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Güebona bitácora más que peich...

Personajes del Mundo: Creador de Humo de Nivel 10/ Caradura de Nivel 20

Últimamente soy testigo de un resurgir del interés por lo paranormal, que ha encontrado un nuevo gurú en Iker Jiménez y su esposa, Miss Pegg... esteee, Carmen Porter. Iker (a partir de ahora Friker) sigue la senda de otros insignes parapsicólogos y periodistas de "lo desconocido", gente como el fallecido Fernando Jiménez Del Oso, el desprestigiado J.J. Benítez u otros menos conocidos, como Miguel Blanco o Pedro Amorós.

Pero Friker se a convertido ahora en un maestro de vender humo. Sus programas, tanto de radio como de televisión, se caracterizan por su excesivo uso de cortinillas y efectos de sonido inquietantes, así como de su ritmo lento. El tipo tampoco es que lo haga más rápido, ya que su locución es lenta y repetitiva, con un uso excesivo de coletillas como "inquietante", "tenebroso" o similares. También se vende como alguien documentado, y debe serlo, sobre todo para "homenajear" (léase plagiar) a diversos autores en sus libros. Aunque no debe hacerlo muy bien, a tenor de lo que dicen los críticos, no voy a entrar en eso, ya que como no he leído nada de él no tengo ningún elemento de juicio para dictar un veredicto.

Lo que si puedo juzgar son los engaños que orquesta este hombre, del tamaño de las niñas supergigantes del camposanto, los siluros comepersonas del Ebro o la endemoniada a la que la cabeza le daba vueltas de 360 grados (y luego se extraña porque muriese), por poner algunos de los más recientes. No voy a explicarlos tampoco, hay varias páginas que lo explican mejor que yo. A lo que quiero yo llegar es que es increíble como este hombre y su equipo son capaces de salir indemnes de todas estas burradas que dicen y que cada vez tengan más adeptos a su alrededor, como si fuese una secta. Por suerte, de vez en cuando estos tipos la pifian de una manera catastrófica y muchos de los que los defendían abren los ojos de repente. Sólo es cuestión de tiempo. Y si no, que se lo pregunten a Benítez y su Planeta Encantado (¿o era imaginario?). Inquietantes saludos.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 17

Le golpeé con fuerza, con un movimiento de arriba a abajo con la culata de la pistola, hundiéndole parte de la frente. El monstruo no se frenó lo más mínimo, pero había conseguido poner el brazo izquierdo a la altura de su pecho y empujé con fuerza, haciéndole retroceder un par de pasos, dándome tiempo suficiente para apuntarle a la cabeza y disparar. La bala se introdujo por un costado de la nariz y, entre las sombras, me pareció que su nuca explotaba al salir por detrás. El zombi dio un paso hacia delante y, de repente, se desplomó. Me empezó a doler la cabeza, sin duda por la adrenalina. Recogí la linterna del suelo y me fijé en resto de la sala. Aparte del muerto encerrado, no había nada más en la sala. Volví a dirigir la luz al prisionero. Posiblemente, había sido víctima del policía muerto viviente, que le habría devorado parcialmente las piernas. Era un ser patético, y decidí acabar con sus sufrimientos. Apunté el arma a su cabeza y disparé. Fue un tiro limpio y preciso, consiguiendo dejará de moverse instantáneamente. El dolor de cabeza se intensificó, y, medio mareado, decidí que ya había pasado demasiado tiempo en esa comisaría.

Al salir a la calle vi que estaba anocheciendo. No quería estar de noche por las calles, así que volví a entrar en la comisaría, atranqué la puerta de entrada y exploré todas las habitaciones para evitar desagradables sorpresas mientras durmiese. El dolor de cabeza había remitido, y no había nadie ni nada más que yo en aquel lugar, así que, después de unas cuantas vueltas, me dormí sentado en la silla del comisario.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 16

Me disponía a salir cuando un ruido erizó mi cabello. Había alguien. Era un ruido casi imperceptible y lejano, pero me dispuse a investigarlo. Quité el seguro a la escopeta y me deslicé sigilosamente fuera de la armería, con el arma apuntada hacia el pasillo. Poco a poco, fui rastreando el ruido hasta llegar a una habitación con puerta reforzada que ponía calabozo. Me asomé por la ventana reforzada, pero no vi nada. Estaba totalmente oscuro, así que puse el seguro en la escopeta y saque la pistola, ya que necesitaba una mano libre para empuñar la linterna que saqué de la mochila.

