguna extraña radiación o agente químico la había mutado, convirtiéndola en un monstruo sádico que se divertía persiguiendo a los supervivientes que quedasen. Pero si era así, ¿por qué me había curado? ¿Arrepentimiento? ¿No quería perder a su "juguete"? No tenía sentido. Sin embargo... si fuese otra cosa... ¿y si no estaban jugando conmigo? ¿Y si, simplemente, había estado en el sitio más inoportuno en el momento más equivocado? ¿En medio de una guerra privada? Si era así mi agresor me habría disparado para evitar que le pillasen, esperando que mi samaritana decidiese cambiar su orden de prioridades para salvarme a mí. Esto último, aunque rebuscado, tenía sentido. Por eso, una vez que hubiese visto que me podía valer por mi mismo y que estaba fuera de peligro decidió irse a seguir con su cacería. Mmm... a pesar de que al final me quedé con la última reflexión, decidí no bajar la guardia si me la volvía a encontrar (cosa que dudaba que volviese a suceder).

Llegué a la puerta de la calle y, tras abrirla con cierto temor, salí a la calle, desolada y vacía de vida, como el resto de la ciudad.

09/03/2006 09:14. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 13

Entré en el salón y no había nadie. Busqué por el resto del piso, pero mi misteriosa sanadora no estaba. Recogí mis cosas y me senté en el sillón, esperando que apareciese. Se hizo de noche y no sólo no apareció nadie, sino que el dolor en el hombro se agudizó hasta hacerse casi insorportable. Sin duda, había desaparecido también de mis venas las drogas que mitigaban el dolor. Revisé mi herida, que había evolucionado de un cráter negruzco y supurante ha una herida normal, la limpié como pude y esperé. Esperé hasta que el dolor remitió y entonces me quedé dormido.

Al día siguiente nada había cambiado; seguía sin aparecer nadie, aunque yo me encontraba mucho más fuerte que el día anterior. Reflexioné mientras comía los restos de comida que quedaban por la cocina y decidí que no podía seguir esperando. Dispuse mis armas por el cuerpo, y me deshice de casí todas las demás cosas, excepto el mapa, los prismáticos y un mechero. Cuando me dispuse a salir un espejo en el armario del recibidor me devolvió una imagen alienada de mi mismo. Allí estaba yo, con unos pantalones vaqueros sucios y rotos por la zona de los gemelos, una camiseta aun más rota y llena de sangre por el lado izquierdo, y colgando por la espalda y por mis costados, un daisho, el machete en la pantorrilla y las armas de aire comprimido... necesitaba algún arma de fuego de verdad. Tiré la armas de mentira y salí a la calle otra vez, dispuesto a enfrentarme de nuevo con el apocalipsis... 
28/02/2006 12:45. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 12

¿Negra? En ese momento no me fijé en el arma, sólo vi que era negra. Totalmente negra, con el cabello blanco. Entonces vi el arma. Me apuntaba con una pistola. Estaba nerviosa, así que levanté las manos lentamente, mientras decía que se tranquilizase. Ella me miraba sin articular palabra, con el tembloroso cañón apuntándome. Intenté no hacer ningún movimiento brusco cuando me dio una punzada de dolor el hombro, pero la mueca que se dibujó en mi rostro debió tener un efecto tranquilizador, ya que la mujer empezó a bajar la pistola. Entonces el dolor aumento y volví a ver todo negro.

Cuando me volví a despertar, estaba otra vez en la cama y era totalmente de día. No podría decir cuanto tiempo había pasado, pero el dolor era menor y el vendaje había sido cambiado. No me volvería a levantar, así que dije un "hola" en voz alta, rozando el grito. Era obvio que quien fuese que me había vendado no quería hacerme daño, así que me relajé mientras esperaba que viniese alguien. Y entonces entró ella. No lo había soñado, era una mujer joven de piel negra. Mejor dicho, ahora que la veía con más luz, su tono de piel era más un púrpura muy oscuro, como sangre seca. Su cabello era totalmente blanco y cuando me miró me di cuenta de que sus ojos eran de color rojo. Evidentemente, no era un ser de este mundo, o, al menos, del mundo que yo conocía.
Entonces le dije un "hola, que tal" o una chorrada así. Ella no me contestó, solamente me miró con sus extraños ojos rojos y se sentó a mi lado. Llevaba una camiseta demasiado grande para su cuerpo menudo. A pesar de eso, debía ser fuerte, porque me había arrastrado a la cama. ¿O no estaba sola? Me sacó de mis ensoñaciones el tacto de su mano en mi hombro herido, obligándome a tumbarme. Mientras retiraba la venda para examinar mi herida intentaba hablar con ella, pero lo máximo que conseguí fue que me mandase callar poniendo el dedo en su labios. Mi herida quedó al descubierto, vi como sonreía, recogía una gasa que había encima de la mesilla y empezaba a limpiarme la herida, sacando una cantidad increíble de pus al presionarme un poco. Siguió limpiándome y luego me volvió a vendar. Después se levantó y, justo antes de salir, se volvió hacia mí y me dijo "descansa" con una voz que se me antojó como la más musical que había escuchado jamás.

