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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006. Resumen
Un Día Cualquiera -- Capítulo 17Le golpeé con fuerza, con un movimiento de arriba a abajo con la culata de la pistola, hundiéndole parte de la frente. El monstruo no se frenó lo más mínimo, pero había conseguido poner el brazo izquierdo a la altura de su pecho y empujé con fuerza, haciéndole retroceder un par de pasos, dándome tiempo suficiente para apuntarle a la cabeza y disparar. La bala se introdujo por un costado de la nariz y, entre las sombras, me pareció que su nuca explotaba al salir por detrás. El zombi dio un paso hacia delante y, de repente, se desplomó. Me empezó a doler la cabeza, sin duda por la adrenalina. Recogí la linterna del suelo y me fijé en resto de la sala. Aparte del muerto encerrado, no había nada más en la sala. Volví a dirigir la luz al prisionero. Posiblemente, había sido víctima del policía muerto viviente, que le habría devorado parcialmente las piernas. Era un ser patético, y decidí acabar con sus sufrimientos. Apunté el arma a su cabeza y disparé. Fue un tiro limpio y preciso, consiguiendo dejará de moverse instantáneamente. El dolor de cabeza se intensificó, y, medio mareado, decidí que ya había pasado demasiado tiempo en esa comisaría. Al salir a la calle vi que estaba anocheciendo. No quería estar de noche por las calles, así que volví a entrar en la comisaría, atranqué la puerta de entrada y exploré todas las habitaciones para evitar desagradables sorpresas mientras durmiese. El dolor de cabeza había remitido, y no había nadie ni nada más que yo en aquel lugar, así que, después de unas cuantas vueltas, me dormí sentado en la silla del comisario. Personajes del Mundo: Creador de Humo de Nivel 10/ Caradura de Nivel 20Últimamente soy testigo de un resurgir del interés por lo paranormal, que ha encontrado un nuevo gurú en Iker Jiménez y su esposa, Miss Pegg... esteee, Carmen Porter. Iker (a partir de ahora Friker) sigue la senda de otros insignes parapsicólogos y periodistas de "lo desconocido", gente como el fallecido Fernando Jiménez Del Oso, el desprestigiado J.J. Benítez u otros menos conocidos, como Miguel Blanco o Pedro Amorós.
Pero Friker se a convertido ahora en un maestro de vender humo. Sus programas, tanto de radio como de televisión, se caracterizan por su excesivo uso de cortinillas y efectos de sonido inquietantes, así como de su ritmo lento. El tipo tampoco es que lo haga más rápido, ya que su locución es lenta y repetitiva, con un uso excesivo de coletillas como "inquietante", "tenebroso" o similares. También se vende como alguien documentado, y debe serlo, sobre todo para "homenajear" (léase plagiar) a diversos autores en sus libros. Aunque no debe hacerlo muy bien, a tenor de lo que dicen los críticos, no voy a entrar en eso, ya que como no he leído nada de él no tengo ningún elemento de juicio para dictar un veredicto.
Lo que si puedo juzgar son los engaños que orquesta este hombre, del tamaño de las niñas supergigantes del camposanto, los siluros comepersonas del Ebro o la endemoniada a la que la cabeza le daba vueltas de 360 grados (y luego se extraña porque muriese), por poner algunos de los más recientes. No voy a explicarlos tampoco, hay varias páginas que lo explican mejor que yo. A lo que quiero yo llegar es que es increíble como este hombre y su equipo son capaces de salir indemnes de todas estas burradas que dicen y que cada vez tengan más adeptos a su alrededor, como si fuese una secta. Por suerte, de vez en cuando estos tipos la pifian de una manera catastrófica y muchos de los que los defendían abren los ojos de repente. Sólo es cuestión de tiempo. Y si no, que se lo pregunten a Benítez y su Planeta Encantado (¿o era imaginario?). Inquietantes saludos. Un Día Cualquiera -- Capítulo 18Desperté pronto, al amanecer. Me desperecé y, tras comprobar mi equipo, salí de la sala y de la comisaría. Seguía nublado, y caía una llovizna que apenas mojaba. No había muertos en la calle, así que con tranquilidad empecé a caminar en dirección al centro. Llevaba un buen rato caminando, habiéndome parado sólo a reponer mis víveres y a desayunar unos bollos que aun no se habían puesto malos, cuando de pronto escuché algo que se acercaba por una calle lateral. Me quedé quieto y apunté hacia la esquina con la escopeta. Esperé. Una sombra se perfiló en la esquina. Noté como todo mi cuerpo se tensaba y como se me aceleraba la respiración. La sombra se disipó y vi a un chaval de unos 16 años, que llevaba una camiseta con salpicaduras de sangre y un bate de béisbol en su mano derecha, cuyas manchas de color rojo oscuro daban muestras de que había sido utilizado. Al verme se asustó visiblemente, soltando el bate y levantando las manos. Desde luego, pensé, encontrarse en medio de aquel infierno a un tipo como yo, un arsenal andante con la ropa llena de sangre. Le dije que se tranquilizase, que no le iba a hacer nada malo, y el me dio la callada como respuesta. Lentamente, cogió algo de una riñonera que llevaba y