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Güebona bitácora más que peich...

Alatriste

Alatriste

Vamos a inaugurar la sección de cine con la crítica de una película, la cacareada película más cara de nuestro cine patrio, Alatriste.

 

Las novelas de Alatriste narran la vida de Diego Alatriste y Tenorio, un mercenario y espadachín a sueldo, a través de la narración de su ahijado, Iñigo de Balboa, hijo de Lope de Balboa, un soldado que luchó junto a Alatriste en Flandes. A lo largo de las cinco novelas salen diversos personajes del Madrid del XVII, el famoso Siglo de Oro. Y precisamente ese es el primer problema de la película.

 

Resumir 5 libros en las dos horas y casi media que dura la película es una tarea imposible, ya que perfectamente se podría haber hecho una película cada uno o dos libros. Al haberlo realizado como se ha realizado hace que el espectador que no se ha leído los libros se quede en ocasiones en blanco con los saltos bruscos entre las escenas. Pasan años en un minuto y detalles realmente jugosos o explicativos de la historia quedan desdibujados con los cortes y la condensación de la película. Pero no caigamos en el error de creer que con esos cortes la película es rápida. La acción es lenta, pesada y hace que cuando falta media hora para acabar la película estés deseando salir del cine. Hay algunas escenas que francamente sobran (Iñigo yaciendo con Angélica, por poner un ejemplo) y otras que se echan en falta (¿Ver luchar a Quevedo, uno de los mejores espadachines de la época?).

 

Los mayores aciertos de la película sin duda es la fotografía, que en algunos casos recordaban, por disposición y luz, a los cuadros de Velázquez, y también conseguir transmitir el espíritu del Siglo de Oro como pocas películas han conseguido hasta la fecha, con guerras realistas y sin las luchas de espadas o el glamour propio de producciones como Los Tres Mosqueteros. Y sobre el elenco de actores… buff… mejor los desgrano, no vayan a pagar justos por pecadores:

 

- Viggo Mortensen - Alatriste: Sin ser su mejor papel (ni de sus mejores), cumple a la perfección con el personaje, aunque a veces se nota el esfuerzo vocal que realizó para que no se notase su acento. Su nivel está muy por encima de la mayoría de los actores, y hay momentos que parece que va sobrado para el papel.

 

- Unax Ugalde - Iñigo Balboa: Hace una actuación acostumbrada a lo que es él(o sea, mala), especialmente sobreactuada al lado de Viggo (¿miedo escénico?).

 

- Ariadna Gil - María de Castro: Musa de muchos (según dicen), esta tía se sacó el carné de actriz en la tómbola o algo así. SIEMPRE sobreactúa, aunque tiene la suerte de estar en algunas de las mejores películas del cine español de los últimos tiempos. En el único momento que parece emocionada es cuando se morrea con Viggo. Impagable el momento más sobreactuado de toda la película, cuando está representando una obra de teatro.

 

- Elena Anaya - Angélica de Alquézar: Otra que no lo hace demasiado bien, su único merito es salir en tetas (como en todas sus películas). Al menos podría parecerse físicamente en algo al personaje del libro. ¿No se supone que era rubia con ojos azules? Enfins…

 

- Eduardo Noriega - Conde de Guadalmedina: Lo de este chaval no tiene nombre. ¿Cómo es posible que un actor que apuntaba a tanto cada vez actúe peor? En la película lo único que hace es chillar y escupir todas las palabras que dice. En ningún momento da la sensación de un noble altivo, sino de chulo de barrio.

 

- Javier Cámara - Conde Duque de Olivares: Una de las mejores interpretaciones de la película, te llegas a creer que es el conde-duque, sobretodo cuando has leído algo sobre su persona. La única pega es el pelucón que lleva, que en ocasiones parece resbalársele.

 

- Juan Echanove - Francisco de Quevedo: Probablemente la mejor interpretación de la película o, quizás, la mejor caracterización. Echanove nunca ha sido santo de mi devoción, pero en esta película demuestra que tiene oficio.

 

Me quedan unos cuantos actores en el tintero (Blanca Portillo, Enrico Lo Verso, Pilar de Ayala…), pero sus papeles son tan cortos o tan poco relevantes en la película (que no en los libros) que tampoco les da tiempo a brillar, aunque están al nivel del resto (de pena).

 

Concluyendo, una película que podría pasar sin pena ni gloria por lo cines, pero que cuenta con el atractivo de un personaje conocido, un actor popular e internacional y una gran campaña publicitaria (“la película más cara del cine español”, “la película que supondrá un antes y un después en el cine español”), un bluff que recaudará muchos millones de los incautos (como yo) que se acerquen a verla. Sólo espero que Alatriste sea un experimento que, si bien fallido, sirva para que realmente cambien las cosas en el cine español y se hagan más producciones fuera de la “típica película española”.

La vuelta al cole

La vuelta al cole

Ya volví de London y de mi primer tramo de vacaciones, así que dentro de poco postearemos algo más por estos lares. Cuando estaba en Londres y al volver pensaba crear una entrada con el viaje, pero no sé, si bien empecé esta bitácora como un diario donde comentar lo que me pasaba en mi vida, cada vez lo he ido impersonalizando más para convertirlo en un sitio de relatos cortos. ¿Será por qué siempre he pensado que la vida de cada uno es irrelevante? Lo que queda siempre son las obras que hayas hecho, y, quizá, sobre los cotilleos que rodearon tu vida. Casi nadie se interesa por lo que REALMENTE hayas hecho, sino por lo que PROBABLEMENTE hayas hecho. Así, es más interesante saber que Errol Flynn tocaba el piano con una parte que el resto de los mortales usamos para miccionar(no seamos tan finos; mear que es como se dice en cristiano) que saber que realmente el no hizo jamás algo así. Sin embargo, la leyenda sobre este hecho ha supuesto que mucha gente, entre la que se incluye críticos de cine y estudiosos del mismo, digan que tal cosa fue real, sentado cátedra y quedando como real. Algo similar pasa con las autonomías y las supuestas “naciones” que pueblan el país, que a base de rescribir la historia de forma totalmente politizada hace creer a multitud de personas una cosa que nunca fue. Pero bueno, no hablemos de política, que este sitio no está para esas cosas y además, por mi propia experiencia, nunca se llega a nada.