Durante varios días la rutina fue siempre la misma, pero ella no volvió a hablarme ningún día más, hasta que un día tuve fuerzas suficientes y me levanté, dirigiéndome al salón.

21/02/2006 16:06. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 11

¿Estoy muerto? Veo luz. De repente me veo con mi cara pegada en un muro. La luz es rojiza y estoy de pie. Ya no me duele la pierna. Despego mi cara y me giró. Estoy en la ciudad, los edificios parecen haber sufrido bombardeos. Oigo a gente correr, pero no veo a nadie. También oigo gritos y lloros. Miro hacia el cielo y veo nubes bajas y rojas. De repente miro a la calle y veo a una mujer corriendo con un niño en brazos y una niña a su lado. Están aterrorizados. Los intento llamar, pero antes de articular palabra una esfera amarilla surge a su alrededor y comienzan a elevarse. Miro hacia el cielo como suben y entonces me doy cuenta de que hay más esferas que se elevan hacia el cielo. Todas parecen llevar gente, y se les ve feliz, como aliviados. Poco a poco desaparecen todos entre las nubes rojas. ¿Por qué no me llevan con ellos? ¿Por qué me quedo en un mundo desierto? Algo se acerca, algo grande...

Me despierto. ¿Cuanto tiempo ha pasado? Estoy en una habitación, en una cama. Por la luz debe ser casi de noche. Me toco el hombro y descubro que lo tengo vendado. Las piernas me duelen, así que miro mis gemelos y veo que también están vendados. Parece que no soy el único superviviente. Intento levantarme, y me da un latigazo el hombro. Me doblo de dolor. ¿Cómo puede doler tanto? Entonces me acuerdo del muerto y de su mordisco. Si es como las películas, me tendría que convertir en zombi. Un mordisco y estás muerto. Intento despejar esa idea de mi mente y me levantó no sin dolor. El hombro arde y siento mil punzadas en los gemelos mientras me acerco a la puerta de la habitación. Abro con todo el sigilo posible y salgo de la habitación con los sentidos alerta. Oigo a alguien canturrear en otra habitación. ¿Una chica? Sigo caminando mientras aguzo el oído. Parece que no se ha dado cuenta. Está en la siguiente habitación, así que sigo caminado renqueante hacia allá.

Entro y veo que hay alguien sentado en un sofá. Está de espaldas y sólo veo su cabeza. Miró hacia un lado y veo mi equipo encima de una mesa. Doy un paso en su dirección, pero hago ruido y ella deja de canturrear, se levanta y ...
14/02/2006 13:37. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 10

¿Qué había pasado de verdad? Era una visión apocalíptica. La avenida estaba quebrada, con una enorme grieta, recorriéndola como un río por su cauce. A los lados habían coches, tumbados, torcidos o incluso incrustados contra los edificios, con señales de haber ardido. De hecho, había señales de fuego en muchos lados. Pero lo peor no fue eso.

Lo peor fue cuando levanté la vista. Los edificios de la avenida, que habían sido los más famosos y altos de la ciudad, ahora estaban en ruinas, como quemados, dejando sólo la estructura. Esos los que quedaban en pie. Algunos se habían derrumbado, colapsados cuando la estructura dañada no había podido soportar su propio peso.

Estaba en el suelo. No me había dado cuenta, pero mis rodillas me habían fallado y estaba en el suelo. Tarde un tiempo que se me hizo eterno en levantarme. ¿La impresión había hecho que me cayese? Noté algo caliente deslizándose por mis piernas. Me toqué. Sangre. ¿Mi sangre? Darme la vuelta. No había nadie. Arrastrarme detrás de un coche. No oía nada. No bajar la guardia.

