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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006. Resumen
Un Día Cualquiera -- Capítulo 7Cuando me recuperé de la impresión examiné el cuerpo y cogí la porra que llevaba. No creía que fuese a ser muy útil, pero era reconfortante tener un arma en las manos. Una idea me vino a la mente. Necesitaba armas. Armas de fuego o cortantes. Con ese pensamiento salí de la tienda. Sólo encontré una tienda que pudiese tener algo que me fuese útil. Era una tienda donde vendían diversos objetos, entre ellos armas de fogueo y espadas. Por suerte, no tenía persiana metálica, aunque la puerta estaba cerrada, así que busqué algún objeto pesado para romper la puerta de cristal. Otra vez encontré como aliado a un extintor y, utilizando todas mis fuerzas, lo lancé contra la puerta. Esperaba que rebotase, pero en lugar de eso la puerta se rompió en pedacitos que se desmoronaron como granizo. ¡TRIIIIIIIIIIIIIING! ¡La alarma! No había caído en ese detalle. Un pensamiento me vino a la cabeza: ¿Los muertos escuchan? Azuzado por esta idea, me introduje con velocidad en la tienda. Empecé a buscar rápidamente con la vista objetos que me sirviesen, posándose mis ojos en las espadas. Sabía que la mayoría servían más como garrotes que como espadas, pero quizás las katanas que se exhibían pudiesen serme de más utilidad. Cogí el daisho que me parecía más aceptable (el wakizashi hasta parecía afilado) y me puse a buscar entre las armas de aire comprimido. Evidentemente no eran armas de verdad, pero al menos podrían servirme para aturdir o para dar el pego. Fui fijándome en las que parecían tener mayor potencia y al final cogí un subfusil y una escopeta, y, después de coger unos prismáticos y un machete que me até en la pantorrilla, salí de la tienda. Una vez fuera me dirijí hacia la puerta de salida del centro comercial, pero antes vi que me esperaba una desagradable sorpresa... Un Día Cualquiera -- Capítulo 8Delante de mí había otro ser muerto, otro zombi. Era un hombre vestido con mono y chaleco reflectante, sin duda un trabajador de unas obras cercanas. Su cara sin vida estaba deformada en una horrible mueca, y unos pegotes de sangre seca en su cabeza revelaban una fea herida que quizás le hubiesen causado la muerte... en caso de estar vivo.
El ser me miró con sus ojos blancuzcos y, después de soltar un gemido, se abalanzó hacia mí. Abalanzar no es la palabra adecuada, ya que su movilidad era bastante limitada y una persona andando a un ritmo normal se movería más rápido. A pesar de eso, no me confié y desenfundé la katana. Era un buen momento para probar el filo y lancé un fuerte golpe al cuello cuando estuvo a mi alcancé, decapitándole de un sólo tajo.
El muerto dejo de moverse y cayó al suelo pesadamente con un ruido seco. Mmm... por mucho que salga en las películas, es muy difícil decapitar a una persona de un sólo golpe. Sin duda, los muertos, por alguna extraña razón, eran más blandos, más frágiles. ¿Un efecto secundario de la zombificación? No lo sabía, y tampoco iba a perder más tiempo, así que salí del centro comercial pensando hacía donde podría ir.
Por una parte podría ir hacia las afueras, buscar una montaña y esperar, intentando vivir de la caza. No, no lo haría. Al menos, no ahora, sin saber si había más gente como yo, más supervivientes. Con esta idea en la cabeza, cogí el plano y me dirigí hacia el centro de la ciudad... Un Día Cualquiera -- Capítulo 9Caminaba por calles muertas. Avenidas, otrora populosas, ahora estaban vacías de gente, con coches vacíos parados en medio de la calzada. Como en la carretera cercana a mi casa. Esta vez no intenté entrar y poner en marcha ningún coche ¿Para qué? Sabía que no iba a arrancar.
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