 

A lo que viene todo esto es que en esta nueva temporada voy a escribir un poco más de una de mis pasiones, el cine, y sobre sus chismorreos, así como de leyendas urbanas, intentando resolver las dudas que se puedan. Y de algún temilla más que tengo en el tintero, a modo de sorpresa. Ah, y, por supuesto, seguiré con mis relatos cortos, la 2ª Temporada de Un Día Cualquiera (con nuevo título) y colaboraciones muy jugosas. Permanezcan atentos a sus pantallas…

 

Y de regalo, una foto de mi profunda meditación acerca de que poner en la nueva temporada. Un gallifante a quien diga en que parte de Londres está hecha.


 

De vacaciones hasta septiembre

De vacaciones hasta septiembre

Weno, weno, weno.  Como habéis podido imaginar, se acabó la temporada del serial. Ahora vienen las vacaciones Chulo (Londres, allá voy). Espero que me enviéis algún emilio sugiriéndome cosas o simplemente, dando vuestra opinión sobre la serie. Se que su periodicidad no ha sido tan regular como me hubiese gustado, pero no todas las semanas puede subir cosas y, aunque los capítulos estaban escritos con varias semanas de antelación, a veces había que hacer cambios de última hora, muchas veces por sugerencias de los lectores. A todos gracias por vuestras sugerencias y/o críticas. También, para la temporada que viene, voy a abrir el blog para que el que quiera pueda enviar sus seriales o historias cortas.

 

Yo por mi parte prometo más emoción, giros sorprendentes y conclusión de algún hilo suelto. Un saludillo y pasad un buen verano Guiño

Un Día Cualquiera -- Último Capítulo

Avanzaba por la calle. Hacía unas dos o tres horas que había escapado y estaba en una de las calles principales, muy cerca del centro. Por uno de las calles laterales vi salir a un grupo de muertos. Me preparé para el enfrentamiento, pero no se me acercaron. Parecía que iban en mi misma dirección. Vigilándoles, seguí avanzando. Conforme caminaba veía salir cada vez más muertos de las calles laterales, y todos parecían no verme. Un escalofrío recorrió mi columna, como siempre hacía cuando algo me daba mala espina. Empecé a tener miedo. Y, entonces, vi el muro.

 

Una masa de muertos vivientes taponaba la calle. Estaban de espaldas a mi, pero el espectáculo me dejó absolutamente paralizado. Sólo me despertó de mi aturdimiento un golpetazo en mi hombro, propinado por un muerto que pasó por mi lado, haciendo caso omiso de mi persona. Mi mente volvió a funcionar y, después de buscar con la mirada un portal, me dirigí hacia allí. La puerta estaba cerrada, y como no quería disparar a la cerradura, fui hasta otro portal, y después a otro, hasta que por fin encontré uno que estaba abierto. Entré y subí las escaleras rápidamente, hasta que llegué a la terraza. Abrí la puerta y me dirigí hacía la zona de la terraza que me permitiría ver la calle y posiblemente la plaza. Me asomé y, por segunda vez en el día, me quedé paralizado.

 

La plaza estaba llena de muertos, que se apretaban hacía el centro de la misma. Por las calles laterales llegaban cada vez más muertos. Y la salida del metro estaba colapsada por los muertos que salían del subsuelo. Volví mi vista al centro. Había una figura encima de algún tipo de pedestal. Saqué los prismáticos de mi mochila y miré. Parecía un hombre, pero su larga túnica y la capucha que desde mi posición cubría su rostro hacía imposible adivinar su sexo o si era o no un muerto viviente. Lo que si sabía era que ese encapuchado era quien había atraído a los muertos a su alrededor. ¿Y también a los vivos? Desde el principio había querido ir al centro, y ahora estaba viendo lo que había en el centro. Y no me gustaba. De repente oí unos gritos y vi como unos muertos llevaban a un grupo de personas hacia el encapuchado. Antes de poder reaccionar siquiera, vi como mataba a una de las mujeres del grupo y como, a los pocos segundos, la mujer se levantaba como muerta viviente. Asistí, hipnotizado, al momento en que la mujer, a la orden del encapuchado, mataba y empezaba a devorar a otro de los integrantes del grupo. Era demasiado para mi. Sabía que no podía hacer nada, y sólo quería irme lejos, muy lejos. Abandoné el edificio y empecé a correr, huyendo de la zona.

 

Horas más tarde, en mi camino hacia las afueras de la ciudad, pensaba en lo que había visto y vivido, no sólo en el centro de la ciudad, sino en mi camino al mismo. Y me asaltaban las dudas.  ¿Por qué había edificios caídos y destrozados? ¿Quién me disparo? ¿Quién era la mujer que me salvó? ¿Qué había presenciado en el centro? Entonces no podía imaginar que las respuestas me iban a costar tanto, aunque eso será otra historia...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 29

La mujer me miraba de vez en cuando, pero en ningún momento se dio cuenta del ligero movimiento de mis manos al rasgar lentamente la cuerda. De repente las cuerdas se soltaron, cortadas por la navaja. Intenté mantenerlas en mis muñecas, como si nada hubiera pasado, pero me fue imposible, ya que la cuerda se había deslizado al suelo. Tenía que actuar rápido.