Abrí la puerta con precaución, sorprendiéndome el hecho de que estuviese abierta sin llave, y apunté con la linterna dentro de la oscuridad que se cernía sobre mí mientras me adentraba en los calabozos. De repente el halo de luz apunto a un ser absolutamente repulsivo que en otro tiempo fue un vivo. Ahora, ante mi tenía un muerto viviente con la cara rasgada y supurante de una bilis de color pálido, que se arrastraba por la celda con sujeto por la fuerza de sus brazos, ya que sus piernas estaban totalmente destrozadas, con trozos de carne arrancados... en ese momento me di cuenta de que no estábamos solos. Me giré lanzándome a un lado con velocidad, y la linterna iluminó a otro muerto vestido de policía que había estado a punto de sorprenderme. Disparé y el retroceso elevo mi mano más de lo que esperaba, evitando que hiciese un segundo tiro cuando el muerto se abalanzó encima de mí...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 15

Identifiqué la calle y, tras revisar el callejero, me di cuenta de que estaba cerca de donde había caído, así que me dirigí a la calle principal para proseguir mi camino hacia el centro de la ciudad. En mi camino me encontré con algún muerto viviente, pero estaba a la suficiente distancia como para no suponerme ningún peligro. Cuando estaba a punto de llegar a la calle principal, me di cuenta de que en una de las calles secundarias por las que había cruzado había una comisaría de policía y me animé al pensar que allí encontraría armas de fuego de verdad.

 
Me dirigí hacia allí con cierta precaución, ya que me vino a la mente una imagen del francotirador que me había abatido días antes. Entré por la puerta de la comisaría mientras desenvainaba la katana, paseándola nerviosamente de un lado a otro conforme iba avanzando por los pasillos en dirección a la santa bárbara. Este nerviosismo en el que me encontraba se redujo considerablemente cuando me encontré con el polvorín donde habían, alineadas, una serie de armas de fuego entre las que se encontraban pistolas y escopetas. Rompí los cierres y cogí un par de pistolas y una escopeta, así como varias cajas de munición. Me sentí un poco decepcionado al ver que sólo había ese armamento, esperando quizás que fuese como en las películas americanas, donde entrabas en una comisaría y prácticamente encontrabas de todo. Cargué la escopeta y las pistolas, una de las cuales me puse colgando a un lado de mi cadera, al modo de los pistoleros del Salvaje Oeste, y la otra la guardé en un bolsillo de la mochila. Por último, cogí la escopeta y me dispuse a salir fuera, con el arma apoyada sobre mi brazo y su empuñadura asida firmemente por mi derecha, como acunándola...

War Drums en Wizards

War Drums en Wizards

Bueno, hoy voy a hablar de una de mis aficiones, el coleccionismo de miniaturas del dungeons & dragons. Empecé con ellas en las CLN de Algemesí, comprándome cajas de harbinger, archfiends y dragoneye, aunque por aquel momento acababan de sacar lo que para muchos es la mejor expansión de todas las que han habido en este juego, Giants of Legend, donde podíamos encontrar a personajes tan populares como Mordenkainen o Lord Soth y 8 miniaturas de tamaño Enorme, entre las que cabe destacar un dragón rojo y uno dorado. El caso es que en un primer momento la colección me gustó pero no me entusiasmo, y no seguí comprando hasta que un año más tarde me compré un booster de Giants of Legend y comprobé que estaban mejor pintadas y modeladas. A partir de hay fui comprando hasta llegar al día de hoy, en el que tengo las miniaturas de todas las colecciones (lo mío me a costado).

El caso es que en cada colección se notaba la mejoría, tanto en el modelado como en la pintura, hasta que llego War Drums. En las previews las minis tenían una pinta excepcional, muy coloridas y muy bien esculpidas pero... juer... en la realidad dan pena. Parece que Wizards( la compañía que las comercializa) a querido recortar costes y las minis están pintadas usando una paleta de 6-7 colores a lo sumo, con lo que tienen el mismo aspecto que las primeras de Harbinger. En los foros de Wizards llueven las críticas, hay clientes que quieren poner demandas por publicidad engañosa... enfins, unos auténticos "tambores de guerra" suenan a las puertas de Wizards. A mi personalmente me ha desencantado la colección, con unos colores pobres y sucios, y algunas miniaturas, como papa pitufo... esto... el enano de hielo que ilustra el artículo, absolutamente horribles. Lo malo es que ya tengo todas y realmente no estoy seguro de que las hubiese comprado si lo hubiese sabido antes. Espero que para la próxima se pongan las pilas.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 14

Bajé las escaleras que me llevaría de nuevo a la pesadilla, escuchando el sonido de mis pasos. Las piernas ya no me molestaban, sólo el hombro. Entonces caí en el hecho de que, cuando había examinado la herida de mis gemelos, parecía haber recibido un tajo limpio, preciso. Me paré en el rellano del primer piso y volví a fijarme en las heridas. Al desvendarme me di cuenta de que la herida era transversal, bajándome la trayectoria desde el gemelo derecho al izquierdo en un ángulo... no era la herida de un zombi, ni de un cuchillo. Aquello parecía hecho con una bala, milimétricamente disparada para producir el efecto que me produjo. Un francotirador, disparándome desde un primer piso o un bajo. Alguien desquiciado que quizás llevase tiempo siguiéndome, jugando a un enfermizo juego del gato y el ratón. Y no me había rematado, había dejado que los zombis me comiesen. Una oscura idea se formó en mi mente.

