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Güebona bitácora más que peich...

Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 7

Fui interceptado por el garrotazo de un cuarto que no había visto y que se estrelló contra mi pecho, haciéndome retroceder un par de pasos. El primer atacante se había repuesto del fallo y lanzó un tercer garrotazo hacia mi, esta vez en trayectoria circular desde la derecha. Intercepté su brazo y lancé mi cuerpo hacia atrás, haciéndole perder el equilibrio y poniéndole en la trayectoria del segundo garrotazo del cuarto salvaje. Éste se estrelló en la espalda con mucha fuerza e hizo que mientras uno se estrellaba contra el suelo, el otro mirase perplejo como había fallado. Aproveché la situación y, tras recuperar el equilibrio, lancé un puñetazo a la cara lateralmente, que impacto contra su nariz,  crujiendo al romperse. Un tercer atacante (uno de los que iban con las manos desnudas)   se me abalanzó por el lateral, pero no llegó a tocarme, ya que una patada dirigida al plexo solar le hizo volar, cayendo sin aire. El cuarto, también en plenas facultades, vio mi maniobra y se lo pensó mejor, empezando una maniobra que tenía como finalidad ponerse detrás de mí. Volví  a golpear al de la nariz rota con una patada no demasiado refinada dirigida a su cabeza y  me di la vuelta hacia mi cuarto atacante, mirándole a los ojos mientras pateaba con saña a mi primer atacante, aun en el suelo aturdido por el golpe en la espalda.

 

Entonces pasó, una piedra golpeó mi cabeza y me hizo trastabillar. El cuarto atacante se lanzó encima de mí arrastrándome al suelo con el peso de su cuerpo. Un pie,  salido de algún lado,  se estrelló contra mi boca, haciéndome estallar el labio. A pesar de no sentir dolor, lo siguiente que recuerdo fue una lluvia de golpe y garrotazos, salidos de todos lados, que acabaron por dejarme fuera de combate. En el momento que perdía el sentido, lo único que sentía era paz…

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