Me levanté rápidamente hacia la mujer, que al darse cuenta de mi movimiento sólo le dio tiempo a boquear cuando atravesé su garganta con la navaja. La tapé la boca mientras con la otra mano la degollaba lentamente, mirándola a los ojos, que incrédulos me devolvían la mirada. Ni siquiera hizo ademán de defenderse mientras se desangraba. Daba sus últimos estertores cuando yo me había rearmado por completo. Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo que había hecho. Había matado a sangre fría a un ser humano. Oleadas de remordimientos acudieron a mi cabeza, y decidí que lo mejor que podía hacer era irme. Siempre he creído en el karma, así que ya recibirían su castigo. Abrí la puerta y me deslicé sigilosamente hacia las escaleras, bajándolas sin hacer ruido alguno. Una vez apartados los cubos que aseguraban la puerta que daba al exterior, me introduje en la noche, oscura como la muerte que acechaba por las calles malditas de la ciudad. Volvía a estar sólo y, francamente, consideraba que estaba mejor así.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 28

Me levanté al mismo tiempo que intentaba aflojar las cuerdas de mis muñecas. Paré al ver que cerca de donde montaba guardia el hombre estaba mi equipo. Rápidamente me dirigí allí y, aunque no estaban mis armas, recuperé la navaja que tenía en uno de los bolsillos exteriores de la mochila. Escuchaba discutir en el pasillo, y unos pasos acelerados que se acercaban. Opté por esconderme la navaja como pude y volver a mi sitio. Vi pasar un par de sombras por el pasillo, una de las cuales (el hombre del machete) gritó una orden al hombre gordo, que volvió a la habitación donde me encontraba para seguir vigilándome. Varias ideas de fuga asaltaron mi mente, pero las deseché casi de inmediato. Tenía entre mis manos la vía de escape, y sólo era cuestión de tiempo el aprovecharlo.

 

Al volver los dos hombres que habían salido a investigar los presuntos ruidos discutieron en voz baja con el hombre gordo, reprendiéndole. De vez en cuando me miraban con cara de odio, pero no se acercaron en ningún momento ni me dijeron palabra alguna. Cuando por fin se fueron me volví a quedar sólo con el hombre gordo, que se acerca hacia mi y me golpeó un par de veces, mientras decía que no volviese a hablar. Después se tranquilizó y, sentándose en el otro extremo de la habitación, acabó toda la guardia con sus ojos clavados en mí. Cuando llegó el relevo, que resulto ser la mujer de la pistola, aproveché un momento que no me miraban para abrir ligeramente la navaja y, arrastrándola hacia el interior de las cuerdas para que no se viese, dispuse la hoja de tal manera que pudiese empezar a rasgar las cuerdas.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 27

Estaba en el salón de la casa rodeado del grupo que había salvado de la muerte. Y como agradecimiento, me habían desarmado y atado las manos. El tío del machete me hacía preguntas acerca de donde venía, porque estaba tan armado, porque había pasado esto... Como respuesta, sólo obtenían mi mirada de odio y, de vez en cuando, hablaba para decirles que me soltasen. Habría colaborado con ellos, habría contestado a las preguntas a las que tuviese respuesta, pero... pero al entrar al salón había encontrado a Edgar muerto. Le habían matado. La visión de su cabeza cercenada a sangre fría hizo que no me diese cuenta de como me golpeaban por detrás hasta que caí al suelo. Sin embargo, no me dejaron inconsciente, pero el shock hizo que no me rebelase cuando me ataban. Al salir de mi estado, sólo tenía una rabia asesina. Miraba como hablaban entre ellos, como me preguntaban y como el del machete de vez en cuando se acercaba para pegarme. Sólo parecían estar en contra uno de los hombres, que intentaba parar la locura colectiva, pero que acabó por echar la toalla cuando se vio impotente, y la histérica y el niño, que no hacían más que llorar diciendo que eso no estaba bien. "Vosotros dos... y tú", dije, dirigiéndome a los tres, "iros de aquí. Iros a otra habitación. No tenéis por que presenciar esto". Mi rabia crecía, y no quería que saliesen heridos. El hombre del machete me golpeó la cara mientras me decía que me callase. Mi nariz empezó a gotear sangre, pero no me dolía. No me dolía nada. Esa era mi ventaja. Todo era cuestión de tiempo.

Llegó la noche y me dejaron con el otro hombre para que me vigilase. Estaba armado con una escopeta. Malo. Observé al hombre. Tendría cuarenta y tantos y no estaba en demasiada buena forma. También estaba muy nervioso. Bien, hora de empezar el espectáculo. Me quedé quieto, alargando mi cuello y girando mi cabeza ligeramente. Estuve así el tiempo suficiente como para que el hombre me preguntase que qué estaba haciendo. "Escuchar", contesté. "¿Qué escuchas?", preguntó, a lo que contesté que nada. El hombre pareció tranquilizarse cuando volví a intentar dormir. Al cabo de un rato volví ha hacer lo mismo, y cuando me volvió a preguntar contesté que nada, pero esta vez con una voz más dubitativa. Y me volví a intentar dormir, vigilando con los ojos entreabiertos el creciente malestar y nerviosismo del hombre. Sudaba mucho y movía la cabeza intentando escuchar algo. Cuando le vi suficientemente nervioso, volví a abrir los ojos y a escuchar la noche. "¡¿Qué pasa?!" preguntó el hombre, con la cara lívida de miedo. "Nada," contesté yo, "los muertos vienen a reclamar a los vivos". La cara desencajada del hombre y el gritito que profirió reconfortó mi alma. Se levantó de la silla como impulsado por un resorte y se dirigió hacia las habitaciones, para avisar al resto, dejándome sólo en el salón. Jaque... ahora tenía que conseguir el mate.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 26

¡Crash! El cristal de la puerta se rompió de un golpe propinado por uno de los muertos, pero el metal resistía. Por suerte, los muertos no eran capaces de manipular el pomo, o simplemente no se habían dado cuenta, ya que la puerta no estaba cerrada con llave y abriendo la puerta hubiese sido muy fácil hacer fuerza para reventar el cubo de basura que había puesto para atrancar la puerta. Apunté con el arma y disparé. El zombi que había roto el cristal cayó al suelo con una bala alojada en la cabeza, pero otro le sustituyó. Otro tiro, fallado, y otro más, esta vez mucho más certero,  acabaron con otro muerto. Si no me había equivocado, quedaban cinco. El tiempo pasaba despacio mientras iba acabando con los muertos vivientes. Cuatro, tres, dos... cuando el último se desplomó había tenido que recargar la pistola sólo una vez, ya que apuntaba con cuidado, para no desperdiciar balas. Bajé a la entrada y reforcé la puerta apuntalándola con otro cubo de basura. No parecía haber más zombis por la calle, así que subí a ver a la gente que había ayudado.

