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Güebona bitácora más que peich...

Un Día Cualquiera -- Último Capítulo

Avanzaba por la calle. Hacía unas dos o tres horas que había escapado y estaba en una de las calles principales, muy cerca del centro. Por uno de las calles laterales vi salir a un grupo de muertos. Me preparé para el enfrentamiento, pero no se me acercaron. Parecía que iban en mi misma dirección. Vigilándoles, seguí avanzando. Conforme caminaba veía salir cada vez más muertos de las calles laterales, y todos parecían no verme. Un escalofrío recorrió mi columna, como siempre hacía cuando algo me daba mala espina. Empecé a tener miedo. Y, entonces, vi el muro.

 

Una masa de muertos vivientes taponaba la calle. Estaban de espaldas a mi, pero el espectáculo me dejó absolutamente paralizado. Sólo me despertó de mi aturdimiento un golpetazo en mi hombro, propinado por un muerto que pasó por mi lado, haciendo caso omiso de mi persona. Mi mente volvió a funcionar y, después de buscar con la mirada un portal, me dirigí hacia allí. La puerta estaba cerrada, y como no quería disparar a la cerradura, fui hasta otro portal, y después a otro, hasta que por fin encontré uno que estaba abierto. Entré y subí las escaleras rápidamente, hasta que llegué a la terraza. Abrí la puerta y me dirigí hacía la zona de la terraza que me permitiría ver la calle y posiblemente la plaza. Me asomé y, por segunda vez en el día, me quedé paralizado.

 

La plaza estaba llena de muertos, que se apretaban hacía el centro de la misma. Por las calles laterales llegaban cada vez más muertos. Y la salida del metro estaba colapsada por los muertos que salían del subsuelo. Volví mi vista al centro. Había una figura encima de algún tipo de pedestal. Saqué los prismáticos de mi mochila y miré. Parecía un hombre, pero su larga túnica y la capucha que desde mi posición cubría su rostro hacía imposible adivinar su sexo o si era o no un muerto viviente. Lo que si sabía era que ese encapuchado era quien había atraído a los muertos a su alrededor. ¿Y también a los vivos? Desde el principio había querido ir al centro, y ahora estaba viendo lo que había en el centro. Y no me gustaba. De repente oí unos gritos y vi como unos muertos llevaban a un grupo de personas hacia el encapuchado. Antes de poder reaccionar siquiera, vi como mataba a una de las mujeres del grupo y como, a los pocos segundos, la mujer se levantaba como muerta viviente. Asistí, hipnotizado, al momento en que la mujer, a la orden del encapuchado, mataba y empezaba a devorar a otro de los integrantes del grupo. Era demasiado para mi. Sabía que no podía hacer nada, y sólo quería irme lejos, muy lejos. Abandoné el edificio y empecé a correr, huyendo de la zona.

 

Horas más tarde, en mi camino hacia las afueras de la ciudad, pensaba en lo que había visto y vivido, no sólo en el centro de la ciudad, sino en mi camino al mismo. Y me asaltaban las dudas.  ¿Por qué había edificios caídos y destrozados? ¿Quién me disparo? ¿Quién era la mujer que me salvó? ¿Qué había presenciado en el centro? Entonces no podía imaginar que las respuestas me iban a costar tanto, aunque eso será otra historia...

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