¿Quien me había atacado? ¿Qué me había atacado? No bajar la guardia. Examinar la herida. Los dos gemelos desgarrados, aunque la herida no era profunda. No bajar la guardia. Herir lo suficiente para hacerme caer. ¿Un ..juego? ¿La sombra que había visto cerca de la casa de mi novia?. No bajar la guardia. Perdía sangre. ¡Me cago en la puta!¡Cabrón!. Sacar vendas. Parar la hemorragia. No bajar la guardia. Un movimiento...no, el viento. Primera herida vendada. Otro ruido. ¿Alguien corriendo?. No bajar la guardia. Segunda herida vendada. No puedo levantarme. Lo vuelvo a intentar. No oigo nada. Desenvaino el machete. Huelo a podrido. No bajar la guardia. Unos pies arrastrándose. Lento, demasiado lento. No me ha atacado un zombi. Pero se acerca. ¿Huelen la sangre? No lo había visto antes. He bajado la guardia. ¡Mierda! Necesito levantarme. Animo. El dolor significa que estás vivo. Venga, capullo, levántate. No volveré a bajar la guardia. Si vivo. Lo tengo encima. Creía que estaba más lejos. Estoy de pie. No puedo correr. Me enfrento al podrido. Está más descompuesto que los anteriores. Golpeo. Pierdo el equilibrio y el machete. Estoy otra vez en el suelo. Una mano podrida me aferra. Es fuerte. Acerca su boca a mi cuello. Mi mano izquierda tantea el suelo.

¡El machete! Lanzo un machetazo. Corto un cacho de carne. No es suficiente. Me muerde. Duele. Duele demasiado. Vuelvo a golpear. Me suelta. Me mira con sus ojos muertos y el machete clavado en la cabeza. Cae. Recojo el machete y el resto de mis cosas. Me levantó y me voy. Intento correr pero no puedo. Camino durante un tiempo. Pierdo sangre. Duele. Caigo. Voy a morir.
07/02/2006 09:29. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 9

Caminaba por calles muertas. Avenidas, otrora populosas, ahora estaban vacías de gente, con coches vacíos parados en medio de la calzada. Como en la carretera cercana a mi casa. Esta vez no intenté entrar y poner en marcha ningún coche ¿Para qué? Sabía que no iba a arrancar.
De vez en cuando veía algo moverse por el rabillo del ojo y algún muerto caminando, pero los evitaba sin problemas. Había dejado de llover, aunque el día seguía del mismo color gris plomizo y se había levantado un aire que hacía volar hojas de periódicos y bolsas de plástico.
Era una escena desoladora; los periódicos volando, el deportivo vacío, la calle desierta, el muerto que se asomaba por una esquina, el coche tumbado... ¿el coche tumbado? Empecé a correr hacia allí. Era el único coche que parecía haber sufrido algún accidente. Quizás allí hubiese pistas de los que había pasado.


Estaba al final de la calle, que daba a la avenida principal, la columna vertebral de la ciudad. Al llegar a su altura me di cuenta de que las ruedas estaban reventadas. Dentro no había nadie, aunque había mucha sangre seca y...¡Un brazo! Había un brazo seccionado, cortado seguramente por un trozo del parabrisas.


Examiné un poco más el interior del coche, aunque el hecho de tener que agacharme para buscar las cosas consiguió que le pusiese poca atención. No tenía ganas de que un zombi me atacase por la espalda. La idea hizo que un escalofrío me recorriese la espalda y me girase rápidamente.


Nada. Evidentemente, no había nadie. Me reí de mi paranoia, y seguí examinando el coche por fuera. No veía nada especial, aunque claro, yo no soy el CSI, así que seguí mi camino y llegué a la avenida principal. Dios mío...

30/01/2006 16:51. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 8

Delante de mí había otro ser muerto, otro zombi. Era un hombre vestido con mono y chaleco reflectante, sin duda un trabajador de unas obras cercanas. Su cara sin vida estaba deformada en una horrible mueca, y unos pegotes de sangre seca en su cabeza revelaban una fea herida que quizás le hubiesen causado la muerte... en caso de estar vivo.