 

Al entrar en el piso encontré a uno de los hombres con un machete levantado y con la cara desencajada. Sin duda esperaba ver un muerto viviente... ¿o no? El hombre me dijo nerviosamente que tirase las armas, mientras una de las mujeres salía de un lado con una pistola y me apuntaba. Cuanto gilipollas. Pero eran gilipollas nerviosos y armados, así que lentamente les dije que se tranquilizasen, que estábamos en el mismo bando, mientras dejaba lentamente mis armas en el suelo. El hombre del machete se acercó a recoger las armas. Después me condujeron hacia dentro y cerraron la puerta de la calle.  

Un Día Cualquiera -- Capítulo 25

"¡Por aquí!" grité, y varias cabezas, vivas y no vivas, se giraron hacia mí. Salí del portal y avancé con seguridad hacia el grupo de muertos más cercano, los que cortaban la retirada, mientras observaba como el grupo de supervivientes se quedaba paralizado. Si no se movían hacia dentro, peor para ellos. Alcé la escopeta y disparé a uno de los zombis, reventándole la cabeza, y acto seguido, disparé hacia otro, está vez con menos fortuna, ya que el disparo le dio en el pecho. Al instante, los supervivientes se despertaron y empezaron a correr hacia la casa. Mi tercer disparo fue más certero, y el no muerto calló al suelo presa de violentas convulsiones, que cesaron en poco tiempo. Bien, quedaban ocho. Miré detrás y vi que todos los supervivientes habían entrado en la casa. Volví a mirar al muerto más cercano y, tomándome mi tiempo en apuntar, disparé y la bala atravesó limpiamente su frente, cayendo instantáneamente al suelo. Los otros muertos se acercaban, pero estaban a suficiente distancia como para darme tiempo a entrar en el portal y atrancar la puerta, así que dejé de hacerme de héroe de película de acción y entre en la casa.

Cuando entré los supervivientes retrocedieron con miedo. Sin prestarles atención cerré la puerta, atrancándola con un cubo de basura. Desde luego no era muy resistente, pero me daría tiempo para apostarme en la escalera y disparar conforme fuesen entrando o bien, con un poco de suerte, subir al piso de arriba y disparar hacia la calle. "Subid" dije al grupo. Una de las mujeres pego un grito y empezó a llorar. "Genial" pensé, "una histérica". Uno de los hombres le cogió del brazo y, prácticamente, la arrastró hacia arriba. El resto los siguió, mientras se escuchaban los golpes en la puerta. Yo me quedé a mitad de la escalera, apuntando con la pistola hacia la puerta. Si alguien pasaba, le costaría caro…

Con motivo del Día del Orgullo Friki se hicieron varias actividades a nivel nacional, entre ellas una concentración en la plaza de Callao en Madrid, donde se iba a realizar un comecocos en vivo. Yo me presenté sólo en la plaza y, como llegué pronto y no había nadie, me fui a ver libros y dvd’s al Fnac, para hacer tiempo. En el Fnac  vi algún friki que supuse que hacia tiempo como yo, pero no, algunos de ellos simplemente eran pijos gafapastas con camisetas de Barrio Sesamo y cosas así, que es muy ‘cool’. Enfins, conforme se acercaba la hora de la convocatoria (las 8 de la tarde), me acerqué otra vez a la plaza, y ahora si había más gente, pero la mayoría estaban como tímidos alrededor, como diciendo “si no viene nadie no me acerco”. En ese momento conocí a dos personas, una chica que se llamaba… eeeeeh… este… no me acuerdo, soy muy malo para los nombres  y otro chico que… mmm… tampoco me acuerdo, y empezamos a hablar de lo del día y la falta de organización.

 

Estábamos en ello cuando de repente, por una esquina, llegó Pac-Man (que por cierto, no se porque cojones le llamaron Pac-Man y no el Comecocos, mucho más friki). Esto causo cierto revuelo y, después de unos momentos del Comecocos, los Fantasmas y los organizadores en plan estrellas mediáticas,  el señor Buebo (el organizador) leyó un discurso sobre el origen del Comecocos y las reglas básicas del juego. Una vez leído, empezó la cosa, que fue bastante hilarante, la verdad, sobre todo cuando todo se fue de las manos y empezaron a llegar gente vestida de Indiana Jones, de cowboys, de Hulk Hogan con seguidores (impresionante el espectáculo que montaron, con pelea de wrestling incluida), Darth Vader,  y más y más frikis que se iban uniendo hasta hacer un número que yo creo que era entre 300 y 500 personas en según que momentos. Aunque el mejor momento de la tarde fue cuando llegaron los antidisturbios por un lado y al mismo tiempo llegaban por el otro lado unos Imperiales de Star Wars.

 

Después de disolvernos pacíficamente, la mayoría de los que quedaban allí reunidos siguieron la fiesta en Plaza España, pero yo decidí acercarme a la fiesta que habían montado los de ozu.com, para ver de qué iba la cosa. Cuando llegué al sitio me dio mala espina. Era demasiado pijo. Y, efectivamente, la fiesta estaba llena de pijos disfrazados fans de los 80’s. Y como buena fiesta de pijos, era bastante sosa, así que me fui pronto a casa.

