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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006. Resumen
Disculpas por el parónBuenas, ¿hay alguien ahí? Espero que sí. Hace un mes que no escribo nada, básicamente porque se me han mezclado vacaciones con líos varios. Para evitar estos bajones en la web he puesto la opción de publicar artículo de forma pública, para que puedan colaborar algunos de los lectores habituales de este blog que me lo han pedido y cualquiera que me lo pida. Para aquellos que me lo pidieron, mis disculpas por no poner la posibilidad de publicar hasta hace unos pocos días, pero la verdad es que se me olvidó (ups). Y para aquellos que siguen el serial, también disculpas.
Actualmente estoy con el proyecto de migrar todo a una página totalmente desarrollada por mi (tengo media maqueta hecha ya), que no parezca tanto una página personal, como era la idea que tenía yo en un principio, cambiando quizás también el nombre de la página hacia algo más plural y menos personal(¿me repito con lo de personal?). Bueno, sea como sea, el próximo lunes prometo que volverán las andanzas de nuestro protagonista del serial y me ha dicho un pajarito que podremos encontrar la primera colaboración de un lector en breve. Permanezcan atentos a sus pantallas. PD: Todo aquel que quiera colaborar (en ésta o en la futura web) que me envíe un email a zordak@ozu.es Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 6Seguí observando el campamento durante una hora. Era agradable ver actividad humana, después de tanto tiempo sin ver a gente viva. Un movimiento rápido, una sombra en los árboles, distrajo mi atención del campamento. Bajé el catalejo e intenté avistar al oso o el animal que fuese que había captado de soslayo. Mmm… ahí había algo. Apunté el catalejo hacia la sombra.
Lo primero que vi fue la tosca cabeza del Salvaje. Tenía el largo pelo sucio y greñudo, de un color negro. Su rostro no era visible por la posición en la que me encontraba respecto a él, pero eso era algo que agradecí. Me lo imaginaba jadeando, con los ojos inyectados en sangre, con esa mueca horriblemente desencajada que mostraba todo miembro de esa maldita especie… aunque no era correcto decir que era otra especie. Sin duda, antes habían sido humanos normales, pero algo, posiblemente lo mismo que hizo que los muertos se levantasen, les afectó la mente, convirtiéndoles en seres sin cerebro con el único propósito de matar y comerse a todo ser vivo que se cruzará en su camino.
Recordaba la primera vez que los vi, al poco de instalarme en la cueva. Fue en uno de mis primeros paseos matutinos, justo cuando descubrí el avión. Al principio no los descubrí, escondidos como estaban, sin duda alertados de mi poco cuidadoso paso. Mientras examinaba los restos y me encontraba con los cadáveres parcialmente devorados, me asaltaron por detrás. Por suerte, sólo son sigilosos hasta que van a atacar, momento que suelen anunciar con un grito. Gracias a eso, el primero sólo golpeo mi hombro en lugar de hundirme la cabeza con el garrote. Detrás, un segundo y un tercero se abalanzaban con las manos desnudas, tan cegados por las ganas de matar que tropezaron entre ellos. Como hoy, mi única arma era un cuchillo que no me daba tiempo a sacar, así que aprovechando mí adquirida inmunidad al dolor me aparte de un brinco a la derecha mientras el salvaje volvía a descargar, en un torpe movimiento, el garrote donde debía tener la cabeza. Salté hacia delante y… Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 7Fui interceptado por el garrotazo de un cuarto que no había visto y que se estrelló contra mi pecho, haciéndome retroceder un par de pasos. El primer atacante se había repuesto del fallo y lanzó un tercer garrotazo hacia mi, esta vez en trayectoria circular desde la derecha. Intercepté su brazo y lancé mi cuerpo hacia atrás, haciéndole perder el equilibrio y poniéndole en la trayectoria del segundo garrotazo del cuarto salvaje. Éste se estrelló en la espalda con mucha fuerza e hizo que mientras uno se estrellaba contra el suelo, el otro mirase perplejo como había fallado. Aproveché la situación y, tras recuperar el equilibrio, lancé un puñetazo a la cara lateralmente, que impacto contra su nariz, crujiendo al romperse. Un tercer atacante (uno de los que iban con las manos desnudas) se me abalanzó por el lateral, pero no llegó a tocarme, ya que una patada dirigida al plexo solar le hizo volar, cayendo sin aire. El cuarto, también en plenas facultades, vio mi maniobra y se lo pensó mejor, empezando una maniobra que tenía como finalidad ponerse detrás de mí. Volví a golpear al de la nariz rota con una patada no demasiado refinada dirigida a su cabeza y me di la vuelta hacia mi cuarto atacante, mirándole a los ojos mientras pateaba con saña a mi primer atacante, aun en el suelo aturdido por el golpe en la espalda.