Había sido ella. Evidentemente su aspecto no era de nada conocido, quizás hubiese sido en su época un ser humano, pero ahora alguna extraña radiación o agente químico la había mutado, convirtiéndola en un monstruo sádico que se divertía persiguiendo a los supervivientes que quedasen. Pero si era así, ¿por qué me había curado? ¿Arrepentimiento? ¿No quería perder a su "juguete"? No tenía sentido. Sin embargo... si fuese otra cosa... ¿y si no estaban jugando conmigo? ¿Y si, simplemente, había estado en el sitio más inoportuno en el momento más equivocado? ¿En medio de una guerra privada? Si era así mi agresor me habría disparado para evitar que le pillasen, esperando que mi samaritana decidiese cambiar su orden de prioridades para salvarme a mí. Esto último, aunque rebuscado, tenía sentido. Por eso, una vez que hubiese visto que me podía valer por mi mismo y que estaba fuera de peligro decidió irse a seguir con su cacería. Mmm... a pesar de que al final me quedé con la última reflexión, decidí no bajar la guardia si me la volvía a encontrar (cosa que dudaba que volviese a suceder).

Llegué a la puerta de la calle y, tras abrirla con cierto temor, salí a la calle, desolada y vacía de vida, como el resto de la ciudad.

Bitefight o como machacar vampiros

Bitefight o como machacar vampiros

El otro día descubrí un nuevo juego de estos tipo web, al estilo del archmage, llamado Bitefight, y se supone que va de la lucha entre vampiros y hombres lobo, y bueno, no me he enganchado demasiado pero si lo he probado lo suficiente como para decir que la idea no está mal, aunque bueno, la falta de un manual de como jugar o algunas cosas que lo vayan derivando más a un rpg auténtico(interacción, formación de clanes, etc) hace que el juego quede un poco cojo. Quizás con el tiempo la cosa mejore. Por cierto, si alguien quiere probar que entre por aquí:

Bitefight

 

Edito: Hay otro juego que si tiene la opción de clan, se llama monstersgame y se llega por aquí:

 

Monstersgame 

 

Un Día Cualquiera -- Capítulo 13

Entré en el salón y no había nadie. Busqué por el resto del piso, pero mi misteriosa sanadora no estaba. Recogí mis cosas y me senté en el sillón, esperando que apareciese. Se hizo de noche y no sólo no apareció nadie, sino que el dolor en el hombro se agudizó hasta hacerse casi insorportable. Sin duda, había desaparecido también de mis venas las drogas que mitigaban el dolor. Revisé mi herida, que había evolucionado de un cráter negruzco y supurante ha una herida normal, la limpié como pude y esperé. Esperé hasta que el dolor remitió y entonces me quedé dormido.

Al día siguiente nada había cambiado; seguía sin aparecer nadie, aunque yo me encontraba mucho más fuerte que el día anterior. Reflexioné mientras comía los restos de comida que quedaban por la cocina y decidí que no podía seguir esperando. Dispuse mis armas por el cuerpo, y me deshice de casí todas las demás cosas, excepto el mapa, los prismáticos y un mechero. Cuando me dispuse a salir un espejo en el armario del recibidor me devolvió una imagen alienada de mi mismo. Allí estaba yo, con unos pantalones vaqueros sucios y rotos por la zona de los gemelos, una camiseta aun más rota y llena de sangre por el lado izquierdo, y colgando por la espalda y por mis costados, un daisho, el machete en la pantorrilla y las armas de aire comprimido... necesitaba algún arma de fuego de verdad. Tiré la armas de mentira y salí a la calle otra vez, dispuesto a enfrentarme de nuevo con el apocalipsis... 

¿Escasez de visitas?: Fórmulas para que vengan a leerte

Hoy voy a hablar sobre diversas formas de hacer que te lean más, e incluso que te conviertas en un líder de opinión, título que ahora se estila mucho. Una de las formas es poner palabras como tetas, sexo, corridas, anal o big boobs (para los internacionales). Así te aseguras la visita de los más salidos de la red (¡¿internet vale para otra que para bajarse fotos y pelis guarras?!), pero claro, si no pones nada de lo que predicas se quedan en one-view-only, o sea, visitas que te ven una vez y nunca más. Además, puedes ganarte la cólera de los pajilleros.


Otra de las fórmulas es hablar de política y ser un tanto radical en tus formas de expresarte acerca de uno u otro partido contrario. Lo malo es que sólo te leen los de una determinada ideología (lo que a veces no está mal), pero te limita lo que llamamos pensamiento independiente o libre albedrío, ya que tienes que seguir siempre la misma línea (la famosa línea editorial de las publicaciones). Otro forma de triunfar es hablar de cosas antiguas pero que la gente haya vivido y más concretamente, de los 80(la tele de los 80, las películas de los 80, la música de los 80...). Esto puede ser divertido un tiempo, pero realmente los 80 son una de las peores épocas creativas en la historia del hombre, y cuando has comentado las 4 cosas que eran buenas te quedas sin ideas y empiezas a hablar de cosas como los rizos del Gran Héroe Americano. Por cierto, ¿no da la sensación de que ahora todo el mundo es retro y ochentero? Enfins, prosigamos.