 

El ser me miró con sus ojos blancuzcos y, después de soltar un gemido, se abalanzó hacia mí. Abalanzar no es la palabra adecuada, ya que su movilidad era bastante limitada y una persona andando a un ritmo normal se movería más rápido. A pesar de eso, no me confié y desenfundé la katana. Era un buen momento para probar el filo y lancé un fuerte golpe al cuello cuando estuvo a mi alcancé, decapitándole de un sólo tajo.

 

El muerto dejo de moverse y cayó al suelo pesadamente con un ruido seco. Mmm... por mucho que salga en las películas, es muy difícil decapitar a una persona de un sólo golpe. Sin duda, los muertos, por alguna extraña razón, eran más blandos, más frágiles. ¿Un efecto secundario de la zombificación? No lo sabía, y tampoco iba a perder más tiempo, así que salí del centro comercial pensando hacía donde podría ir.

 

Por una parte podría ir hacia las afueras, buscar una montaña y esperar, intentando vivir de la caza. No, no lo haría. Al menos, no ahora, sin saber si había más gente como yo, más supervivientes. Con esta idea en la cabeza, cogí el plano y me dirigí hacia el centro de la ciudad...

25/01/2006 09:57. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 7

Cuando me recuperé de la impresión examiné el cuerpo y cogí la porra que llevaba. No creía que fuese a ser muy útil, pero era reconfortante tener un arma en las manos. Una idea me vino a la mente. Necesitaba armas. Armas de fuego o cortantes. Con ese pensamiento salí de la tienda.

Sólo encontré una tienda que pudiese tener algo que me fuese útil. Era una tienda donde vendían diversos objetos, entre ellos armas de fogueo y espadas. Por suerte, no tenía persiana metálica, aunque la puerta estaba cerrada, así que busqué algún objeto pesado para romper la puerta de cristal. Otra vez encontré como aliado a un extintor y, utilizando todas mis fuerzas, lo lancé contra la puerta. Esperaba que rebotase, pero en lugar de eso la puerta se rompió en pedacitos que se desmoronaron como granizo.

¡TRIIIIIIIIIIIIIING! ¡La alarma! No había caído en ese detalle. Un pensamiento me vino a la cabeza: ¿Los muertos escuchan? Azuzado por esta idea, me introduje con velocidad en la tienda. Empecé a buscar rápidamente con la vista objetos que me sirviesen, posándose mis ojos en las espadas. Sabía que la mayoría servían más como garrotes que como espadas, pero quizás las katanas que se exhibían pudiesen serme de más utilidad. Cogí el daisho que me parecía más aceptable (el wakizashi hasta parecía afilado) y me puse a buscar entre las armas de aire comprimido. Evidentemente no eran armas de verdad, pero al menos podrían servirme para aturdir o para dar el pego. Fui fijándome en las que parecían tener mayor potencia y al final cogí un subfusil y una escopeta, y, después de coger unos prismáticos y un machete que me até en la pantorrilla, salí de la tienda.

Una vez fuera me dirijí hacia la puerta de salida del centro comercial, pero antes vi que me esperaba una desagradable sorpresa...

16/01/2006 11:40. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 6

Un maniquí se abalanzó encima de mí. Me zafé con un giro brusco de mi cuerpo y mi agresor cayó pesadamente al suelo. Di un paso atrás mientras observaba lo que me había atacado. Parecía una mujer, por las ropas una vigilante de seguridad. Empecé a hablar, a decirlo que se tranquilizase y que sentía haber entrado. Sin embargo, algo en mi cabeza me decía que no bajase la guardia. La mujer se intentaba incorporar con movimientos lentos y rígidos, sin decir palabra alguna. Esa lentitud al moverse permitió que la observase con más atención. El pelo estaba sucio y enmarañado, y no permitía ver sus facciones. Sus manos... dios... sus manos eran azuladas. Me quedé observando esas manos mientras se levantaba. Y entonces vi su rostro.

