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Güebona bitácora más que peich...

Invierno en el jardín de La Parca -- Capítulo 24

El sonido de una rama al quebrarse me sacó del ensimismamiento. Dirigí mi vista hacia el ruido y vi, encima de un pequeño promontorio, a un lobo que me observaba. Sentí que mis piernas se quebraban y empecé a sollozar, esperando que el lobo me atacase. Pero no hizo nada de lo que me esperaba. En lugar de eso, sólo se quedó observándome. Al cabo de un tiempo que se me antojó eterno, el lobo se dio la vuelta y se fue rápidamente. No se que me pasó ni porque lo hice, pero salí detrás de él.

Estaba cansada de correr, pero tenía la certeza de que el lobo me estaba conduciendo a algún lado. De repente vi al lobo parado detrás de una piedra, mirando hacia ella. Me paré un momento y vi como me miraba y luego se apartaba, quedándose a una distancia prudencial de la roca. Tras unos segundos, me acerqué con precaución hacia la roca, descubriendo que detrás de la roca había alguien agonizante a juzgar por el sonido de su respiración. Cuando acabé de rodear la roca me quedé petrificada. Ahí, tumbado en el lecho de roca, estaba Niemand. Con incontables contusiones y heridas, sólo me dirigió una mirada perdida antes de desmayarse. Todo el halo sobrenatural que le acompañaba siempre caía en pedazos al estar en ese estado de indefensión. Tenía que sacarle de allí antes de que viniesen más lobos o cosas peores. Intenté levantarle, pero al ser un peso muerto no pude apenas moverle. Lo volví a intentar, pero sólo conseguí desequilíbrame y estuve a punto de caerme encima de él. Mientras, el lobo observaba mis intentos a una distancia prudencial, pero no parecía nervioso o con ganas de atacarnos. ¿Cómo lograría sacarle de allí?
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