Una de las más socorridas formas de tener un sitio que cuente con un buen número de visitas es poner videos, fotos o artículos cachondos. En el caso de los artículos (obvio los dos primeros, por la escasa creatividad que demuestran), hay veces que son un poco cansinos, ya que destacan lo obvio o bien parecen un monólogo del club de la comedia. Hay alguno que debería reflexionar, sentarse delante de un espejo y decirse: no tengo ni puta gracia. Sin embargo, hay algunos que si aportan algo de humor original e, incluso, inteligente en sus sitios. Pero esto es, como el agua, un bien escaso, y cada vez más. Por último, está la fórmula de meter a un famoso, la mayoría de las veces casposo, para que escriba una columna (muchas veces escrita por un "negro") donde opine de un tema o exponga una vivencia suya. No voy a hacer comentarios acerca de que opino de esta práctica, ya que a veces (pocas) realmente el famoso se lo toma en serio y escribe, y en algunas ocasiones hasta bien.

¿Y qué voy a hacer yo para subir mis paupérrimas visitas? Pues nada. No soy un mago del humor, no hablo mucho de sexo ni de política(al menos en el blog) y sobre mis recuerdos hablo muy de higos a brevas. Y lo del famoso... pues va a ser que no. No vivo de las visitas a mi página, ni vivo para los visitantes de mi página. Aún así, un saludo a todos los que me aguantan leyéndome y, si eres la primera vez que me lees y va a ser la última, gracias por haberme aguantado hasta el final. Y ahora, vamos a aumentar las visitas:

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Un Día Cualquiera -- Capítulo 12

¿Negra? En ese momento no me fijé en el arma, sólo vi que era negra. Totalmente negra, con el cabello blanco. Entonces vi el arma. Me apuntaba con una pistola. Estaba nerviosa, así que levanté las manos lentamente, mientras decía que se tranquilizase. Ella me miraba sin articular palabra, con el tembloroso cañón apuntándome. Intenté no hacer ningún movimiento brusco cuando me dio una punzada de dolor el hombro, pero la mueca que se dibujó en mi rostro debió tener un efecto tranquilizador, ya que la mujer empezó a bajar la pistola. Entonces el dolor aumento y volví a ver todo negro.

Cuando me volví a despertar, estaba otra vez en la cama y era totalmente de día. No podría decir cuanto tiempo había pasado, pero el dolor era menor y el vendaje había sido cambiado. No me volvería a levantar, así que dije un "hola" en voz alta, rozando el grito. Era obvio que quien fuese que me había vendado no quería hacerme daño, así que me relajé mientras esperaba que viniese alguien. Y entonces entró ella. No lo había soñado, era una mujer joven de piel negra. Mejor dicho, ahora que la veía con más luz, su tono de piel era más un púrpura muy oscuro, como sangre seca. Su cabello era totalmente blanco y cuando me miró me di cuenta de que sus ojos eran de color rojo. Evidentemente, no era un ser de este mundo, o, al menos, del mundo que yo conocía.
Entonces le dije un "hola, que tal" o una chorrada así. Ella no me contestó, solamente me miró con sus extraños ojos rojos y se sentó a mi lado. Llevaba una camiseta demasiado grande para su cuerpo menudo. A pesar de eso, debía ser fuerte, porque me había arrastrado a la cama. ¿O no estaba sola? Me sacó de mis ensoñaciones el tacto de su mano en mi hombro herido, obligándome a tumbarme. Mientras retiraba la venda para examinar mi herida intentaba hablar con ella, pero lo máximo que conseguí fue que me mandase callar poniendo el dedo en su labios. Mi herida quedó al descubierto, vi como sonreía, recogía una gasa que había encima de la mesilla y empezaba a limpiarme la herida, sacando una cantidad increíble de pus al presionarme un poco. Siguió limpiándome y luego me volvió a vendar. Después se levantó y, justo antes de salir, se volvió hacia mí y me dijo "descansa" con una voz que se me antojó como la más musical que había escuchado jamás.

Durante varios días la rutina fue siempre la misma, pero ella no volvió a hablarme ningún día más, hasta que un día tuve fuerzas suficientes y me levanté, dirigiéndome al salón.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 11

¿Estoy muerto? Veo luz. De repente me veo con mi cara pegada en un muro. La luz es rojiza y estoy de pie. Ya no me duele la pierna. Despego mi cara y me giró. Estoy en la ciudad, los edificios parecen haber sufrido bombardeos. Oigo a gente correr, pero no veo a nadie. También oigo gritos y lloros. Miro hacia el cielo y veo nubes bajas y rojas. De repente miro a la calle y veo a una mujer corriendo con un niño en brazos y una niña a su lado. Están aterrorizados. Los intento llamar, pero antes de articular palabra una esfera amarilla surge a su alrededor y comienzan a elevarse. Miro hacia el cielo como suben y entonces me doy cuenta de que hay más esferas que se elevan hacia el cielo. Todas parecen llevar gente, y se les ve feliz, como aliviados. Poco a poco desaparecen todos entre las nubes rojas. ¿Por qué no me llevan con ellos? ¿Por qué me quedo en un mundo desierto? Algo se acerca, algo grande...

