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Güebona bitácora más que peich...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 22

Avanzábamos por las calles a paso lento, ya que a Edgar le dolía cada vez más el brazo. Aún así, insistía en seguir con nuestra marcha, más por cobardía que por valentía, ya que de vez en cuando miraba hacia detrás con miedo. Se notaba que quería alejarse del lugar donde habíamos sufrido el ataque. A mí no se me iba de la cabeza los ojos del muerto con el que había luchado. Me preocupaba el hecho de enfrentarme a zombis inteligentes, capaces de manipular objetos y hacer emboscadas. ¿Podría ser algún tipo de proceso evolutivo? ¿O una mutación? Una idea se formó en mi mente. ¿Y si era parte de un grupo, quizás un experimento fallido que diese como resultado seres capaces de propagar un virus que convirtiese a la gente en zombis? ¿Algo con fines militares?

Un ruido a mi derecha me sacó de mis pensamientos. Un apestoso tambaleante con traje de policía se acercaba hacia nuestra posición. Edgar se puso nervioso y apuntó hacia el muerto, pero yo le frené. No sabía si los muertos tenían unos sentidos análogos a los nuestros, pero no quería que la detonación de la pistola se oyese por toda la manzana. "No hay que despertar a los muertos", dije a Edgar a modo de explicación. Saqué la katana y me acerqué al cadáver andante, despachándolo con un par de tajos. "Se está haciendo cada vez más fácil", pensé con cierta tristeza, al comprobar la destreza que había adquirido para matar. Un poco más lejos del policía había un coche y, después de desabrocharle el cinturón con la cartuchera y dárselo a Edgar, me dirigí hacia el vehículo.

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