Aquel rostro, en otro tiempo se adivinaba bello, ahora tenía la mandíbula desencajada en una horrible mueca. Su piel era del mismo tono blanco azulado de las manos y sus ojos me miraban sin brillo de inteligencia o vida. Salí de mi estupefacción cuando el ser levantó sus rígidos brazos y comenzó a avanzar. Busqué algo para defenderme y sólo encontré un extintor, que arranqué de la pared y usé, a modo de maza, golpeando la cabeza de la mujer cuando estaba a punto de alcanzarme. El ser cayó nuevamente al suelo, pero más por la fuerza que por el daño, ya que nada más caer empezó a levantarse. Agarré mi improvisada arma con más fuerza y, con un movimiento de arriba abajo en el que aproveché el peso de mi cuerpo, le golpeé con la base del extintor en la cara, escuchando un crujido muy fuerte cuando los huesos de su cara se quebraron. Ella siguió moviéndose torpemente, así que seguí aplicando toda la fuerza que podía desarrollar en la cabeza medio rota, hasta que no pude hacer más y empecé a golpearla en la cara frenéticamente, escuchando el golpeteo del extintor y los huesos rompiéndose en una especie de niebla roja que nublaba mi mente y me hacía ver todo muy lejano.

Cuando mi cabeza se despejó dejé caer el extintor y me dejé caer al suelo. Estaba sentado, mirando los pedazos de la cabeza de aquel ser...aquel zombi. ¿Estaba en medio de una película? Esto no podía estar pasando. Acababa de matar a un ser salido de una película de Romero. ¿Qué había pasado mientras estaba dormido? ¿Seguía dormido? Tras unos momentos de incertidumbre, mi mente se aclaró. Los zombis no existen, no hay muertos vivientes. Probablemente algún tipo de agente químico o biológico que había alterado a aquella mujer y por alguna razón yo era inmune. Quizás ese agente me había afectado haciéndome entrar en coma. Eso era lo lógico. Y posiblemente a otras personas no les afectó de ninguna forma o menos que a mí y fueron evacuados por el ejército. Fuera lo que fuera, lo que tenía claro es que estaba en una situación peligrosa...
13/12/2005 16:25. Autor: zordak. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 5

Las puertas de cristal estaban entreabiertas. Mirando por precaución, entré en el centro comercial a un paso más acelerado del que me hubiese gustado. Dentro no había nadie y la mayoría de las tiendas estaban cerradas, pero las más grandes permanecían abiertas, así que fui al hipermercado a buscar un callejero y, quizás, alguna cosa más.

 

Ver todo tan vacío de actividad daba miedo. Tras coger el callejero, me dirigí hacia la zona donde esperaba encontrar linternas, ya que, si bien hasta el momento parecía haber electricidad, tenía la impresión de que sólo era cuestión de tiempo que los generadores y las centrales dejasen de funcionar si, como parecía, no había gente para mantenerlas. También cogí una mochila, un par de cuadernos, en uno de los cuales estoy escribiendo ahora, unos bolígrafos, comida, una botella de agua, pilas, una cámara de fotos y toda una serie de artículos de supervivencia(cerillas, mechero, navaja, un botiquín, etc). Cuando acabé me dirigí hacia la farmacia y cogí una serie de medicamentos. Una vez pertrechado y después de comer alguna cosa, salí de allí en dirección al centro de la ciudad. Entonces vi el zapato.

 

Delante de mí había un zapato solitario... lleno de sangre. O al menos, parecía sangre. Al lado, un rastro de sangre. Me agaché y toqué la sangre. Seca. Levanté los ojos siguiendo el rastro hacia una tienda de ropa. Suspiré y, armándome de valor, me dirigí hacia allí. Entré lentamente, mirando hacia los lados. Estaba extrañamente tranquilo, aunque eso era algo que siempre me había pasado cuando estaba en medio de una situación peligrosa. Aunque claro, en ese momento no sabía nada de lo que me iba a ocurrir, pero lo intuía. Avanzaba entre la ropa y los maniquíes cuando...
25/11/2005 12:17. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 4

Era imposible. Nadie se pasa una semana durmiendo a no ser que caiga en coma. Definitivamente, aquello desafiaba toda comprensión. ¿Qué había pasado?¿Qué me había inducido en ese sueño? Y entonces... verán, siempre tuve un sentido especial, un auténtico sexto sentido, que me avisaba cuando alguien me estaba observando o cuando estaba a punto de pasarme algo violento. No era nada especial, al fin y al cabo, siempre creí que la mayoría de las personas tenían algo parecido, pero en cada persona se manifestaba de forma diferente. En mi caso era un desagradable escalofrío, justo como el que me estaba recorriendo ahora la espalda en dirección al cuello, haciendo temblar mi cuerpo. Mi cuerpo se tensó y, lentamente, me di la vuelta...