Me despierto. ¿Cuanto tiempo ha pasado? Estoy en una habitación, en una cama. Por la luz debe ser casi de noche. Me toco el hombro y descubro que lo tengo vendado. Las piernas me duelen, así que miro mis gemelos y veo que también están vendados. Parece que no soy el único superviviente. Intento levantarme, y me da un latigazo el hombro. Me doblo de dolor. ¿Cómo puede doler tanto? Entonces me acuerdo del muerto y de su mordisco. Si es como las películas, me tendría que convertir en zombi. Un mordisco y estás muerto. Intento despejar esa idea de mi mente y me levantó no sin dolor. El hombro arde y siento mil punzadas en los gemelos mientras me acerco a la puerta de la habitación. Abro con todo el sigilo posible y salgo de la habitación con los sentidos alerta. Oigo a alguien canturrear en otra habitación. ¿Una chica? Sigo caminando mientras aguzo el oído. Parece que no se ha dado cuenta. Está en la siguiente habitación, así que sigo caminado renqueante hacia allá.

Entro y veo que hay alguien sentado en un sofá. Está de espaldas y sólo veo su cabeza. Miró hacia un lado y veo mi equipo encima de una mesa. Doy un paso en su dirección, pero hago ruido y ella deja de canturrear, se levanta y ...

El Despertar de Dios

Hubo un tiempo en el que la gente era libre. Hubo un tiempo en el que los niños jugaban en la calle. Hubo un tiempo en el que el mundo era normal.

Pero eso ya pasó. ¿Quién nos iba a decir que aquello que soñábamos podría volverse en nuestra contra? Ojalá nunca hubiese dicho "si". Claro, que yo era joven y ambicioso. Mi mujer se mostró exultante cuando le dije que había aceptado el puesto de investigador jefe en Biotech Corporation. Mi Gloria, mi pobre Gloria. El día que llegué a la empresa me encontré con el equipo más competente con el que había trabajado en mi vida. Competente y ambicioso. Ambicioso como Arturus Zmervich, el presidente de la compañía desde que el anterior dimitiese debido al "Asunto Proteus".

¿Y cual era mi cometido? Al principio creí que sería el que me dijeron, intentar recrear unos bioimplantes más resistentes a las enfermedades. Biotech había revolucionado la medicina al conseguir crear clones de brazos, piernas, órganos, piel, etc, utilizando las células madre de los pacientes, reduciendo la posibilidad de rechazo cualquier implantes a cero. Y ahora quería que la gente no volviese a enfermar nunca. Un sueño bonito. Pero irreal.

La verdad es que lo que quería el señor Zmervich era conseguir la fórmula de la inmortalidad. Y poder. Y obtuvo las herramientas necesarias gracias al antiguo presidente, que durante años había recopilado la información genética de todos los seres extraordinarios que poblaban el planeta para su proyecto personal. A nosotros nos dió acceso a esos datos, en principio para buscar los genes que volvían a algunos seres inmunes a las enfermedades. Era un iluso, en aquel tiempo no sabía que los datos que nos proporcionaban eran erróneos, y que en realidad nos pasaban datos de otros genes que querían que sintetizásemos y combinásemos. Trabajábamos muy duramente y al final dimos con una fórmula. Y la probamos. Lo que no sabíamos era que estábamos recreando un cuerpo, un cuerpo cuyo cerebro sería "programado" con la mente de Arturus Zmervich, gracias a la tecnología secreta de transmisión de mente del proyecto Proteus.

El ser que nació aquel día fue terrible. Habíamos creado a dios. Pero dios era colérico y acabó con la vida de todos los seres que podían oponerse a él. Luego impuso la ley marcial en el mundo. Ahora mata por capricho y toma la vida de quien quiere cuando quiere. Esto debe acabar. Se que ahora me busca, pero he encontrado un medio de escudarme de sus poderes. Y estoy a punto de encontrar el remedio. Todo lo hecho por el hombre el hombre lo puede deshacer. Pero está cerca, está cerca...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 10

¿Qué había pasado de verdad? Era una visión apocalíptica. La avenida estaba quebrada, con una enorme grieta, recorriéndola como un río por su cauce. A los lados habían coches, tumbados, torcidos o incluso incrustados contra los edificios, con señales de haber ardido. De hecho, había señales de fuego en muchos lados. Pero lo peor no fue eso.

Lo peor fue cuando levanté la vista. Los edificios de la avenida, que habían sido los más famosos y altos de la ciudad, ahora estaban en ruinas, como quemados, dejando sólo la estructura. Esos los que quedaban en pie. Algunos se habían derrumbado, colapsados cuando la estructura dañada no había podido soportar su propio peso.

Estaba en el suelo. No me había dado cuenta, pero mis rodillas me habían fallado y estaba en el suelo. Tarde un tiempo que se me hizo eterno en levantarme. ¿La impresión había hecho que me cayese? Noté algo caliente deslizándose por mis piernas. Me toqué. Sangre. ¿Mi sangre? Darme la vuelta. No había nadie. Arrastrarme detrás de un coche. No oía nada. No bajar la guardia.