lo sacó con cuidado. Era un cuaderno. Empezó a escribir algo y cuando acabó, me lanzó la libreta por el suelo. Sin perder en ningún momento de vista al chaval, me agaché y recogí la libreta con una mano, mientras con la otra aguantaba la escopeta apuntándole. Levanté la libreta a la altura de los ojos y empecé a leer. "Me llamó Edgar y soy mudo. Déjame seguir, por favor". Bajé la libreta y me acerqué a él. Edgar se estremeció, pero al ver que bajaba el arma y le tendía la libreta se tranquilizó. Luego le dije mi nombre y le invité a seguir conmigo. Edgar sonrió, con una sonrisa sincera y realmente alegre, y, tras recoger el bate, me siguió en mi periplo hacia el centro de la ciudad. Un Día Cualquiera -- Capítulo 19Avanzábamos sin pausa a buen ritmo. Yo abría la marcha con la escopeta en los brazos, con Edgar detrás mirando hacia los lados y hacia atrás nerviosamente. Íbamos por el centro de las calles, blancos perfectos para francotiradores pero menos perfectos para muertos agazapados en portales. Ya no lloviznaba, pero las nubes seguían siendo tan densas como recordaba. Edgar de repente me cogío del brazo y señaló hacia un lado de la calle. Allí había un par de muertos andantes caminando en la misma dirección que íbamos nosotros. Me giré y le dije que se tranquilizase, y señalé hacia una calle lateral. Rodearíamos a los muertos. No tenía ganas de ningún enfrentamiento, y unos disparos en una ciudad tan silenciosa se oirían a bastante distancia. Nos encaminamos sigilosamente por la calle lateral, vigilando de reojo que los muertos no nos oyesen o viesen. Cuando los perdí de vista parecía que no nos hubiesen detectado, así que suspiré aliviado y tras decir a mi compañero que había pasado el peligro, seguimos avanzando, está vez callejeando por calles más estrechas. Cada poco tiempo revisaba el mapa. Realmente era una vuelta más grande de lo que esperaba, pero bueno, media hora más de viaje me parecía un precio aceptable por evitar una confrontación. Cuando tuvimos hambre paramos un momento delante de una tienda de comestibles china y, tras comprobar que no había peligro, entramos a comer y beber algo. Llevaba provisiones, pero prefería guardarlas para cuando las necesitásemos. Mientras comíamos le di a Edgar una de las pistolas y un par de cargadores, así como unas nociones básicas basadas en mi corta experiencia con las armas de fuego. A él se le iluminaron los ojos cuando se vio armado, seguramente al sentirse más seguro. Estuvimos hablando un poco, mejor dicho, yo hablé y el escribió, enterándome así que era ecuatoriano y que había tenido una experiencia parecida a la mía, pero al revés que yo el se había escondido en un supermercado, y allí seguiría si no fuese porque un día le encontraron unos muertos y, aunque al principio no pudieron entrar, al final se reunieron muchos y consiguieron echar la puerta abajo. Edgar consiguió huir subiendo al tejado y saltando a un edificio contiguo, armado con un bate de béisbol. Eso había sido hacia tres días, y desde entonces se había enfrentado a un par de muertos, el último de los cuales había sido poco antes de haberme encontrado. Cuando acabé de leer su historia le dije que debíamos irnos ya, así que nos levantamos, cogí unos paquetes de chicles y seguimos nuestro camino. Juguetes apestosos y otras cosasHola, holitas. Iba a hablar acerca de una anécdota que me ocurrió ayer. La cosa fue que iba con mi media naranja a una conocida tienda de juguetes buscando una masilla para modelar cuando, a la salida de ella, en el mostrador había un tubo con juguetes sorpresa por un euro. El caso es que pillamos dos, uno de envoltorio rosa para chicas y otro azul para chicos. El rosa tenía en su interior un peluche de un tomate asexual(no se sabía si era carne o pescado) y en el azul había ...¡un pestuncio !. ¿Que qué es un pestoncio? Los pestuncios son unos muñequitos que vienen dentro de un huevo de plástico al estilo de los kinders, y a su vez van dentro de unos sobres herméticos, que llevan una carta con las características del bicho, debe ser para jugar a una especie de Magic. El pestuncio en cuestión es un muñeco de aspecto repugnante que tiene la magnífica cualidad de soltar un olor fétido cuando se aprieta. ¿Cuando se aprieta sólo? Pues no, sin ser apretado apesta, de hecho apesta tanto que el olor atraviesa el huevo. El olor en si se pega a todo lo que está cercano al bicho, y no sólo eso, sino que también el liquidillo que suelta hizo que me empezase a picar la piel. Cuando sentí ese picor me dije, "¿Quién coño compra esto a un niño? ¿Herodes?". Y es que, viendo algunos juguetes, uno se pregunta quien le comprará a su hijo un muñeco que se caga o vomita, o esos que les aprietas la cabeza para que se desparramen los sesos por las orejas y la nariz. Luego nos extrañamos que los niños y adolescentes de hoy en día sean violentos y estén agilipollados (más de lo que estabamos nosotros a esas edades, que ya es decir). Enfins pilarins, al final supongo que será otro producto más para frikis del coleccionismo y descerebrados bakalas.