 

Como anécdotas personales, decir que me volví a encontrar con los chicos que había conocido cuando esperaba al Comecocos en la fiesta y coincidieron conmigo en lo de lo pijo de la fiesta, y también nombrar que mi camiseta fue un éxito(lo suelen ser, pero lo de ayer fue exagerado). Era una camiseta con motivos del Monkey Island, y en Callao uno llegó a querer cambiarme su camiseta y 6 euros por mi camiseta (cosa que decline muy amablemente) y después en la fiesta una pareja que iba vestida de una pareja manga pero que a mi me recordaban a Austin Powers también me preguntaron donde la había conseguido, e incluso se hicieron una foto conmigo sólo para que saliese la camiseta. Estos frikis…

El Día del Orgullo Friki

Después de muchos años, después de mucho sufrir los desprecios y los comentarios de la gente, por fin hoy tomaremos nuestra justa venganza, porque hoy es el Día del Orgullo Friki. Hoy los frikis de todas índoles y clases, los trekis, los galaxieros, los roleros, los otakus, los marvel zombis, todos, nos uniremos para proclamar con orgullo nuestras aficiones. Hoy tomaremos todas las ciudades y pueblos, los viejos nos mirarán con miedo cuando vayamos disfrazados como los Lordi a plena luz del día. ¡FRIKIS, HOY EL MUNDO SERÁ VUESTRO! ¡BWAHAHAHAHAHAHAHA!

Un Día Cualquiera -- Capítulo 24

Edgar estaba en un estado febril y deliraba mientras lo arrastraba hacia un portal. La puerta estaba cerrada, así que saqué la pistola y le pegué un tiro en la cerradura. A pesar de lo que sale en las películas, la puerta siguió cerrada, así que me dirigí a otro portal y este si que lo encontré abierto. Cerré la puerta a mi paso y subí hasta el primer piso. Disparé a la cerradura y esta vez si conseguí inutilizarla. Dejé a Edgar en la puerta y, con la pistola en la mano, me introduje en el piso para explorarlo. No encontré nada, así que volví a por Edgar y le llevé hasta una cama. Luego me dirigí al baño en busca del botiquín, llené una palangana con agua y empecé a hacer lo que podía y sabía para intentar curar o aliviar a Edgar, angustiado por mi incapacidad para hacer algo más. El brazo está en su totalidad negruzco. Y hacia poco pensaba que no eran más que simples arañazos. Sin duda, lo muertos deben tener algún tipo de virus, bacteria o toxina que, a modo de veneno, va matando lentamente. ¿Cómo se cura un veneno?

¿Oía ruidos en la calle? Eran... gritos.  Me acerqué a una ventana y me asomé con cuidado. En la  calle había un grupo de personas corriendo, armados con palos, huyendo de un grupo de muertos. Por un momento pensé en esconderme, pero en lugar de eso cogí la escopeta y bajé rápidamente a la calle. Cuando bajé por las escaleras hoy un grito, y al salir a la calle me di cuenta de que era porque por el lado de la calle por el que intentaban escapar estaba cerrado por tres cadáveres andantes. Desde el portal miré al grupo de vivos, eran seis, dos mujeres, tres hombres y un niño, a los tres zombis que tapaban la retirada y a los siete que les perseguían. "Bueno," pensé "empieza la fiesta"...

Crónicas de las Johnnyjornadas'06

Este fin de semana me fui a las Johnnyjornadas 2006 y, bueno, he de decir que me lo pasé bastante bien. Las Johnny son unas jornadas de rol, estrategia y demás cosas que gustan tanto a los denominados frikis(entre los que me incluyo) y, si bien aun les falta un poco para ser una referencia en este tipo de eventos, apuntan maneras y harán una cosa eficaz si deciden hacer el "gran salto" a unas jornadas nacionales o a las tan requeridas jornadas de ámbito nacional en Madrid, a la manera de las GenCon en Barna City. Y ahora vamos con la crónica.

 

Llegué el viernes poco después de la inauguración y, después de inscribirme, me apunté a una partida de Cazafantasmas. Pero como ya me pasó el año pasado, la partida no empezó a la hora prevista, y viendo que el master estaba jugando a algún juego de cartas, decidí apuntarme a otra partida que estaba a punto de empezar. La partida era de Ánima, un juego al que nunca había jugado de corte manga-renacentista, de esos donde las tías van con tangas y los tíos tienen espadas tres veces más grandes que ellos(alguna vez escribiré un artículo de como ODIO el manga en general). La partida en si estuvo divertida, pero el sistema de juego me pareció lento, y todos los toques manga eran ridículos(los Templarios, supuestas máquinas de matar, son niños llenos de esteroides, entre otras cosas).

 

Al día siguiente me presenté por la mañana y, como no encontraba partidas interesantes (había una de Dungeons a la que me quería apuntar, pero estaba completa) me apunté a una de la Llamada de Cthulhu. No voy a entrar en detalles, la partida fue correcta, aunque a veces un tanto tediosa (como suelen ser), y seguía el esquema de todas las partidas de Cthulhu, es decir, situación normal-pasa un crimen extraño-se investiga-sale el bicho-ganan los pjs-acaba la partida con otro bicho y no hay salida. La verdad, después de tantos años se podría currar algún otro tipo de aventura. Además, eso de tirar cordura por absolutamente siempre me ha parecido un tanto irreal. Vale que se tire cuando te sale un horror abismal, pero vamos, que un médico forense tire cada vez que encuentra un cadáver mutilado... Grissom no hubiese durado ni un capítulo del CSI con las reglas del Cthulhu. Enfins, después de comer me apunté a una partida de Reinos de Hierro, sin duda la mejor que jugué en todas las jornadas, y después de aquello me fui para casa con un buen sabor de boca.

 

El domingo me levanté con ganas de hacer una partida de Midnight, así que lo cogí y al llegar a las jornadas inscribí mi partida. Tardé bastante en empezar, ya que no tenía personajes hechos y, a pesar de ser nivel uno, tardé más de lo necesario en acabar los personajes. La partida estuvo bien, los jugadores se lo pasaron bien y yo me lo pasé bien, y además acabé a tiempo de ver los concursos de la tarde.

