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Güebona bitácora más que peich...

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 14

Me enfrentaba a mi muerte. Eran dos y eran más fuertes. ¿Cómo habíamos llegado a esta situación? Un violento garrotazo me desarmó, y otro me golpeó en la cabeza, tirándome al suelo. Miré hacia mi agresor y le vi con el garrote levantado, a punto de asestar el golpe mortal. En ese momento, mi mente volvió al día en que empezó todo.

Iba en sentada en el avión, dormitando como siempre hacia cuando viajaba. Volvía a mi país después de un viaje de negocios bastante infructuoso y frustrante. Desde que había ascendido a directora comercial, hacia menos de un mes, no había conseguido cerrar ningún trato. Los que me criticaban a mis espaldas cada vez estaban más crecidos. Muchos se opusieron a mi ascenso debido tanto a mi sexo como a mi edad. Creían que una mujer y encima menor de 40 años no sería capaz de desempeñar un cargo tan importante en la corporación. Muchos decían que había sido debido a que había tenido una relación con el vicepresidente. Aquello no era verdad; era muy amiga de William pero el hecho de que fuese gay hacia imposible ningún tipo de relación. Aun así, era consciente que el hecho de ser su amiga pesó para mi nombramiento. Por eso tenía que probarme a mí y al resto que valía para el cargo. Había trabajado realmente duro para llegar, mis pocas y fallidas relaciones amorosas así lo atestiguaban. Pero todo se empezaba a desmoronar con el nuevo fracaso. Súbitamente una turbulencia hizo volar a casi todo el pasaje de sus asientos. Por suerte, debido a mi miedo a volar siempre iba atada con el cinturón, pero aunque no me vi proyectada como el resto de pasajeros, el golpeo me dolió. Los pasajeros estaban bastante maltrechos y sólo yo me di cuenta de que el avión había entrado en barrena, precipitándose hacia el suelo. Miré hacia la ventana y una luz purpúrea me deslumbró, haciéndome apartar la mirada mientras notaba como el piloto intentaba enderezar el aparato, antes de caer inconsciente al golpearme algo en la cabeza.

Al despertar lo primero que percibí fue un fuerte olor a quemado. Abrí el cinturón y me levanté, y al hacerlo fui consciente del alcance de mis heridas. Estaba llena de múltiples cortes superficiales, y me dolían las costillas. El hecho de que me costase respirar me hizo suponer que tenía alguna rota. Avancé aturdida a través del pasillo, pasando por encima de los cadáveres y de algún moribundo. Me gustaría pensar que no ayudé a nadie debido a mi aturdimiento o a mi instinto de supervivencia, pero la verdad es que en aquel momento sólo me importaba mi vida y la de nadie más. Conseguí salir del avión y me di cuenta de que era de noche. Tropecé, cayendo al suelo semiinconsciente, y antes de perder el conocimiento vi como alguien salía del bosque y se acercaba a mí…

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