PD: La foto no tiene nada que ver pero me ha molado Un Día Cualquiera -- Capítulo 20Habríamos pasado unos 20 minutos comiendo, así que, sino teníamos ningún contratiempo, llegaríamos antes de que anocheciese al centro. ¿Y luego qué? Esa pregunta asalto mi mente. La respuesta era que no tenía respuesta. Ya no sabía porque iba hacia el centro. Sólo sabía que el impulso inicial lo seguía teniendo. Edgar agarró mi camiseta, haciéndome girar. Le miré a los ojos y vi que no me miraba. Seguí su mirada hacia el lado izquierdo de la calle y vi la entrada de un garaje. En ella había cinco muertos, dirigiéndose hacia nosotros. Estaban a unos seis metros y no se movían a mucha velocidad; caminando rápido los podíamos dejar atrás sin demasiada dificultad. De repente algo paso por mi derecha. Era Edgar, que había empezado a correr, presa del pánico. Empecé a correr tras él, gritándole que se tranquilizase. Súbitamente, vi un cuerpo volar delante de mí. Edgar está volando, su cuerpo desmadejado por un impacto tremendo. Sigo su trayectoria hasta verle caer a los pies de los muertos vivientes. Joder. Le están rodeando. Con el rabillo del ojo veo un movimiento en mi derecha. Algo, lo que ha enviado a Edgar a los muertos, acecha en el portal. Vuelvo a centrar mi atención en Edgar. El golpe le ha dejado semiinconsciente. Los muertos se empiezan a agachar para darse un festín. Noto el peso de la escopeta en las manos y un martilleo mi cabeza. ¡BANG! Los cañones humean delante de mi. Más allá un zombi decapitado cae al suelo. Me acercó hacia el resto y cae otro muerto viviente, con el cráneo explotando como una sandía madura al caer al suelo. Quedan tres. Estoy al lado de uno de los zombis, le golpeo con mi cuerpo aprovechando el impulso para apartarle y disparo a bocajarro a otro. A pesar de la distancia falló el disparo y le vuelo su brazo derecho. El martilleo de la cabeza se intensifica y empieza a ser doloroso. Un segundo de distracción es suficiente para que el tercer zombi muerda el brazo derecho de Edgar. No me atrevo a dispararle, así que suelto la escopeta mientras mi mano izquierda desenfunda el wakizashi. Siento el pútrido aliento del muerto que he apartado detrás de mí así que me giro hacia la derecha mientras levanto mi pierna buscando su cabeza. Me sorprendo al encontrarla y acabo el movimiento circular lanzando mi mano izquierda con la espada empuñada a través del cuello del no muerto. Oigo como cae su cabeza al suelo, pero ya estoy centrado en el muerto que mordisquea el brazo de Edgar. Con un movimiento desde arriba atravieso limpiamente se cráneo y dejo el arma trabada. Queda el último, que me golpea con el brazo sano. Apenas noto el golpe mientras flexiono las piernas y me agacho ligeramente, para acto seguido lanzar mi cuerpo como un resorte hacia delante, golpeándole en el pecho y haciéndole caer desplazado hacia atrás. Saco la katana y ¡TUMB!... Últimas noticias cinéfilas |
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