 

Los concursos fueron: El Hobbit Zampabollos, consistente en comer una serie de bollos en menos tiempo, parte de los cuales luego los pude ver en el baño (el estómago es lo que tiene, que si le maltratas se rebela), el concurso del Enano Borracho, consistente en beber dos litros de agua azucarada en el menor tiempo posible, después el de Gritos (no hace falta que describa en que consiste) y por último el Rival más Friki.

 

Este consiste en una ronda de preguntas sobre diversos temas supuestamente frikis a varios concursantes. A mi me interesaba apuntarme, pero no lo hice porque me imaginaba de que iban a ser las preguntas. Había varios temas, entre ellos había uno dedicado a series, otro a manga y otro a Japón. También había películas y cosas así, e incluso me sorprendieron con preguntas sobre rol. ¿Y por qué digo que me sorprendieron? Pues porque lamentablemente las preguntas sobre series eran series manga, las de japón pues eso (¿qué coño tiene de friki Japón? Friki hubiese sido preguntar sobre el cine turco o sobre la cultura hindú, oñe) y el cine... ¡exactamente! sobre autores japoneses. ¿Qué podemos hacer los frikis que no nos gusta ni el manga ni adoramos la cultura japonesa (esa que denigra a la mujer y que tiene un sistema tan bonito y justo de castas)? Pues fácil, jodernos. En el concurso podría haber preguntas de manga y Japón, pero de ahí a que sea el tema dominante... Enfins, supongo que como siempre voy contracorriente de lo general (en este caso, lo general friki).

 

Para finalizar las jornadas la organización programó un espectáculo de magia que fue absolutamente genial a partir de que los magos perdieron los nervios. De verdad, que tanto mi media alma como yo disfrutamos como enanos con un barril de cerveza con los trucos.

 

Para concluir el artículo, y como crítica constructiva a la organización, decir que se pierde mucho tiempo inscribiendo en el ordenador, al menos si los que manipulan el mismo no tienen bastante agilidad a la hora de escribir y manejarse con el ordenador, así que para el año que viene mejor que hayan dos personas, una que inscriba a mano y otra que lo transcriba al ordenador, al menos en las horas de máxima afluencia. Pero esa es la única prueba que puedo poner, ya que por lo demás es un 10. A todos los que me lean y hayan estado por allí, espero veros el año que viene o a ser posible antes. ¿Alguien va a las CLN? Enga, sed felices y que la fuerza os acompañe.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 23

Tenía las llaves en el contacto, así que las cogí y abrí el maletero. Por suerte, pasó como en las películas, y tenía una escopeta en su interior. Cogí la escopeta, los cartuchos y lo que buscaba en un principio, el botiquín, y, tras darle la escopeta a Edgar, nos fuimos hacia un portal y allí le hice una cura mejor de la que le había hecho en un principio. Cuando acabé de vendarle el brazo, que estaba adoptando una coloración negro-azulada que no me gustaba nada, seguimos nuestra marcha. Por el plano estábamos cerca del centro.


Empecé a pensar en la batalla que habíamos tenido, mejor dicho, en el hecho de que no me doliesen los golpes. Miré mi pecho y vi como se había formado un enorme moratón. Lo toqué, y aunque sentí como lo tocaba, no me dolía. ¿Me había vuelto insensible al dolor? Pellizqué una de mis mejillas. Nada, notaba mis manos y mi cara, pero por más que retorcía la carne, lo máximo que lograba era una ligera molestia. ¿Un efecto secundario del mordisco que había sufrido?. Quizá me había medio zombificado, y eso me hacía insensible al dolor. Y al cansancio. Caí en el hecho de que durante la pelea no me había quedado sin resuello en ningún momento. Bueno, sin duda en un mundo tan peligroso había salido ganando con el cambio. De repente escuché un ruido detrás de mí. Me giré y vi a Edgar, caído en el suelo y temblando...

Un Día Cualquiera -- Capítulo 22

Avanzábamos por las calles a paso lento, ya que a Edgar le dolía cada vez más el brazo. Aún así, insistía en seguir con nuestra marcha, más por cobardía que por valentía, ya que de vez en cuando miraba hacia detrás con miedo. Se notaba que quería alejarse del lugar donde habíamos sufrido el ataque. A mí no se me iba de la cabeza los ojos del muerto con el que había luchado. Me preocupaba el hecho de enfrentarme a zombis inteligentes, capaces de manipular objetos y hacer emboscadas. ¿Podría ser algún tipo de proceso evolutivo? ¿O una mutación? Una idea se formó en mi mente. ¿Y si era parte de un grupo, quizás un experimento fallido que diese como resultado seres capaces de propagar un virus que convirtiese a la gente en zombis? ¿Algo con fines militares?

Un ruido a mi derecha me sacó de mis pensamientos. Un apestoso tambaleante con traje de policía se acercaba hacia nuestra posición. Edgar se puso nervioso y apuntó hacia el muerto, pero yo le frené. No sabía si los muertos tenían unos sentidos análogos a los nuestros, pero no quería que la detonación de la pistola se oyese por toda la manzana. "No hay que despertar a los muertos", dije a Edgar a modo de explicación. Saqué la katana y me acerqué al cadáver andante, despachándolo con un par de tajos. "Se está haciendo cada vez más fácil", pensé con cierta tristeza, al comprobar la destreza que había adquirido para matar. Un poco más lejos del policía había un coche y, después de desabrocharle el cinturón con la cartuchera y dárselo a Edgar, me dirigí hacia el vehículo.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 21