¿Quien me había atacado? ¿Qué me había atacado? No bajar la guardia. Examinar la herida. Los dos gemelos desgarrados, aunque la herida no era profunda. No bajar la guardia. Herir lo suficiente para hacerme caer. ¿Un ..juego? ¿La sombra que había visto cerca de la casa de mi novia?. No bajar la guardia. Perdía sangre. ¡Me cago en la puta!¡Cabrón!. Sacar vendas. Parar la hemorragia. No bajar la guardia. Un movimiento...no, el viento. Primera herida vendada. Otro ruido. ¿Alguien corriendo?. No bajar la guardia. Segunda herida vendada. No puedo levantarme. Lo vuelvo a intentar. No oigo nada. Desenvaino el machete. Huelo a podrido. No bajar la guardia. Unos pies arrastrándose. Lento, demasiado lento. No me ha atacado un zombi. Pero se acerca. ¿Huelen la sangre? No lo había visto antes. He bajado la guardia. ¡Mierda! Necesito levantarme. Animo. El dolor significa que estás vivo. Venga, capullo, levántate. No volveré a bajar la guardia. Si vivo. Lo tengo encima. Creía que estaba más lejos. Estoy de pie. No puedo correr. Me enfrento al podrido. Está más descompuesto que los anteriores. Golpeo. Pierdo el equilibrio y el machete. Estoy otra vez en el suelo. Una mano podrida me aferra. Es fuerte. Acerca su boca a mi cuello. Mi mano izquierda tantea el suelo.

¡El machete! Lanzo un machetazo. Corto un cacho de carne. No es suficiente. Me muerde. Duele. Duele demasiado. Vuelvo a golpear. Me suelta. Me mira con sus ojos muertos y el machete clavado en la cabeza. Cae. Recojo el machete y el resto de mis cosas. Me levantó y me voy. Intento correr pero no puedo. Camino durante un tiempo. Pierdo sangre. Duele. Caigo. Voy a morir.

La Iglesia Rotondista

Como hace un tiempo que no pongo una entrada en la bitácora que no sea del serial, hoy vamos a hablar de una secta que desde hace unos años se ha implantado con fuerza en este nuestro país, o nación, o estado español, o tierra con casas encima, o pasapalabra: Los Rotondistas.
 

Los Rotondistas son unas gentes pertenecientes generalmente a lo que se ha venido a llamar élite social, nosotros los solemos llamar políticos o más coloquialmente mamones. Estos adoran la forma circular y les gusta verla en todos lados; en las monedas que llevan en su bolsillo, aunque generalmente prefieren verlo en los billetes enrollados con una goma, en las tetas siliconadas de sus mujeres o sus putas(generalmente esto último)... pero no vamos a hablar de estos gustos, vamos a lo que realmente les pone: en ver la forma circular en la carreteras.

Esta forma circular se ha venido a llamar rotonda en los últimos tiempos, aunque antes era más conocida como glorieta. ¿Y cual es su función? Su función es la de evitar que el tráfico se paré en los cruces de caminos mediante semáforos o stops. Así, leído suena bien, ¿verdad?. Además, antes las glorietas solían ser llanas, con lo cual veías perfectamente si venía alguien de frente o por los lados. Entonces, ¿qué es lo que pasa ahora? Ahora parece que los políticos han cogido gusto a eso de las rotondas y están cambiando todos los cruces de caminos con semáforo por rotondas. ¿Y cual es el problema? Pues que en muchos casos están mal puestas. Las rotondas funcionan cuando hay un tráfico fluido, pero cuando hay bastante tráfico son unos embudos donde se forman unos atascos que no se formarían con los semáforos de toda la vida. ¿Y por qué? Pues por varias de razones:

-Los indecisos, que no se atreven a pasar si ven un coche que empieza a girar la rotonda, a esta situación le ayuda la...
-Falta de visibilidad, ya que parece ser que a los Rotondistas les gusta construir rotondas cada vez más altas y llenas de unas zurullos hechos trozos de metal o piedra que extrañamente llaman arte(hoy en día es artista cualquiera, ya comentaré en mi siguiente artículo).

Hay más razones, pero esas suelen ser más localistas, es decir, cada rotonda es un mundo, como esa rotonda de un pueblo de Alicante, Teulada, que está en medio de una carretera nacional. ¡Sí señor, con dos cojones! O esas rotondas reguladas con semáforos, ejemplos claros de la estupidez humana. ¿Y por qué se siguen construyendo rotondas, si en muchos casos lo que han conseguido es que zonas sin atascos tuviesen? Hay gente que dice que es porque los Rotondistas son la reencarnación de los antiguos egipcios, y como tales necesitan hacer obras para la posteridad. Otros dicen que es porque ellos no usan la carretera o cuando la usan van con coche oficial, con lo que los atascos les da igual. ¿Y yo que creo? Pues que son políticos y punto. Que cada cual piense lo que quiera...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 9

Caminaba por calles muertas. Avenidas, otrora populosas, ahora estaban vacías de gente, con coches vacíos parados en medio de la calzada. Como en la carretera cercana a mi casa. Esta vez no intenté entrar y poner en marcha ningún coche ¿Para qué? Sabía que no iba a arrancar.
De vez en cuando veía algo moverse por el rabillo del ojo y algún muerto caminando, pero los evitaba sin problemas. Había dejado de llover, aunque el día seguía del mismo color gris plomizo y se había levantado un aire que hacía volar hojas de periódicos y bolsas de plástico.
Era una escena desoladora; los periódicos volando, el deportivo vacío, la calle desierta, el muerto que se asomaba por una esquina, el coche tumbado... ¿el coche tumbado? Empecé a correr hacia allí. Era el único coche que parecía haber sufrido algún accidente. Quizás allí hubiese pistas de los que había pasado.


