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Güebona bitácora más que peich...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 23

Tenía las llaves en el contacto, así que las cogí y abrí el maletero. Por suerte, pasó como en las películas, y tenía una escopeta en su interior. Cogí la escopeta, los cartuchos y lo que buscaba en un principio, el botiquín, y, tras darle la escopeta a Edgar, nos fuimos hacia un portal y allí le hice una cura mejor de la que le había hecho en un principio. Cuando acabé de vendarle el brazo, que estaba adoptando una coloración negro-azulada que no me gustaba nada, seguimos nuestra marcha. Por el plano estábamos cerca del centro.


Empecé a pensar en la batalla que habíamos tenido, mejor dicho, en el hecho de que no me doliesen los golpes. Miré mi pecho y vi como se había formado un enorme moratón. Lo toqué, y aunque sentí como lo tocaba, no me dolía. ¿Me había vuelto insensible al dolor? Pellizqué una de mis mejillas. Nada, notaba mis manos y mi cara, pero por más que retorcía la carne, lo máximo que lograba era una ligera molestia. ¿Un efecto secundario del mordisco que había sufrido?. Quizá me había medio zombificado, y eso me hacía insensible al dolor. Y al cansancio. Caí en el hecho de que durante la pelea no me había quedado sin resuello en ningún momento. Bueno, sin duda en un mundo tan peligroso había salido ganando con el cambio. De repente escuché un ruido detrás de mí. Me giré y vi a Edgar, caído en el suelo y temblando...

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