 

No había nadie. ¿Me estaba volviendo paranoico? Probablemente. La situación desde luego era para volverse. De repente, una sombra se movió por el rabillo de mi ojo derecho. Me giré y... nada. Joder, algo se había movido, pero no lo había visto. Agucé el oído y no escuché nada, sólo la lluvia y mi respiración entrecortada. La tensión me había fatigado. Un momento... ¿eso era una pisada? Sí, y ahora otra. Algo se movía por la zona donde miraba, aunque aun no veía nada. Quizás por detrás de la esquina.

 

Sin esperarme a ver que salía, me fui corriendo por la calle en sentido contrario. Escuchando el chapotear de mis pasos, me quité las gafas para poder ver y giré por la primera calle que encontré, en dirección a la M-30. Una vez allí decidí ir al centro comercial, para buscar un callejero con el que orientarme en una ciudad en la que era relativamente nuevo. Si tenía suerte tendría las puertas abiertas y podría entrar, sino romper los cristales sería más fácil que romper un cierre blindado como el que me encontraría en cualquier otra tienda. Seguí corriendo hasta que lo vi, y entonces reduje el ritmo mientras me acercaba...
10/11/2005 12:00. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 3

Estaba en la calle, que seguía de ese color gris tan característico de la antesala a las tormentas. Chispeaba gotas finas, gotas que se amontonaban en mis gafas dificultándome la visión mientras corría calle arriba en dirección a la carretera de la playa. La calle seguía desierta, y eso no hizo más que aumentar mi desasosiego.

Llegué a la carretera, y me encontré con un panorama de película apocalíptica. Los pocos coches que había estaban parados, sin tener las puertas abiertas ni muestras de haber chocado, solamente estaban ahí, parados, como aparcados en medio de la carretera. Me acerqué con precaución al coche más cercano y miré dentro. Nada. No había nada ni nadie. Mirando hacia los lados, intenté entrar en el coche y comprobé que estaba abierto. Abierto y con las llaves puestas en el contacto. Examiné el coche, intentando buscar no sabía que, y cuando me di por vencido me senté en el asiento del conductor e intenté arrancarlo. Nada. Giraba la llave y no hacia contacto; de hecho ni siquiera sonaba ese sonido característico del motor de contacto.

Después de un rato pensando en nada sentado en aquel coche inútil, salí y me dirigí, está vez lentamente, como hechizado por lo que estaba viendo y viviendo, hacía mi objetivo, la casa de mi novia. Así, seguí caminando entre los pocos coches y vi un autobús, vacío como el resto, y calles sin gente...

¡CRASHOOOM! El sonido de un trueno me hizo despertar, asustado, de la nube en la que estaba. Empezó a llover con más fuerza, y aceleré el paso. Cuando por fin llegué al edificio, llamé al interfono, consciente de que no iba a recibir ninguna respuesta. Al otro lado no contestaba nadie. Llamé un par de veces más antes de darme por vencido. Volví a mirar mi móvil y entonces me di cuenta...una semana. Había pasado una semana durmiendo...

04/11/2005 11:54. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 2

Nieve. Clicaba insistentemente en la barra que pasaba de un canal a otro pero sólo había la nieve característica de cuando no se recibe señal alguna. Volví a mirar el móvil, nervioso, que seguía sin cobertura. Un escalofrío recorrió mi columna hasta la base del cráneo ¿Qué cojones estaba pasando? En ese momento escuche un sonido. Al principio no supe identificarlo, pero parecía salir de la habitación de Pedro, uno de mis compañeros de piso. Era un sonido insistente como… como… ¿a qué me recordaba? Me levanté lentamente de la silla, evitando hacer ruido, mientras con mi mano izquierda apretaba, por un acto puramente reflejo, el ALT F4 que apagaría el ordenador. Confirmando la acción con el INTRO, escuchando otra vez el ruido, salí de mi habitación con todos los sentidos alerta. Es curioso como nos ponemos alerta cuando algo nos estremece, desarrollando una capacidad sensitiva extraordinaria que en condiciones normales no tenemos. Gracias a esto identifique enseguida el sonido que antes se me resistía.