Estaba al final de la calle, que daba a la avenida principal, la columna vertebral de la ciudad. Al llegar a su altura me di cuenta de que las ruedas estaban reventadas. Dentro no había nadie, aunque había mucha sangre seca y...¡Un brazo! Había un brazo seccionado, cortado seguramente por un trozo del parabrisas.


Examiné un poco más el interior del coche, aunque el hecho de tener que agacharme para buscar las cosas consiguió que le pusiese poca atención. No tenía ganas de que un zombi me atacase por la espalda. La idea hizo que un escalofrío me recorriese la espalda y me girase rápidamente.


Nada. Evidentemente, no había nadie. Me reí de mi paranoia, y seguí examinando el coche por fuera. No veía nada especial, aunque claro, yo no soy el CSI, así que seguí mi camino y llegué a la avenida principal. Dios mío...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 8

Delante de mí había otro ser muerto, otro zombi. Era un hombre vestido con mono y chaleco reflectante, sin duda un trabajador de unas obras cercanas. Su cara sin vida estaba deformada en una horrible mueca, y unos pegotes de sangre seca en su cabeza revelaban una fea herida que quizás le hubiesen causado la muerte... en caso de estar vivo.

 

El ser me miró con sus ojos blancuzcos y, después de soltar un gemido, se abalanzó hacia mí. Abalanzar no es la palabra adecuada, ya que su movilidad era bastante limitada y una persona andando a un ritmo normal se movería más rápido. A pesar de eso, no me confié y desenfundé la katana. Era un buen momento para probar el filo y lancé un fuerte golpe al cuello cuando estuvo a mi alcancé, decapitándole de un sólo tajo.

 

El muerto dejo de moverse y cayó al suelo pesadamente con un ruido seco. Mmm... por mucho que salga en las películas, es muy difícil decapitar a una persona de un sólo golpe. Sin duda, los muertos, por alguna extraña razón, eran más blandos, más frágiles. ¿Un efecto secundario de la zombificación? No lo sabía, y tampoco iba a perder más tiempo, así que salí del centro comercial pensando hacía donde podría ir.

 

Por una parte podría ir hacia las afueras, buscar una montaña y esperar, intentando vivir de la caza. No, no lo haría. Al menos, no ahora, sin saber si había más gente como yo, más supervivientes. Con esta idea en la cabeza, cogí el plano y me dirigí hacia el centro de la ciudad...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 7

Cuando me recuperé de la impresión examiné el cuerpo y cogí la porra que llevaba. No creía que fuese a ser muy útil, pero era reconfortante tener un arma en las manos. Una idea me vino a la mente. Necesitaba armas. Armas de fuego o cortantes. Con ese pensamiento salí de la tienda.

Sólo encontré una tienda que pudiese tener algo que me fuese útil. Era una tienda donde vendían diversos objetos, entre ellos armas de fogueo y espadas. Por suerte, no tenía persiana metálica, aunque la puerta estaba cerrada, así que busqué algún objeto pesado para romper la puerta de cristal. Otra vez encontré como aliado a un extintor y, utilizando todas mis fuerzas, lo lancé contra la puerta. Esperaba que rebotase, pero en lugar de eso la puerta se rompió en pedacitos que se desmoronaron como granizo.

¡TRIIIIIIIIIIIIIING! ¡La alarma! No había caído en ese detalle. Un pensamiento me vino a la cabeza: ¿Los muertos escuchan? Azuzado por esta idea, me introduje con velocidad en la tienda. Empecé a buscar rápidamente con la vista objetos que me sirviesen, posándose mis ojos en las espadas. Sabía que la mayoría servían más como garrotes que como espadas, pero quizás las katanas que se exhibían pudiesen serme de más utilidad. Cogí el daisho que me parecía más aceptable (el wakizashi hasta parecía afilado) y me puse a buscar entre las armas de aire comprimido. Evidentemente no eran armas de verdad, pero al menos podrían servirme para aturdir o para dar el pego. Fui fijándome en las que parecían tener mayor potencia y al final cogí un subfusil y una escopeta, y, después de coger unos prismáticos y un machete que me até en la pantorrilla, salí de la tienda.

Una vez fuera me dirijí hacia la puerta de salida del centro comercial, pero antes vi que me esperaba una desagradable sorpresa...