Vuelo por el aire. Me estrello en el suelo. La katana se desliza de mi mano y se aleja un par de metros de mi lado. ¿Qué me ha golpeado? Miro hacia el lugar donde estaba antes y veo a un ser de al menos dos metros de altura. En sus manos lleva un trozo de madera, y la balancea mientras se acerca hacia mí. Por su posición me ha desplazado unos dos metros. Esta muerto, pero no parece un muerto normal. Sus movimientos son más suaves y rápidos. Y sus ojos, su mirada, parecen poseer un brillo de inteligencia. Se abalanza hacia mí mientras levanta el palo por encima de su cabeza, para bajarlo con fuerza descomunal hacia mi posición. Por suerte, ya no estoy cuando el golpe hace que el palo se rompa contra el suelo. En mi mano ya sujeto la katana y miro de soslayo a Edgar. Parece que ha conseguido zafarse del zombi y ha recuperado la pistola. ¡ZHOOSSH! Esquivo el arma astillada de mi adversario, que pasa a pocos centímetros de mi cabeza y lanzo una estocada a su cuerpo. Sajo carne, pero no le para lo más mínimo y con su mano libre me golpea en la cara. El golpe me hace trastabillar, pero no siento dolor y vuelvo a lanzar otro golpe, esta vez a la pierna. Corto todos los músculos y tendones, lo que hace que tropiece y pierda ligeramente el equilibrio durante unos segundos, tiempo que le resulta mortal, ya que cuando se recupera mi espada atraviesa su mandíbula y sigue su camino hasta su cerebro. Me mira con sus ojos brillando de odio, antes de apagarse cuando deslizo mi arma fuera de su cráneo. Miro hacia Edgar. Sostiene su pistola temblando. Ha acabado con el muerto que le amenazaba, pero veo su brazo destrozado por los mordiscos y me pregunto si podrá continuar la marcha.

Intento tranquilizar a Edgar, que se pone a llorar, y empiezo a curarle el brazo de la mejor manera que puedo. Al final consigo pararle la hemorragia, y hago que se levante. La herida es menos grave de lo que parecía el principio, sólo son desgarros superficiales, y el golpe que había recibido parece que no ha roto nada, así que en cuanto Edgar se ve con fuerzas continuamos el viaje. Por mi parte tampoco tengo roto nada y los golpes no me han producido dolor alguno, lo cual me resulta muy extraño.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 20

Habríamos pasado unos 20 minutos comiendo, así que, sino teníamos ningún contratiempo, llegaríamos antes de que anocheciese al centro. ¿Y luego qué? Esa pregunta asalto mi mente. La respuesta era que no tenía respuesta. Ya no sabía porque iba hacia el centro. Sólo sabía que el impulso inicial lo seguía teniendo. Edgar agarró mi camiseta, haciéndome girar. Le miré a los ojos y vi que no me miraba. Seguí su mirada hacia el lado izquierdo de la calle y vi la entrada de un garaje. En ella había cinco muertos, dirigiéndose hacia nosotros. Estaban a unos seis metros y no se movían a mucha velocidad; caminando rápido los podíamos dejar atrás sin demasiada dificultad. De repente algo paso por mi derecha. Era Edgar, que había empezado a correr, presa del pánico. Empecé a correr tras él, gritándole que se tranquilizase. Súbitamente, vi un cuerpo volar delante de mí.

Edgar está volando, su cuerpo desmadejado por un impacto tremendo. Sigo su trayectoria hasta verle caer a los pies de los muertos vivientes. Joder. Le están rodeando. Con el rabillo del ojo veo un movimiento en mi derecha. Algo, lo que ha enviado a Edgar a los muertos, acecha en el portal. Vuelvo a centrar mi atención en Edgar. El golpe le ha dejado semiinconsciente. Los muertos se empiezan a agachar para darse un festín. Noto el peso de la escopeta en las manos y un martilleo mi cabeza. ¡BANG! Los cañones humean delante de mi. Más allá un zombi decapitado cae al suelo. Me acercó hacia el resto y cae otro muerto viviente, con el cráneo explotando como una sandía madura al caer al suelo. Quedan tres. Estoy al lado de uno de los zombis, le golpeo con mi cuerpo aprovechando el impulso para apartarle y disparo a bocajarro a otro. A pesar de la distancia falló el disparo y le vuelo su brazo derecho. El martilleo de la cabeza se intensifica y empieza a ser doloroso. Un segundo de distracción es suficiente para que el tercer zombi muerda el brazo derecho de Edgar. No me atrevo a dispararle, así que suelto la escopeta mientras mi mano izquierda desenfunda el wakizashi. Siento el pútrido aliento del muerto que he apartado detrás de mí así que me giro hacia la derecha mientras levanto mi pierna buscando su cabeza. Me sorprendo al encontrarla y acabo el movimiento circular lanzando mi mano izquierda con la espada empuñada a través del cuello del no muerto. Oigo como cae su cabeza al suelo, pero ya estoy centrado en el muerto que mordisquea el brazo de Edgar. Con un movimiento desde arriba atravieso limpiamente se cráneo y dejo el arma trabada. Queda el último, que me golpea con el brazo sano. Apenas noto el golpe mientras flexiono las piernas y me agacho ligeramente, para acto seguido lanzar mi cuerpo como un resorte hacia delante, golpeándole en el pecho y haciéndole caer desplazado hacia atrás. Saco la katana y ¡TUMB!...

Juguetes apestosos y otras cosas

Juguetes apestosos y otras cosas

Hola, holitas. Iba a hablar acerca de una anécdota que me ocurrió ayer. La cosa fue que iba con mi media naranja a una conocida tienda de juguetes buscando una masilla para modelar cuando, a la salida de ella, en el mostrador había un tubo con juguetes sorpresa por un euro. El caso es que pillamos dos, uno de envoltorio rosa para chicas y otro azul para chicos. El rosa tenía en su interior un peluche de un tomate asexual(no se sabía si era carne o pescado) y en el azul había ...¡un pestuncio !. ¿Que qué es un pestoncio? Los pestuncios son unos muñequitos que vienen dentro de un huevo de plástico al estilo de los kinders, y a su vez van dentro de unos sobres herméticos, que llevan una carta con las características del bicho, debe ser para jugar a una especie de Magic.

