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Güebona bitácora más que peich...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 17

Le golpeé con fuerza, con un movimiento de arriba a abajo con la culata de la pistola, hundiéndole parte de la frente. El monstruo no se frenó lo más mínimo, pero había conseguido poner el brazo izquierdo a la altura de su pecho y empujé con fuerza, haciéndole retroceder un par de pasos, dándome tiempo suficiente para apuntarle a la cabeza y disparar. La bala se introdujo por un costado de la nariz y, entre las sombras, me pareció que su nuca explotaba al salir por detrás. El zombi dio un paso hacia delante y, de repente, se desplomó. Me empezó a doler la cabeza, sin duda por la adrenalina. Recogí la linterna del suelo y me fijé en resto de la sala. Aparte del muerto encerrado, no había nada más en la sala. Volví a dirigir la luz al prisionero. Posiblemente, había sido víctima del policía muerto viviente, que le habría devorado parcialmente las piernas. Era un ser patético, y decidí acabar con sus sufrimientos. Apunté el arma a su cabeza y disparé. Fue un tiro limpio y preciso, consiguiendo dejará de moverse instantáneamente. El dolor de cabeza se intensificó, y, medio mareado, decidí que ya había pasado demasiado tiempo en esa comisaría.

Al salir a la calle vi que estaba anocheciendo. No quería estar de noche por las calles, así que volví a entrar en la comisaría, atranqué la puerta de entrada y exploré todas las habitaciones para evitar desagradables sorpresas mientras durmiese. El dolor de cabeza había remitido, y no había nadie ni nada más que yo en aquel lugar, así que, después de unas cuantas vueltas, me dormí sentado en la silla del comisario.
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