Feliz Navidad y Porompomero Año Nuevo

Bueno, ya he cumplido un añito de blog (mira, le están saliendo los dientes) y si bien no es precisamente el blog más leído(ni ganas) al menos tengo una audiencia de calidad. Para todos los que me leen y los que no me leen les deseo las mejores fiestas, no se enfanden con sus familias, no se decepcionen con los regalos y sobre todo, pasenselo bien. Un saludo y hasta el año que viene, el Año de Los Fumadores Encabronados Tongue out

Un Día Cualquiera -- Capítulo 6

Un maniquí se abalanzó encima de mí. Me zafé con un giro brusco de mi cuerpo y mi agresor cayó pesadamente al suelo. Di un paso atrás mientras observaba lo que me había atacado. Parecía una mujer, por las ropas una vigilante de seguridad. Empecé a hablar, a decirlo que se tranquilizase y que sentía haber entrado. Sin embargo, algo en mi cabeza me decía que no bajase la guardia. La mujer se intentaba incorporar con movimientos lentos y rígidos, sin decir palabra alguna. Esa lentitud al moverse permitió que la observase con más atención. El pelo estaba sucio y enmarañado, y no permitía ver sus facciones. Sus manos... dios... sus manos eran azuladas. Me quedé observando esas manos mientras se levantaba. Y entonces vi su rostro.

Aquel rostro, en otro tiempo se adivinaba bello, ahora tenía la mandíbula desencajada en una horrible mueca. Su piel era del mismo tono blanco azulado de las manos y sus ojos me miraban sin brillo de inteligencia o vida. Salí de mi estupefacción cuando el ser levantó sus rígidos brazos y comenzó a avanzar. Busqué algo para defenderme y sólo encontré un extintor, que arranqué de la pared y usé, a modo de maza, golpeando la cabeza de la mujer cuando estaba a punto de alcanzarme. El ser cayó nuevamente al suelo, pero más por la fuerza que por el daño, ya que nada más caer empezó a levantarse. Agarré mi improvisada arma con más fuerza y, con un movimiento de arriba abajo en el que aproveché el peso de mi cuerpo, le golpeé con la base del extintor en la cara, escuchando un crujido muy fuerte cuando los huesos de su cara se quebraron. Ella siguió moviéndose torpemente, así que seguí aplicando toda la fuerza que podía desarrollar en la cabeza medio rota, hasta que no pude hacer más y empecé a golpearla en la cara frenéticamente, escuchando el golpeteo del extintor y los huesos rompiéndose en una especie de niebla roja que nublaba mi mente y me hacía ver todo muy lejano.

Cuando mi cabeza se despejó dejé caer el extintor y me dejé caer al suelo. Estaba sentado, mirando los pedazos de la cabeza de aquel ser...aquel zombi. ¿Estaba en medio de una película? Esto no podía estar pasando. Acababa de matar a un ser salido de una película de Romero. ¿Qué había pasado mientras estaba dormido? ¿Seguía dormido? Tras unos momentos de incertidumbre, mi mente se aclaró. Los zombis no existen, no hay muertos vivientes. Probablemente algún tipo de agente químico o biológico que había alterado a aquella mujer y por alguna razón yo era inmune. Quizás ese agente me había afectado haciéndome entrar en coma. Eso era lo lógico. Y posiblemente a otras personas no les afectó de ninguna forma o menos que a mí y fueron evacuados por el ejército. Fuera lo que fuera, lo que tenía claro es que estaba en una situación peligrosa...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 5

Las puertas de cristal estaban entreabiertas. Mirando por precaución, entré en el centro comercial a un paso más acelerado del que me hubiese gustado. Dentro no había nadie y la mayoría de las tiendas estaban cerradas, pero las más grandes permanecían abiertas, así que fui al hipermercado a buscar un callejero y, quizás, alguna cosa más.

 

Ver todo tan vacío de actividad daba miedo. Tras coger el callejero, me dirigí hacia la zona donde esperaba encontrar linternas, ya que, si bien hasta el momento parecía haber electricidad, tenía la impresión de que sólo era cuestión de tiempo que los generadores y las centrales dejasen de funcionar si, como parecía, no había gente para mantenerlas. También cogí una mochila, un par de cuadernos, en uno de los cuales estoy escribiendo ahora, unos bolígrafos, comida, una botella de agua, pilas, una cámara de fotos y toda una serie de artículos de supervivencia(cerillas, mechero, navaja, un botiquín, etc). Cuando acabé me dirigí hacia la farmacia y cogí una serie de medicamentos. Una vez pertrechado y después de comer alguna cosa, salí de allí en dirección al centro de la ciudad. Entonces vi el zapato.

 

Delante de mí había un zapato solitario... lleno de sangre. O al menos, parecía sangre. Al lado, un rastro de sangre. Me agaché y toqué la sangre. Seca. Levanté los ojos siguiendo el rastro hacia una tienda de ropa. Suspiré y, armándome de valor, me dirigí hacia allí. Entré lentamente, mirando hacia los lados. Estaba extrañamente tranquilo, aunque eso era algo que siempre me había pasado cuando estaba en medio de una situación peligrosa. Aunque claro, en ese momento no sabía nada de lo que me iba a ocurrir, pero lo intuía. Avanzaba entre la ropa y los maniquíes cuando...