El pestuncio en cuestión es un muñeco de aspecto repugnante que tiene la magnífica cualidad de soltar un olor fétido cuando se aprieta. ¿Cuando se aprieta sólo? Pues no, sin ser apretado apesta, de hecho apesta tanto que el olor atraviesa el huevo. El olor en si se pega a todo lo que está cercano al bicho, y no sólo eso, sino que también el liquidillo que suelta hizo que me empezase a picar la piel. Cuando sentí ese picor me dije, "¿Quién coño compra esto a un niño? ¿Herodes?". Y es que, viendo algunos juguetes, uno se pregunta quien le comprará a su hijo un muñeco que se caga o vomita, o esos que les aprietas la cabeza para que se desparramen los sesos por las orejas y la nariz. Luego nos extrañamos que los niños y adolescentes de hoy en día sean violentos y estén agilipollados (más de lo que estabamos nosotros a esas edades, que ya es decir). Enfins pilarins, al final supongo que será otro producto más para frikis del coleccionismo y descerebrados bakalas.

PD: La foto no tiene nada que ver pero me ha molado Laughing

Un Día Cualquiera -- Capítulo 19

Avanzábamos sin pausa a buen ritmo. Yo abría la marcha con la escopeta en los brazos, con Edgar detrás mirando hacia los lados y hacia atrás nerviosamente. Íbamos por el centro de las calles, blancos perfectos para francotiradores pero menos perfectos para muertos agazapados en portales. Ya no lloviznaba, pero las nubes seguían siendo tan densas como recordaba. Edgar de repente me cogío del brazo y señaló hacia un lado de la calle. Allí había un par de muertos andantes caminando en la misma dirección que íbamos nosotros. Me giré y le dije que se tranquilizase, y señalé hacia una calle lateral. Rodearíamos a los muertos. No tenía ganas de ningún enfrentamiento, y unos disparos en una ciudad tan silenciosa se oirían a bastante distancia.

Nos encaminamos sigilosamente por la calle lateral, vigilando de reojo que los muertos no nos oyesen o viesen. Cuando los perdí de vista parecía que no nos hubiesen detectado, así que suspiré aliviado y tras decir a mi compañero que había pasado el peligro, seguimos avanzando, está vez callejeando por calles más estrechas. Cada poco tiempo revisaba el mapa. Realmente era una vuelta más grande de lo que esperaba, pero bueno, media hora más de viaje me parecía un precio aceptable por evitar una confrontación. Cuando tuvimos hambre paramos un momento delante de una tienda de comestibles china y, tras comprobar que no había peligro, entramos a comer y beber algo. Llevaba provisiones, pero prefería guardarlas para cuando las necesitásemos. Mientras comíamos le di a Edgar una de las pistolas y un par de cargadores, así como unas nociones básicas basadas en mi corta experiencia con las armas de fuego. A él se le iluminaron los ojos cuando se vio armado, seguramente al sentirse más seguro. Estuvimos hablando un poco, mejor dicho, yo hablé y el escribió, enterándome así que era ecuatoriano y que había tenido una experiencia parecida a la mía, pero al revés que yo el se había escondido en un supermercado, y allí seguiría si no fuese porque un día le encontraron unos muertos y, aunque al principio no pudieron entrar, al final se reunieron muchos y consiguieron echar la puerta abajo. Edgar consiguió huir subiendo al tejado y saltando a un edificio contiguo, armado con un bate de béisbol. Eso había sido hacia tres días, y desde entonces se había enfrentado a un par de muertos, el último de los cuales había sido poco antes de haberme encontrado. Cuando acabé de leer su historia le dije que debíamos irnos ya, así que nos levantamos, cogí unos paquetes de chicles y seguimos nuestro camino.

Un Día Cualquiera -- Capítulo 18

Desperté pronto, al amanecer. Me desperecé y, tras comprobar mi equipo, salí de la sala y de la comisaría. Seguía nublado, y caía una llovizna que apenas mojaba. No había muertos en la calle, así que con tranquilidad empecé a caminar en dirección al centro.

Llevaba un buen rato caminando, habiéndome parado sólo a reponer mis víveres y a desayunar unos bollos que aun no se habían puesto malos, cuando de pronto escuché algo que se acercaba por una calle lateral. Me quedé quieto y apunté hacia la esquina con la escopeta. Esperé. Una sombra se perfiló en la esquina. Noté como todo mi cuerpo se tensaba y como se me aceleraba la respiración. La sombra se disipó y vi a un chaval de unos 16 años, que llevaba una camiseta con salpicaduras de sangre y un bate de béisbol en su mano derecha, cuyas manchas de color rojo oscuro daban muestras de que había sido utilizado. Al verme se asustó visiblemente, soltando el bate y levantando las manos. Desde luego, pensé, encontrarse en medio de aquel infierno a un tipo como yo, un arsenal andante con la ropa llena de sangre. Le dije que se tranquilizase, que no le iba a hacer nada malo, y el me dio la callada como respuesta. Lentamente, cogió algo de una riñonera que llevaba y lo sacó con cuidado. Era un cuaderno. Empezó a escribir algo y cuando acabó, me lanzó la libreta por el suelo. Sin perder en ningún momento de vista al chaval, me agaché y recogí la libreta con una mano, mientras con la otra aguantaba la escopeta apuntándole. Levanté la libreta a la altura de los ojos y empecé a leer. "Me llamó Edgar y soy mudo. Déjame seguir, por favor". Bajé la libreta y me acerqué a él. Edgar se estremeció, pero al ver que bajaba el arma y le tendía la libreta se tranquilizó. Luego le dije mi nombre y le invité a seguir conmigo. Edgar sonrió, con una sonrisa sincera y realmente alegre, y, tras recoger el bate, me siguió en mi periplo hacia el centro de la ciudad.