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Güebona bitácora más que peich...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 24

Edgar estaba en un estado febril y deliraba mientras lo arrastraba hacia un portal. La puerta estaba cerrada, así que saqué la pistola y le pegué un tiro en la cerradura. A pesar de lo que sale en las películas, la puerta siguió cerrada, así que me dirigí a otro portal y este si que lo encontré abierto. Cerré la puerta a mi paso y subí hasta el primer piso. Disparé a la cerradura y esta vez si conseguí inutilizarla. Dejé a Edgar en la puerta y, con la pistola en la mano, me introduje en el piso para explorarlo. No encontré nada, así que volví a por Edgar y le llevé hasta una cama. Luego me dirigí al baño en busca del botiquín, llené una palangana con agua y empecé a hacer lo que podía y sabía para intentar curar o aliviar a Edgar, angustiado por mi incapacidad para hacer algo más. El brazo está en su totalidad negruzco. Y hacia poco pensaba que no eran más que simples arañazos. Sin duda, lo muertos deben tener algún tipo de virus, bacteria o toxina que, a modo de veneno, va matando lentamente. ¿Cómo se cura un veneno?

¿Oía ruidos en la calle? Eran... gritos.  Me acerqué a una ventana y me asomé con cuidado. En la  calle había un grupo de personas corriendo, armados con palos, huyendo de un grupo de muertos. Por un momento pensé en esconderme, pero en lugar de eso cogí la escopeta y bajé rápidamente a la calle. Cuando bajé por las escaleras hoy un grito, y al salir a la calle me di cuenta de que era porque por el lado de la calle por el que intentaban escapar estaba cerrado por tres cadáveres andantes. Desde el portal miré al grupo de vivos, eran seis, dos mujeres, tres hombres y un niño, a los tres zombis que tapaban la retirada y a los siete que les perseguían. "Bueno," pensé "empieza la fiesta"...

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