Entonces pasó, una piedra golpeó mi cabeza y me hizo trastabillar. El cuarto atacante se lanzó encima de mí arrastrándome al suelo con el peso de su cuerpo. Un pie, salido de algún lado, se estrelló contra mi boca, haciéndome estallar el labio. A pesar de no sentir dolor, lo siguiente que recuerdo fue una lluvia de golpe y garrotazos, salidos de todos lados, que acabaron por dejarme fuera de combate. En el momento que perdía el sentido, lo único que sentía era paz… Invierno en el jardín de La Parca - Capítulo 8Desperté en un campamento de salvajes, en medio de la montaña. Estaba dentro de un tosco agujero, con tres de personas más. En ese momento aún no sabía que se llamaban Don, Ana y Fran. Ahora sólo veía a dos jóvenes de unos 25 años y a un hombre de unos 40, bastante sucios y con la desesperación marcada en sus facciones. En el agujero también había unos huesos humanos y de otras bestias que habían tenido la desgracia de cruzarse con los salvajes. Sin mediar palabra, me dirigí al amasijo de huesos y cogí un fémur en bastantes buenas condiciones, totalmente desprovisto de cualquier resto de carne. Ya tenía un arma, tosca sin duda, pero un arma al fin y al cabo.
El sonido de unos pasos chapoteando en el agua y la mierda que tenía como suelo aquel hoyo hizo que me girará, viendo a la mujer acercarse vacilante. Paró cuando vio el hueso en mi mano, aunque siguió mirándome intrigada. Antes de que abriese la boca le pregunté que quien era y que hacia aquí. Ella me contestó en mi idioma, aunque con un fuerte acento extranjero, que se llamaba Ana y que había sido capturada, junto a sus compañeros, por los Salvajes. Al parecer, la comida escaseaba cerca del campamento donde vivía con otros supervivientes y tuvieron que internarse en el territorio de unos seres que llamaban los Salvajes, y los que veía ahora eran los últimos supervivientes de la expedición, y que quedaba poco tiempo antes de que sacasen a otro de la jaula para devorarlo. Luego empezó a preguntar por mi historia, pero di evasivas, concentrado en descubrir una forma de escapar de allí.
Era un hoyo de unos cinco metros de profundidad y bastante escarpado, pero no para no poder escalarlo con las manos desnudas, aunque en el proceso era bastante fácil perder alguna uña o caerse, como había pasado ya a Don, como me señaló el mismo cuando pregunté si alguien había intentado escalar por la pared, torciéndose el pie al caer. Sin duda un contratiempo para sacarle de allí, pero no me importaba sacarle, sólo quería salir yo. Después de pensar un breve espacio de tiempo, se me ocurrió usar los huesos más afilados y resistentes para escalar la pared. Cogí unos cuantos y empecé a clavarlos en las grietas y en los puntos más blandos de la pared. A pesar de que muchas veces se resbalan y amenazaban con romperse, escalar la pared fue menos costoso de lo que en principio había parecido. Sólo un esfuerzo más y…. Navidad en la güebona peich“Dos mil tropecientos no se cuantos, mil eurooos” Así empieza el día de hoy, un día de ilusión, más que por la lotería, porque empiezan las vacaciones, y con ellas las reuniones familiares, los empachos, los buenos sentimientos y todas esas tonterías que una vez al año, dicen, no hace daño. También llega el momento de hacer recuento de lo hecho durante el año, para intentar mejorar o cambiar las cosas.
Así, la gente decide apuntarse al gimnasio, dejar de fumar o ser más generoso, quedándose casi siempre todo en agua de borrajas. Al final, vamos al gimnasio un mes y luego dejamos de ir porque nos cansamos. Claro, como la función de ir a un gimnasio es llegar a casa descansado, ¿verdad? En lo que se refiere al blog, no prometo nada, así no me pillo los dedos :D. Eso sí, he adquirido un compromiso cuando he visto las estadísticas del blog, y es que este 2006 se han cuadriplicado las visitas :D. Enfins, a todos los que leen esto y a todos los que aun no lo leen y posiblemente no lo lean jamás, ¡Felices Fiestas y hasta el año que viene! Últimas noticias cinéfilas |
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