Era un golpe no demasiado fuerte, seguido de una especie de ¿rasgadura? Me acerqué con precaución a la puerta… ¡pum!¡rrrrrrrrrs! Retrocedí un poco precipitadamente, golpeando con mi espalda al armario empotrado del pasillo…¡PUM!¡RRRRRRRS! El golpe sonó más fuerte, y la rasgadura parecía hecha con más fuerza. Armándome de valor me acerqué otra vez a la puerta y susurré - ¿Pasa algo?¿Necesitas ayuda?- De repente se pararon los ruidos.

¡¡CRASH!! El sonido de la tabla de la puerta astillándose por la parte que daba a la habitación hizo que se apoderase de mí un miedo irracional. No esperé ni al siguiente golpe ni a respuesta alguna y, después de cerrar mi habitación de un portazo, salí corriendo de aquella casa totalmente aterrorizado. Y en mi mente un pensamiento, ir a casa de mi media naranja…
14/10/2005 19:13. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 1

Una vez en el exterior esperé hasta que el móvil volviese a tener cobertura, mirando alternativamente al móvil y hacia los lados. En la calle sólo estaba el borracho, caído en el suelo y sin moverse, sumido en un sueño profundo...¡Cobertura! Aprete el dos del móvil, empezándose a marcar, con ese sonido tan característico, el número de mí media naranja. Me acerqué el auricular a mi oreja, sólo para oir el característico "El móvil al que está llamando está apagado o fuera de cobertura". "Bueno" pensé, "estará durmiendo". Con este pensamiento me dirigí hacia mi casa. A lo mejor en la tele o en el teletexto decían algo de la huelga.

Por la calle seguía sin haber nadie y, sin saber muy bien por que, empecé a inquietarme. No pasaba ni un coche y sólo oía el viento haciendo sonar las hojas de los árboles y el sónido rítmico del golpear de mis pies contra la acera. Llegué a mi portal, introduje la llave en la cerradura y, repitiendo lo mismo en la entrada de mi casa, entré en mi habitación del piso compartido. Cerré la puerta, tiré la bolsa donde llevaba la comida y los apuntes del trabajo encima de la cama y encendí el ordenador, que usaba como televisor también. Mientras el Windows arracanba abrí la persiana con cuidado, para no despertar a mis compañeros de piso y ojeé el exterior. El día seguía gris y, salvo un perro que ladraba, no se oía ni se veía actividad alguna.

Me aparté de la ventana cuando me sacó de mis ensoñaciones el sonido del Windows arrancado y operativo. Me senté en la silla y pinché con el puntero en el icono que activaba la televisión. Al instante se abrió y ...

(Continuará)
19/09/2005 16:29. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.

Capítulo Cero

Era un día aburrido, un martes, día intrascendente cuyo único mérito es ser el segundo de la semana. Sumido en mis pensamientos, caminaba sin prisa pero sin pausa hacia la boca del metro. El mundo, a través del cristal de mis gafas, era del color gris del amanecer nublado.

Por la calle sólo había un borracho, al otro lado de la calle, que se golpeaba suavemente contra la pared, mientras avanzaba lentamente. No le presté más atención y bajé las escaleras hacia la cueva artificial que siempre te recibía con una bocanada de aire caliente, como una entrada al infierno, en este caso urbano.

Saqué el libro que estaba leyendo de mi bolsa, uno intrascendente que hablaba sobre las virtudes y defectos de los actores, contado en clave de humor, y, después de ticar en los tornos, me dirigí hacia el andén distraídamente, leyendo como Robert Downey Jr tuvo su primer escarceo con la droga a los 4 años. Concentrado como estaba, no me di cuenta de que el metro se retrasaba, hasta que por fin levanté los ojos y de la vida y milagros de Steve Buscemi pase a la pantalla de mi móvil para revisar la hora. ¿Las 9:00? No era posible. Llevaba una hora en el andén y no había venido ningún tren. Y tampoco habían anunciado nada por el megáfono. Mmm... ¿Y la gente? No había nadie. En una hora nadie había bajado. ¿Una huelga de la que no me había enterado? ¿O algo más? Con estos pensamientos en mi cabeza, me levanté del banco y empecé a subir la escalera hacia el exterior...

(Continuará)
16/09/2005 13:24. #. Tema: El Serial No hay comentarios. Comentar.


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